30-04-2026, 07:59 PM
La zona de las dunas era la más habitada de la isla, y es justamente allí donde Kael encontró una casa con muchas habitaciones que solía ponerse en alquiler y que teníamos la suerte de que se encontraba completamente libre en ese momento.
―Choi, Dimitri ―los llamé sin mirarlos, atenta a mi tarea―, ¿os importaría mucho poner en remojo los garbanzos de esa bolsa, por favor? ―solicité señalándola un momento―. Así podré utilizarlos para la comida de mañana.
Mientras él negociaba, yo me había asegurado de pasarme por las tiendas locales y adquirir ingredientes de la zona. Ya habíamos comido fuera, pero quería estar segura de que teníamos comida donde fuera que fuésemos, sobre todo porque imaginaba que Shin estaría muerto de hambre cuando despertara. La verdad era que, a pesar de las palabras de Kael, no podía evitar estar preocupada por él. Supongo que por esa razón estuve menos habladora que de costumbre…
De lo contrario, me habría puesto a hacer berrinche nada más entrar a la vivienda, no ya por el barco, que sabía que nos dolía a todos, sino por toda mi maravillosa ropa que había quedado bajo el mar. En su lugar, simplemente dejé las compras en la cocina y escuché las palabras del moreno, quien nos estaba mandando descansar. Fruncí levente el ceño hasta que al final nos mostró el poder de su fruta y, con él, a Shin. Verlo me dejó bastante más tranquila, aunque no lo estaría realmente hasta que abriera los ojos.
Pero, por supuesto, si esperaba que fuera a descansar sin saber cuándo despertaría, es que aún no me conocía lo suficiente.
Sin decir nada, caminé hacia la habitación que, desde fuera, me parecía que tendría las vistas más bonitas, y dejé allí la única mochila que había podido llevarme conmigo. Imaginaba que, antes de que se fueran inundando, todos habrían sacado de sus respectivas habitaciones lo más valioso que tenían, como también había hecho yo. En mi mochila llevaba joyas, el cuaderno que me regaló Ritsu, un antiguo cartel de “Se busca” de Uker y alguna ropa cara. Sin embargo, también me había colado en la habitación de Shin en busca de alguna ropa, y tal y como sospechaba que podría ocurrir, encontré entre sus uniformes los conjuntos de prendas que compramos en Baterilla y los metí en mi mochila. Seguramente estarían bastante arrugados, al igual que mi propia ropa, pero por lo menos lo había podido salvar…
Ignoraba si tenía algunas otras cosas valiosas. Había cogido también de su cuarto cosas que me parecía que pudieran importarle y que no ocuparan demasiado espacio, aunque tendría que ser él quien me confirmara si eran objetos valiosos para él o no. Con suerte, quizás Kael hubiera recuperado por él algo que supiera seguro que podría importarle.
Una vez dejé la mochila sobre la cama, volví al salón. Bueno… salón, comedor y cocina. Era una vivienda humilde, seguramente de adobe, y esa gran sala era el centro común de toda la casa. Cuando volví, Dimitri y Choi estaban allí.
―Voy a hacer algo de cenar ―anuncié al tiempo que caminaba hasta donde había dejado las compras.
Era bastante tarde, así que no me iba a dar tiempo a preparar grandes guisos o carne asada. Viendo los ingredientes y que éramos cinco personas a las que alimentar, la proteína más rápida de cocinar tendría que ser huevo, y como obviamente las legumbres no se habían puesto en remojo, no podrían utilizarse esta vez. No conocía muchas recetas con lo demás, así que iba a tocarme improvisar.
Me lavé las manos y lavé rápidamente todas las verduras que iba a utilizar antes de colocarlas sobre la tabla de madera. Encendí con unas cerillas el fuego y dejé sobre este una sartén a la que le eché un buen chorro de aceite.
Mientras se calentaba, comencé a cortar las verduras con la agilidad que dan los años de experiencia.
―Choi, Dimitri ―los llamé sin mirarlos, atenta a mi tarea―, ¿os importaría mucho poner en remojo los garbanzos de esa bolsa, por favor? ―solicité señalándola un momento―. Así podré utilizarlos para la comida de mañana.
