18-11-2023, 03:29 PM
—Sí, parece que está chispeando. Ten cuidado por si hace viento y te caes del barco —Le respondió el panda al peliblanco antes de acercarse a un barril con agua y lavarse la cabeza con ganas. Con el tiempo le había pillado la medida, pero seguía tocándole los huevos que tuviera aquella actitud. Sin embargo, la relación no era peor entre ellos dos que entre Kovashi y Enma. Cada vez que se encontraban la tensión en el ambiente subía, y Panda sabía lo que se acercaba. En la próxima isla, a no ser que algo les entretuviese de nuevo, se pondrían a pelear como monos y Kovashi le daría cuatro hostias a Enma para ponerlo en su sitio. Panda planeaba darle otras tantas al Vanguardia para bajarle los humos, pero Enma...
No sabía qué pensar. Con sus poderes era intocable, pero en los cabos gemelos había salido con vida de milagro. No era invencible como aparentaba ser, y Kovashi era listo, acabaría ideando alguna forma de vulnerar esa intangibilidad propia de la gente como Enma. Tendría que hablar con el muchacho al respecto, pero ¿cuándo? No veía el momento en el futuro cercano para entrenarle como es debido. Tendría que esperar a la siguiente isla y ver cuánto aguantaba la tensión sin romperse.
Por suerte, ese momento no había llegado. Tenían asuntos más importantes que tratar. Kovashi le dio un par de órdenes a Nadja y el panda decidió que no tenía gran cosa que hacer, así que se sentó sobre un barrio cercano. —Si necesitas algo, Nadja, dímelo. Antes ayudaba con los cabos y las velas, pero tú dirás qué te hace falta. —Le dijo, tratando de hacerse útil. La verdad es que un bibliotecario demostraba su utilidad en contadas ocasiones. Ser un listillo en el mar no te ayudaba a respirar bajo el agua. Entonces Nadja pasó a la acción y empezó a maniobrar el barco con destreza. Era una suerte que fuera navegante como Derya. Parecía ensimismada en su labor, como si pretendiera apartar sus pensamientos de otras cosas, y Panda decidió no continuar pidiendo trabajo y trabajar directamente. Se fijó en que le costaba tirar de los cabos y realizar tareas en general de fuerza en el barco. En eso eran diferentes ella y la gyojin. Derya tenía una fuerza descomunal, cercana incluso a la del panda.
Sin decir más, Don Bambú se levantó y ayudó con el cabo a Nadja. Soltar las velas era fácil, pero levantarlas cuando fuera necesario maniobrar era otro cuento. Miró a Nadja a los ojos y asintió, dando a entender que él se encargaría de las tareas de fuerza. Miró después a Enma, que parecía en otra dimensión completamente diferente. Ya hablaría después con él sobre entrenar. Después de todo, era el único con el que Don Bambú no tenía que tener miedo de hacerle daño. Lo cierto es que no sabía controlarse nada bien.
No sabía qué pensar. Con sus poderes era intocable, pero en los cabos gemelos había salido con vida de milagro. No era invencible como aparentaba ser, y Kovashi era listo, acabaría ideando alguna forma de vulnerar esa intangibilidad propia de la gente como Enma. Tendría que hablar con el muchacho al respecto, pero ¿cuándo? No veía el momento en el futuro cercano para entrenarle como es debido. Tendría que esperar a la siguiente isla y ver cuánto aguantaba la tensión sin romperse.
Por suerte, ese momento no había llegado. Tenían asuntos más importantes que tratar. Kovashi le dio un par de órdenes a Nadja y el panda decidió que no tenía gran cosa que hacer, así que se sentó sobre un barrio cercano. —Si necesitas algo, Nadja, dímelo. Antes ayudaba con los cabos y las velas, pero tú dirás qué te hace falta. —Le dijo, tratando de hacerse útil. La verdad es que un bibliotecario demostraba su utilidad en contadas ocasiones. Ser un listillo en el mar no te ayudaba a respirar bajo el agua. Entonces Nadja pasó a la acción y empezó a maniobrar el barco con destreza. Era una suerte que fuera navegante como Derya. Parecía ensimismada en su labor, como si pretendiera apartar sus pensamientos de otras cosas, y Panda decidió no continuar pidiendo trabajo y trabajar directamente. Se fijó en que le costaba tirar de los cabos y realizar tareas en general de fuerza en el barco. En eso eran diferentes ella y la gyojin. Derya tenía una fuerza descomunal, cercana incluso a la del panda.
Sin decir más, Don Bambú se levantó y ayudó con el cabo a Nadja. Soltar las velas era fácil, pero levantarlas cuando fuera necesario maniobrar era otro cuento. Miró a Nadja a los ojos y asintió, dando a entender que él se encargaría de las tareas de fuerza. Miró después a Enma, que parecía en otra dimensión completamente diferente. Ya hablaría después con él sobre entrenar. Después de todo, era el único con el que Don Bambú no tenía que tener miedo de hacerle daño. Lo cierto es que no sabía controlarse nada bien.
