23-04-2026, 11:21 PM
Esto es un horror. Cuando se da cuenta del desastre absoluto que se halla delante de ella, no puede evitar ese claro sentimiento de que, en efecto, todo aquello que tenía que salir mal, salió mal.
Es el caos amarrado en el alma y el peso de su propia incompetencia asolando desde el inconsciente. Debió reparar mejor este bendito barco; su cuerpo, tenso como la cuerda de una guitarra, toma las amarras que Kuroshiro le extendió y la ata por la cintura, no sin antes maldecir para sus adentros a medida que avanza por la corriente, sujetando los enseres que lleva consigo en la bolsa que, ya sucia y bastante gastada por el trajín del momento, se mantiene entera.
—¡Nyra! ¡Ten cuidado, cariño!
Panaberto está asegurado en su sitio; sus municiones no se han perdido y su arma, ahora fría por el tiempo que ha pasado, sigue sujeta a su espalda gracias a la correa.
Ese no es el verdadero problema. El problema está en desatar nudos, aligerar cargas y asegurarse de que todo esté lo más estable posible. Eso es lo que más le ha dolido de toda esta bazofia: arrojar por la borda sus cajas con libros, novelas e historias. Recuerdos dejados atrás en pos de mantenerlos a todos a flote.
—Maldita sea… Esto duele más que un balazo directo a la pierna —Es lo único que dice al desatar las cajas que contienen dichos libros—… Hmmmm…
Lloraría. Maldita sea. Quiere llorar, sin embargo, la urgencia por salir y el vaivén peligroso de las olas le gritan que su vida es mucho más importante que cualquier libro puesto delante de su persona. Es lo importante, lo trascendental: vivir con el fin de mantener la historia de su existencia a flote. Las palabras de su pareja y la fuerza con la que habla es todo lo que oye en ese momento: sabe que puede reponer sus libros cuando sea.
No se detiene al momento en el que ve a su compañera cortar aparejos para ganar la mayor estabilidad. El cuerpo de ella clama por aire, pero despejar el barco y tratar de asegurar lo esencial es lo que mantiene su mente ocupada y su espíritu atento. Sin embargo, cuando el Tempestad se inclina hacia adelante, ella simplemente se quedó quieta.
Había hecho todo lo que había podido.
Tenía lo más importante del mundo consigo: sus compañeros.
No podría hacer nada más que sonreír.
La oda a la vida que les extendió Masami, los canturreos de Enji que puede escuchar aún en la lejanía gracias a su oído, y la entrada a uno de los sitios más peligrosos del mundo, le arrebatan una carcajada real. Ya no tiene libros que lamentar porque su vida pesa mucho más que ellos. Los recuerda todos, porque su memoria le ha ayudado a mantenerlos dentro del corazón y el espíritu.
—¡NYRA! ¡HOY ES UN GRANDIOSO DÍA PARA ESTAR VIVO! —Salieron de la mayor de las crisis y su mente, más repuesta y confiada, se aferra a esa extraña esperanza—. ¡ESTO ES MÁS EMOCIONANTE QUE CUALQUIER PARQUE DE ATRACCIONES DE SEGUNDA!
Maldita sea, que momento más extraño para decir cosas como esas. Cuando se coloca en posición y se asegura de permanecer aferrada junto a su compañera para ponerse a resguardo, solo mantiene la sonrisa. Es el inicio del verdadero viaje para toda la división setenta y cinco, ya sea de este lado del plano, o desde el otro.
Es el caos amarrado en el alma y el peso de su propia incompetencia asolando desde el inconsciente. Debió reparar mejor este bendito barco; su cuerpo, tenso como la cuerda de una guitarra, toma las amarras que Kuroshiro le extendió y la ata por la cintura, no sin antes maldecir para sus adentros a medida que avanza por la corriente, sujetando los enseres que lleva consigo en la bolsa que, ya sucia y bastante gastada por el trajín del momento, se mantiene entera.
—¡Nyra! ¡Ten cuidado, cariño!
Panaberto está asegurado en su sitio; sus municiones no se han perdido y su arma, ahora fría por el tiempo que ha pasado, sigue sujeta a su espalda gracias a la correa.
Ese no es el verdadero problema. El problema está en desatar nudos, aligerar cargas y asegurarse de que todo esté lo más estable posible. Eso es lo que más le ha dolido de toda esta bazofia: arrojar por la borda sus cajas con libros, novelas e historias. Recuerdos dejados atrás en pos de mantenerlos a todos a flote.
—Maldita sea… Esto duele más que un balazo directo a la pierna —Es lo único que dice al desatar las cajas que contienen dichos libros—… Hmmmm…
Lloraría. Maldita sea. Quiere llorar, sin embargo, la urgencia por salir y el vaivén peligroso de las olas le gritan que su vida es mucho más importante que cualquier libro puesto delante de su persona. Es lo importante, lo trascendental: vivir con el fin de mantener la historia de su existencia a flote. Las palabras de su pareja y la fuerza con la que habla es todo lo que oye en ese momento: sabe que puede reponer sus libros cuando sea.
No se detiene al momento en el que ve a su compañera cortar aparejos para ganar la mayor estabilidad. El cuerpo de ella clama por aire, pero despejar el barco y tratar de asegurar lo esencial es lo que mantiene su mente ocupada y su espíritu atento. Sin embargo, cuando el Tempestad se inclina hacia adelante, ella simplemente se quedó quieta.
Había hecho todo lo que había podido.
Tenía lo más importante del mundo consigo: sus compañeros.
No podría hacer nada más que sonreír.
La oda a la vida que les extendió Masami, los canturreos de Enji que puede escuchar aún en la lejanía gracias a su oído, y la entrada a uno de los sitios más peligrosos del mundo, le arrebatan una carcajada real. Ya no tiene libros que lamentar porque su vida pesa mucho más que ellos. Los recuerda todos, porque su memoria le ha ayudado a mantenerlos dentro del corazón y el espíritu.
—¡NYRA! ¡HOY ES UN GRANDIOSO DÍA PARA ESTAR VIVO! —Salieron de la mayor de las crisis y su mente, más repuesta y confiada, se aferra a esa extraña esperanza—. ¡ESTO ES MÁS EMOCIONANTE QUE CUALQUIER PARQUE DE ATRACCIONES DE SEGUNDA!
Maldita sea, que momento más extraño para decir cosas como esas. Cuando se coloca en posición y se asegura de permanecer aferrada junto a su compañera para ponerse a resguardo, solo mantiene la sonrisa. Es el inicio del verdadero viaje para toda la división setenta y cinco, ya sea de este lado del plano, o desde el otro.
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