10-05-2026, 07:14 AM
El aire comenzaba a faltarme, cada respiración escapaba de mis labios de forma irregular, tibia, quebrándose contra el silencio sofocante del laberinto mientras mi corazón golpeaba con fuerza dentro de mi pecho, tan insistente que casi parecía marcar el ritmo de mis pasos. Había dejado de contar cuántas veces terminé frente a un muro sin salida desde que entré ahí. Derecha, izquierda, regresar, volver a intentar… todo empezaba a sentirse como un juego en círculo, y eso era lo peor. Los senderos parecían ser repetitivos como si el laberinto jugara conmigo
Y cuando volvió el silencio, ya no se sintió vacío, sentí felicidad. Mis labios comenzaron a tararear en voz alta y de forma suave una melodía dulce y tranquila, era mi manera de ayudarle para que me encontrase aún más rápido.
Lo intente muchas veces, incluso dejó de importarme las personas que me seguían, estaba segura que ya no iban detrás de mí, o terminaron tan perdidas como yo.
Corrí durante mucho tiempo, o al menos eso sentía, mis piernas comenzaban a resentir el cansancio y el estuche del violín descansando sobre mi espalda se había vuelto más pesado con cada minuto transcurrido. Incluso el ala de mi sombrero me resultaba incómoda ahora, atrapando el calor sobre mi cabeza mientras el aire húmedo se pegaba lentamente a mi piel. Cuando encontré otro muro de arbustos frente a mí me detuve por completo, el verde denso de las hojas ocupó toda mi visión.
Mis hombros subieron y bajaron lentamente mientras intentaba recuperar el aliento, y por primera vez desde que entré ahí, me permití relajarme, no había peligro pisando mi cruzada. Alcé la vista hacia el cielo abierto sobre el laberinto, pude notar el azul claro que comenzaba a teñirse con tonos cálidos y melancólicos, el atardecer se acercaba, y la idea de permanecer ahí durante la noche me hizo sentir pequeña.
Mis dedos se aferraron con suavidad a las ramas del muro que estaba a mi costado derecho, al hacerlo percibí la textura fresca de las hojas contra mi piel, cerré los ojos un instante y respiré más despacio. Entonces lo entendí, no iba a salir de ahí corriendo, ni dejándome comer por la ansiedad. Respiré profundo, conté hasta diez, y al sentirme más tranquila, comencé a caminar de nuevo sin prisa, dejando que mis pasos se suavizaran sobre el sendero de tierra mientras mi mano rozaba distraídamente los arbustos a mi lado. El contacto de las hojas húmedas era extrañamente relajante, frío, delicado y poco a poco el laberinto dejó de sentirse hostil.
Empecé incluso a notar cosas que antes ignoraba como las pequeñas flores escondidas entre los muros, algunas en tonos terracota, otras tan vivas que parecían pequeñas llamas entre el verde profundo de los muros. El aroma fresco de la madera húmeda y las hojas mojadas llenando el ambiente de una temperatura fresca, tan parecido al bosque después de la lluvia, incluso la brisa se sentía más limpia ahí dentro. Era extraño, seguía perdida pero ya nada me parecía asfixiante.
Mis pasos continuaron avanzando sin dirección concreta hasta que, de pronto, algo rompió el silencio. Un llamado que llevaba mi nombre y eso hizo que detuviera mi andar. Sentí un pequeño sobresalto recorrer mi cuerpo mientras mis ojos se abrían con sorpresa y mi mano se aferraba involuntariamente a las hojas que mi palma antes acariciaba.
—-- ¿Enji?. —-- musité apenas, incrédula de que en verdad se tratase de él, ¿había venido trás de mí para ayudarme?, guardé silencio enseguida, intentando escuchar otra vez, y entonces lo hizo, solo que lo siguiente que dijo me tomó tan desprevenida que una risa pequeña escapó de mis labios sin permiso. Incluso mencionó a Juan, y de inmediato el recuerdo de aquella tortuga parlante apareció en mi mente, arrancándome una sonrisa dulce tras el recuerdo de esa tarde. Claro, tiene sentido que se conozcan, ambos son Marine.
—--- ¡Yo también estoy atrapada aquí! ¡No podría hacerlo!—-No parecía estar demasiado lejos, aunque tampoco lo suficientemente cerca, así que no sabía si debía quedarme aquí o intentar encontrarlo. Tras aquella conversación tan inusual, lo vi elevarse por encima de los muros y, tal como imaginaba, estaba en un punto intermedio. Había saltado lo bastante alto como para que pudiera distinguirlo a unos diez metros de distancia, de no ser por los espesos arbustos cuál murallas interponiéndose entre los dos, algunos ochos muros separándonos. Mi ubicación era central dentro de ese laberinto de jardín.
El viento movió ligeramente mi cabello naranja como una bandera ondeando mientras lo observaba desde abajo, y tan pronto como lo divisé en lo alto, sonreí con una mano alzada en un gesto sencillo de saludo, justo antes de que volviera a desaparecer entre los muros por el descenso de la gravedad.
Y cuando volvió el silencio, ya no se sintió vacío, sentí felicidad. Mis labios comenzaron a tararear en voz alta y de forma suave una melodía dulce y tranquila, era mi manera de ayudarle para que me encontrase aún más rápido.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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