Man in the box | Privado [Pasado]
#1
Día 52, Otoño. Año 17.

Hora 23:15. 12 °C

Muchas cosas comenzaban a interponerse en su mentalidad, antaño calma y presumida, con la certeza de que no iba a ser vencido por ningún oponente al imponerse con sus poderes. Antes de esa faceta, el dominio diestro de la espada lo volvía una auténtica amenaza contra casi cualquier tipo de rival que hasta ese entonces se había topado, manteniendo una relajación prácticamente absoluta, sin embargo, desde que consumió esa extraña fruta y el elemento de la luz se apoderó de su cuerpo, sufrió dos derrotas que no olvidaría nunca.

La primera, de un aliado al que pasó a respetar. Observaba su rostro en el periódico que tenía entre sus manos, recibiendo la noticia de que es un tenryuubito y además, fue ascendido a Capitán, Enji Saint Vangelis. También poseía un poder venidero de las akumas, algo que le interesaba estudiar a fondo y que lo tomó por sorpresa, considerando que desde entonces las habilidades en torno al potencial lumínico fueron mejoradas por su parte, esperando pedirle una revancha de aquel entrenamiento.

Y la segunda, en medio de la red de esclavistas, que los engañaron gracias a la pantalla del New Era Joy Park. Curok Odail, teniente de la marina, y un infeliz wotan de diez metros que le dio una de las mayores palizas que había recibido en su vida aún y si durante la gran mayoría del combate pudo hacerle frente, cayendo inconsciente y siendo rescatado por su amigo, Kael. Muchas cosas pudieron haber salido mal, y prácticamente fue un milagro que tras semejante caos todos los miembros de su división y de la ochenta hayan sobrevivido, libres, algo que agradecía internamente.

Desde entonces fueron movidos por los marines a la isla que pisaba, Matsuri, y separados de la División Ochenta bajo la típica excusa de las responsabilidades. Imaginaba que en realidad y al menos durante un tiempo, no querían concentrar todo el potencial de ambas divisiones en un sólo sector, aunque ya se había establecido la idea de ejercer la justicia en conjunto. Mientras junto a la Setentaicinco esperaban y se preparaban para avanzar, proyectando la compra de algún barco nuevo antes de seguir, evitando correr prisas.

El problema, es que a pesar de todo ese ego suyo prevalecía, sumado a una gran frustración por no haber conseguido dar un mejor rendimiento, culpa de errores vitales que sólo le correspondían a él, y desde entonces desarrolló una obsesión absoluta por entrenar y entrenar, mejorando sus habilidades con la fruta del diablo que consumió, apuntando a elementos difíciles con tal de entender el funcionamiento de esa luz, los límites y los alcances máximos.

Tras un breve descanso, donde leía la actualización de los wanteds, al pirata que no dejaría de perseguir, Dharma, ascendiendo a los ciento treinta millones, y el valor de gente como Barald o Tezca, decidió seguir, dejando el periódico junto a sus cosas y reposicionándose en el campo abierto en las afueras del reino. Había dejado en claro su posición a Kuroshiro, que de alguna forma siempre rondaba en las cercanías y se preocupaba por todos con la misma intensidad, y pasó horas probando superar los límites establecidos hasta que eventualmente cayó la noche sobre la isla.

A Hasegawa no le importó, y convertido de manera completa en luz, empezó a entrenar lo que pretendía, sería una nueva técnica con la cual buscaría superar sus límites actuales, volviéndose más rápido, alcanzando distancias superiores a las actuales y capacitándolo para ejercer un daño todavía mayor al de antes. Eso lo conseguiría expandiendo su habilidad en una aura exterior que se mantendría concentrada sobre su cuerpo, visible en la zona gracias a la fuerte intensidad dorada de la luz, generando sonidos acordes y casi que estruendosos capaces de alertar a personas en los alrededores, aunque hasta donde sabía, estaba completamente solo.

Con ese combo de circunstancias, el albino apuntó hacia el cielo y buscando comprobar cuán lejos podía viajar uno de sus ataques desplegó esa brutal cantidad de energía hacia arriba, levantando una fuerte densidad de luz en forma de esfera que medía dos metros, expandiéndose en un radio de cinco cuando alcanzó una altura nada envidiable de quince metros. La noche durante la explosión pareció convertirse en día, y tras semejante exhibición cayó agotado en el suelo. No le importó llenar de tierra su pantalón holgado blanco, y mucho menos la camiseta negra ajustada, cuya tela se asemejaba a lo térmico y no le daba frío en noches gélidas como aquella.

—Esto no es suficiente... —refunfuñó, con una sonrisa que rozaba el orgullo y bastante ego, aunque manteniendo una diferencia vital en su porte: Insatisfacción. Hasegawa dejó el conformismo y lo reemplazó con una disciplina absoluta, donde se comprometía a alcanzar su mejor versión, a un nivel en donde nadie más pudiese cuestionar su poder, o abriese la posibilidad de darle pelea cualquier enemigo.

Seguía siendo él, pero mejor. Mucho más responsable que antes de perderlo todo.

Mucho más fino en el combate que nunca.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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Man in the box | Privado [Pasado] - por Hasegawa Shin - 04-05-2026, 07:50 AM

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