[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#46
[personajeinvalido=3367]

El día que decidí ser navegante me juré a mí mismo que nadie ni nada más volvería a doblegar mi vida. Aprendí a leer viento y marea con la firme intención de alcanzar cualquier costa, de huir tan lejos como necesitara y descubrir lugares con los que ni siquiera sería capaz de soñar. Sin embargo, la marea hambrienta que nos devoraría se convertiría en un cruento recordatorio: a veces resultaba imposible decidir tu destino.

―Dimitri. Voy a necesitar que seas claro con las indicaciones, porque no sé bien que vas a querer que haga.
—¡No te separes de mí! —Por cada relámpago que rompía el cielo, una maza caía directa sobre mi cráneo—. Necesito que me mantengas en el timón. Pase lo que pase, no dejes que lo suelte. Tus manos sobre las mías y sígueme el ritmo.

Sobraba decir que sin él no resistiría. Era evidente que no me encontraba bien. No necesitaba un espejo para saber que probablemente tenía el rostro pálido, coronado por inmensas ojeras. Escupí la menta, con los pulmones algo más llenos de oxígeno, aunque la lluvia y el oleaje mantuviera nuestras ropas caladas. Nada de eso me importó. Era consciente de que no había nadie más en el barco con los conocimientos necesarios para intentar mantener el Tempestad a flote.

—¡¡Arriad velas!! —grité, por encima del rugido que provocaba el oleaje—. ¡¡Asegurad la carga!!

Lo más recomendable en situaciones así era aceptar la corriente. Por eso me afané en buscar los canales naturales de la propia corriente. Más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto. Por eso le pedí a Omuyaga que también fuera mis ojos, que se mantuviera alerta y me informara de cada zona en la que la espuma parecía menor o el oleaje mantenía una cadencia de ondas más largas y regulares. Puse toda mi atención en ello, mientras trataba de ajustar la velocidad del barco con movimientos milimétricos: de cara al viento cuando me interesaba reducir la velocidad o exponiendo ligeramente la única vela que había quedado algo acondicionada para ello.

Aquella travesía se convertiría en un tormento. Cada vez que tuve la oportunidad, conduje la proa lo justo para que entrase en esas corrientes limpias.

—¡¡Omuyaga, hay que sortear la ola entre treinta y cinco y cuarenta grados!! —dije en algún momento, desesperado por evitar que el Tempestad clavase las olas, para reducir al máximo los daños—. ¡¡SUJETAOS!!

Traté de avisar de cada envite evidente; de aquellos que sabía que no podría esquivar. El peso de Omuyaga me mantenía junto al timón. Su pecho contra mi espalda, me ayudaba a tomar un respiro cuando todo mi cuerpo clamaba por desfallecer. Sus manos, grandes y fuertes, eran las amarras que necesitaba para dotar de la fuerza e inercia suficiente al timón.

—¡¡Hay que asegurarse!! ¡¡Realizad nudos de as de guía!!

Agradecí que Nyra nos acercará las cuerdas de salvamento. Kael se encargaría de rodearnos a ambos por el torso para mantenernos unidos y afianzar los extremos en las barandillas. De este modo, crearía un cerco entre el timón y nosotros. Nos serviría como red de seguridad en el peor de los momentos.

Desconozco cuánto tiempo estuvimos perdidos en la tempestad, junto al resto de barcos. Solo sé que en algún momento, una silueta colosal se abrió paso frente a nosotros. A mí se me subió el corazón a la garganta.

—¡¡ALIGERAD LA CARGA!!

Nos acercamos más rápido de lo que desearía a esa corriente antinatural. Mentiría si no dijera que me encontraba espectante por el resultado, anestesiado por una sensación de irrealidad debido a todo lo que habíamos vivido. Y así, de forma precipitada, nos encontramos arrastrados hacia Reverse Mountain. Había escuchado hablar de ella cientos de veces. Por mucho que hubiera estudiado sobre navegación, no estaba preparado para ella.

El Tempestad comenzó a adoptar una posición totalmente vertical, en la que sentí mi cuerpo presionar aún más la espalda de Omuyaga, al que a su vez sostenía la doble cuerda que habíamos utilizado para afianzarnos al timón.

—Ahora… —mascullé, con la mandíbula apretada por la tensión de mantenernos en el sitio—, lo más importante es mantener proa y popa alineados y utilizar al resto de navíos como cobertura.

Sí, de nuevo, qué bonita sonaba la teoría. La práctica se traducía a una lluvia cuyas gotas parecían aguijones, acompañada por un ruido atronador que ni siquiera la canción de Masami lograba mitigar. El aura de las migrañas me dificultaba la visión. Creo que todos notamos el momento exacto en que una roca arañó el casco. En seguida noté sobre el timón los efectos del agua que había comenzado a inundarnos. Lo habría priorizado de no ser porque los crujidos sobre el palo mayor auguraron lo cerca que estaba de partirse por la mitad. No iba a tener salvación.

—¡¡NYRA, HAY QUE CORTAR APAREJOS!!

La única oportunidad de evitar daños mayores era esa. Si seguía unido una vez terminase de partirse, se convertiría en un péndulo capaz de sacarnos a todos fuera del barco.

—Omuyaga, agarra el timón y no lo sueltes. —Con una mano, busqué el den den Mushi a duras penas—. ¡¡División ochenta, situación crítica. El palo mayor se nos parte. Tenemos un agujero en el casco y todos somos usuarios de Akuma!!

Volví a aferrar el timón. No es que pudieran hacer mucho por nosotros. Tal vez, con suerte, recuperar nuestros restos. Irónicamente, fue la primera vez que no temí a la muerte. El Tempestad alcanzó la cima. Tal vez se debió a las canciones de la ochenta o al grito de júbilo de Nyra, justo antes de precipitarnos al vacío. Me permití tomar una amplia bocanada de aire.

Ese día aprendí que morir también podía ser divertido.

Disclaimer
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 530 + 0 = 530
Energia: 403 + 8 = 411
Espiritu: 240 + 0 = 240


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Dimitri St. George - 23-04-2026, 10:15 PM

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