28-04-2026, 07:41 AM
Indignación.
¿Cómo se atrevía a interrumpir su diálogo?
Estaba por explicar una de las partes más importantes de sus creencias y este chico… ¡No! Debía tranquilizarse.
El honorable marine frente a ella era uno de los hijos del “sol”. Su interrupción no era una ofensa, al contrario, era un privilegio…después de todo...pocas veces había tenido la oportunidad de hablar, tan íntimamente, con el hijo de un ángel caído…Porque sí, con hijas del “sol” había entablado largas conversaciones, pero conseguir a un varón le resultaba siempre más complicado, además…Este hombre, a pesar de no tener un ojo, le resultaba bastante atractivo.
Gloomy se estremeció ante la delicada caricia en su mejilla. Pudo sentir un conocido calor subiendo por su nuca y alojándose en sus mejillas, ahora su pálido rostro tenía un matiz rosáceo imposible de ignorar, uno que se intensificó en cuanto escuchó el susurro grave del marine directo sobre uno de sus oídos.
¡Esto era un privilegio! Uno que no podía desaprovechar.
¿Quién era ella para negarle un último deseo a aquel que daría su sangre por su causa y la de la Diosa Serpiente?
Su corazón se aceleró con solo imaginar lo que le precedería a la propuesta.
La enorme mujer se irguió, haciendo gala de su altura excepcional y, por lo tanto, alejándose del marine, a quien ahora se le dificultaría mucho más lograr hablarle al oído de nuevo, a menos que se subiera sobre una silla.
—¡Niñas! Por favor, salgan de la habitación. Este precioso Rubí ha pedido un último deseo que solo le puedo conceder estando a solas —. Ninguna de las dos chicas rechistó. Ambas se pusieron de pie y, con prisa, salieron de la sala de sacrificios, incluso cerraron bien la puerta, dejando a solas al marine y a la mujer albina, quien ahora, por costumbre, acariciaba con cuidado a la mascota enrollada en su cuello.
—No sería capaz de negarle una petición como esa a un preciado Rubí —. La mujer, aun con el corazón acelerado, tomó al hombre de la mano, envolviendo sus largos pero delicados dedos con los de él y, con ello, guiándolo hasta que ella quedó sentada sobre la mesa de sacrificios. Él estaba justo frente a ella. — No hay mayor honor para mí que complacer a uno de ustedes, pelirrojos, quienes tienen la bendición de nacer con una energía vital y belleza comparable con la del sol.
Entonces la mujer acercó su rostro al del marine. No lo besó enseguida, solo lo observó y acarició sus mejillas con una de sus manos, para luego apartar unos cuantos mechones rebeldes de cabello que caían sobre el parche que cubría el ojo tuerto.
—No sé quien se ha atrevido a mancillar su belleza, pero si me dices su nombre me encargaré de hacerlo pagar por usted. Seguro eso lo ayudará a descansar mejor una vez haya trascendido de este plano a otro, aunque, de todos modos, esa paz en el más allá será garantizada para usted, pues no hay mayor honor y paz para ustedes Rubíes que perecer por la gracia de Nuestra Señora Serpiente —. Por un momento la albina se quedó quieta, aunque su mirada se desvió hacia un lado, como si alguien estuviera susurrándole algo al oído y, después, cuando volvió a ver al pelirrojo, una sonrisa adornaba el atractivo rostro de la mujer.
—¡Ah! ¡Qué buenas noticias para usted, hermoso Rubí! La Gran Señora Serpiente ha permitido que se realice su deseo y no solo eso ¡Me ha dicho que sacrificarlo durante el acto me dotará de mucha más vida! Es un gran honor —. Ella no dejó lugar a réplica luego de decir eso, simplemente, acercó sus labios a los de él y cerró el espacio que los separaba con un beso, increíblemente, suave, delicado y cálido, para alguien que, evidentemente, no estaba muy bien de la cabeza.
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