29-04-2026, 09:27 PM
(Última modificación: 29-04-2026, 09:52 PM por Kael Omuyaga.)
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Incesantes e inclementes olas en un clima agresivo, una tormenta que los lleva por el camino más derrotista, camino al fin de sus respectivos viajes para lograr cumplir todos y cada uno de sus sueños. Todos poseen una voluntad distinta, un destino que buscan alcanzar juntos o en su propio camino, y el mundo los pone a prueba para saber que lograr sus hazañas, todas y cada una ambiciosas en su haber, se encontrarán con muros más grandes que no podrán superar...no con sus capacidades actuales.
Por suerte para los marines, han sido capaces de sobrevivir esta vez, pero...
¿Qué será de ellos la próxima? ¿Tendrán esa misma suerte?
Respira con profundidad, cargando con su amigo en el interior de su pecho, permitiéndole ignorar todo lo que aquí ha ocurrido. Si de algo puede estar orgulloso, es de haberle permitido no vivir esa monstruosa situación en la que, de todas formas, muy seguramente no habría sido consciente de lo que debería hacer, como tan poco el propio azabache supo bien más que seguir indicaciones.
El corazón se le remueve ligeramente al poner los pies en tierra, observando como el navío que apenas unos días de vida ha llegado a poseer, se hunde en las profundidades del puerto de Sabakun. Milagroso es el hecho de poder seguir adelante sin lamentar pérdidas humanas, pero el cofre que cargaban y todas las posesiones en su interior, desaparecidas para siempre en el proceso...supongo que es algo que deberán reponer con arduo trabajo.
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Administrar la situación en tu intervalo tan corto es una tarea más que se suma a las que ya de por sí carga con todas sus emociones, algo que debería ser sencillo en comparación a todo lo ya vivido en sus carnes, más no puede sino adherirse a sus nervios que, como siempre, acalla en su mente para mostrar la fortaleza que debe ser para los suyos.
—Os he conseguido una habitación a cada uno. Dormid cuanto podáis; tendremos que organizarnos a partir de por la mañana. Hasta entonces...bueno, os merecéis un más que reparador descanso. Buen trabajo a todos.—Comenzó a caminar en dirección hacia su habitación, notando en el aire la preocupación de sus compañeros por el quinto miembro al que todavía no han llegado a ver en todo el viaje.—No os preocupéis por Shin. Está a salvo. Yo...me quedaré con él.
Se habían ganado conocer la verdad, ver por qué verdaderamente deben evitar sentir ningún tipo de preocupación, y por eso lo hizo. Abrió una pequeña ventana hacia la sala donde allí estaban ambos: el pequeño marine albino de luz durmiendo plácidamente, y una versión de sí mismo, acompañándolo en un asiento a su lado, vigilándolo con paciencia hasta poder verle despertar. Tan pronto como todos pudieron comprobarlo la hizo desaparecer, ahora sí, ofreciéndose a sí mismo la capacidad de descansar, de equilibrar sus emociones, y de esclarecer la marea de pensamientos que ahorcan su mente con intención de asfixiarlo.
Debe ser fuerte, y por eso, continua caminando sin mostrar ni el menor atisbo de debilidad.
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Un sobresalto.
Esa es la primera reacción que posee al notar el despertar de su mejor amigo, clamando a gritos por alivio en forma de agua, poder empapar su garganta de líquido que lo mantiene. Tantas horas perdidas en la oscuridad del sueño lo habían terminado debilitando, dejándolo sin alimento alguno, mucho menos con la capacidad de hidratarse.
Hizo llegar hasta sus manos desde detrás de una de las puertas un poco de agua embotellada, algo que no tuvo oportunidad de ver hasta que extendido hasta él, ofreciéndolo como un oasis ante todo el desierto sensacional que lo recorre.
—No me digas que me espiabas mientras dormía, ¿no te dije ya que es raro...?—Comenzó a hablar, dejando esas como sus primeras palabras tras todo lo sucedido. Llevaba un día entero durmiendo, y como siempre, sus primeras palabras siguen siendo tan descaradamente inoportunas como de costumbre.—Olvídalo. Quizás ya estoy muerto y la vida me dio la oportunidad de despedirme de ti también.
"Así que muerto, ¿eh?" Una respuesta lógica, por raro que pueda parecer en su fachada de irresponsabilidad.
—¿Soportarás que sea mi cara la última que veas entonces?—Al principio, creyó seguir estar siguiéndole la broma, un pequeño disparate entre los que el siempre divino Hasegawa muestra sin despeinarse.—Aunque supongo que yo sí podría hacerlo si fuera la tuya.
Tampoco espera que fuera nadie más, pero eso...quizás es una historia para un momento distinto.
—Lamento lo de la discusión.[/color]—Respondió, sin poder ofrecerle una mirada a los ojos al pronunciar esas palabras. Eso, por raro, extremadamente excepcional, e incluso legendario que pueda parecer, era una disculpa sincera.
Ahí fue cuando comprendió que, en realidad, su amigo considera que la muerte finalmente lo había cazado. Las palabras que le sucedieron solo terminaron de afianzar esa idea, y entonces fue cuando por fin pudo darse cuenta de que, en el fondo, aún sigue siendo tan idiota como siempre se había creído.
"Me falta mucho por aprender todavía".
—Pero a ver, pedazo de imbécil.—Le comentó sin pelos en la lengua, dejando de lado todo el misticismo que busca hacer aparecer en ese limbo en el que cree estar.—¿De verdad te crees que vas a morir por combatir contra un simple Teniente?
Ese "simple Teniente" había dado guerra a cuatro personas en solitario, y si había caído, fue por haber combatido codo con codo contra aquellos a los que, en un futuro, no dudará en capturar.
—Me temo que no te he dejado reunirte con los demás todavía.—Caín, León, Himari...son aquellos nombres que espera no volver a escuchar de los labios de nadie, excepto de aquel que se encuentra encerrado con él en esa sala.—Vas a tener que vivir en este condenado mundo conmigo un rato más, Hasegawa. Este "paraíso" no es más que un pequeño truco de magia que he preparado para ti.
Y así, tan pronto como pronunció aquellas palabras, hizo cambiar la decoración de aquella sala, pasando la misma a los barracones de la Marina en Baterilla; un pequeño gesto de muestra como prueba de que, en su capacidad, ahí dentro él tiene el control.
—No eres el único que se ha comido una fruta del diablo, por si aún no lo sabías.
Coloca la mano sobre su frente, comprobando su temperatura durante los instantes que le permite la inestabilidad de su cuerpo hecho de luz. Parece que aún no es capaz de controlarlo, ¿o es que no le está dejando tocarle a propósito?
—No tenemos ningún médico en el grupo, pero si mi intuición no falla demasiado, quizás Nyra no se haya ido a dormir, y ahora que te ha visto, intente traerte algo caliente por si despiertes.
No la conoce lo suficiente como para estar tan seguro de ello, pero quiere darle, de forma indirecta, la tranquilidad de hacerle saber que al mismo tiempo que él, el resto de la tripulación se encuentra a salvo.
—Tienes una habitación para ti solo. Estamos en una casita rural a las afueras para no molestar. Ahora que estás despierto, seguro que tienes hambre, y yo necesitaré lavar todo esto de tu pestazo a perfume.
Intenta no mostrar preocupación. Su doble, aquella diminuta versión de sí misma se ofrece como una despreocupada versión de alguien que, de forma normal, nadie vería con tanta tranquilidad. Casi parece que se comporta como lo hace Shin de fachada.
Por fuera...finalmente está tranquilo.
Su mejor amigo ha despertado...y eso es todo lo que ahora necesitaba.
