[FIC - Pasado] Segando el trigo
#7
El mink se lanzó al vacío atravesando el vacío del acaverna como una flecha. Según sus pies tocaron el suelo, se propulsó de un salto contra la cobertura, girando su cuerpo para chocar de espaldas contra una caja de madera. Joss se sobresaltó al notar la presencia del mink a su lado. El joven mantenía su rifle apoyado sobre un barril de mineral de hierro. Auqnue parecía bastate ileso, a Kibai no se le escapó el aroma a sangre que despedía el uniforme desgarrado del humano.

—Ya era hora, Kibai, maldita sea... ¿Y Emerald, te has encargado de ella? —preguntó Joss mientras disparaba de nuevo por encima de su hombro derecho.

—Emerald era una joya preciosa, pero ha perdido su brillo y se ha marchado —respondió con un tono seco.

Joss parpadeó con una expresión de total incredulidad, mientras trataba de digerir si las palabras de su compañero iban en serio.

—Se ha escapado por los conductos superiores. No le han pagado para que muera aquí, solo para que nos retrasase y ese desgraciado llegase hasta el barco. —aclaró el mink para terminar con la duda.

Joss suspiró y golpeó el cargador de su arma contra la palma de la mano.

—Esos malditos tiradores nos tienen inmovilizados en este muelle. Si seguimos así, se las arreglarán para dejarnos sin munición y escapar tan tranquilos... —explicó el marine con frustración.

Varios mercenarios disparaban desde la borda del balandro sin parar. Sus proyectiles impedían que los marines avanzaran hacia las pasarelas de embarque. Kibai observó la estructura del casco que se mecía en el agua negra. Algunas cuerdas gruesas colgaban desde la cubierta hasta la línea de flotación.

—Podría tratar de realizar un movimiento de flanqueo —propuso.

Joss asintió mientras observaba el rostro decidido de su compañero.

— Si lo consigues, podríamos tomar la cubeirta y dejar a Garruk sin escapatoria esta vez. Hazlo. Mantendremos un fuego intenso para cubrir tu avance —prometió el soldado.

El plan exigía una coordinación perfecta entre el grupo y el mink. Kibai debía alcanzar el lateral del barco sin ser detectado por los vigías. La distracción de los disparos facilitaría su infiltración solitaria.

Ni corto ni perezso, el mink se desplazó entre las sombras de las cajas apiladas. Las balas silbaban sobre sus orejas con un sonido agudo. Al llegar al borde del muelle de piedra, se deshizo de su capa para lanzarse al agua. Manteniendose bajo la sperficie en la medida de lo posible, nadó hacia el costado de la nave, evitando la luz de las antorchas que colgaban de los mástiles. Al llegar al casco, Kibai clavó sus garras en las ranuras de las tablas con firmeza. ascendiendo hasta alcanzar una de las cuerdas que colgaban del borde de la cubierta.

Al dejarse caer sobre los tablones, sus orejas captaron al momento las voces roncas de los hombres de Garruk. Los tiradores celebraban su dominio sobre los soldados atrapados en tierra, animándose entre ellos a seguir disparando. No sospechaban que una amenaza se encontraba a pocos centímetros de sus espaldas. Kibai saltó sobre el primer guardia sin una sola palabra que delatase su posición. Raimei cortó el aire con una velocidad aterradora. El hombre cayó sobre las tablas sin proferir un solo lamento. El segundo enemigo intentó girar su cuerpo hacia la izquierda. pero el filo de la espada de Kibai resultó más rapido que sus reflejos. El tercer tirador soltó su arma debido al pánico repentino. Un tajo preciso lo neutralizó antes de que pudiera pedir ayuda.

Kibai recuperó el aliento mientras observaba el desorden de la nave. El barco estaba repleto de mercancía. Grandes cajas cuadradas parte del espacio central, y el olor a aceite y pólvora proveniente de la bodega hacía obvio que aquella nave no trasnportaba pescado, precisamente. Tras hacer una seña a sus compañeros, el mink caminó hacia la popa con cautela, descubriendo un Den Den Mushi descolgado. Temeroso de que refuerzos estuviesen en camino desde alguna parte, Kibai utilizó su espada para cortar las cuerdas de las velas mayores. El lienzo pesado cayó sobre la cubierta con un estruendo sordo, privando al balandro de su capacidad de maniobra.

Un estruendo violento sacudió la estructura entera del barco. El sonido provenía de la sentina que se encontraba bajo sus pies. Las tablas del suelo saltaron por los aires en una explosión de astillas. Una figura masiva emergió desde la oscuridad del casco. Garruk el Triguero apareció ante Kibai como una tormenta a punto de estallar. El gigantón respiraba de forma agitada , y sus ojos inyectados en sangre buscaban al responsable de haber destruido gran parte de lo que había organizado en aquella isla. Empuñaba de nuevo su kanabo de hierro negro, tan oscuro que parecía absorber la luz.

—Maldito gato de las narices! —rugió Garruk con una voz profunda.

—Pienso usar tu piel de mink para forrar mi próxima silla —continuó el gigante, soltando una carcajada ronca. — Te arrancaré esas orejas ridículas y las usaré como amuletos para avisar al próximo marine que se ponga ante mi. Tu estirpe entera es un error de la naturaleza, un desperdicio de carne que solo sirve para ser cazada y troceada. Qué se siente al saber que tu último aliento olerá a madera podrida y a mi victoria, maldito despojo?

Kibai se giró con una calma glacial hacia el criminal de Roshwan.

—Ya te detuve una vez antes, Garruk —recordó el mink con un tono gélido.

El gigante soltó una carcajada ronca que retumbó en la caverna.

— Esta vez no habrá cadenas que puedan contener mi fuerza —respondió el Triguero.

Kibai realizó un gesto formal de saludo con su espada Raimei. Su mirada era penetrante y no mostraba ningún signo de temor. Una sonrisa leve apareció en el rostro del mink, y a su pesar, notó como sus colmillos asomaban entre sus labios.

— Garruk el Triguero, queda usted bajo arresto formal en nombre de la Marina —anunció Kibai con el tono más formal al que pudo acudir. — Se le acusa de piratería, contrabando de mineral y resistencia violenta a la autoridad. 

Una sonrisa leve, casi imperceptible, curvó los labios del mink, dejando que la punta de sus colmillos asomara bajo la luz de la luna que se filtraba por las grietas superiores. Era la sonrisa de un depredador que finalmente había encontrado a una presa digna de su esfuerzo.

—Le conmino formalmente a que se entregue y no oponga resistencia al arresto —añadió Kibai. — Sería una lástima que este hermoso barco terminara convertido en su ataúd de madera debido a su cabezonería.

Garruk respondió con un rugido de rabia pura que silenció cualquier otro sonido en la gruta. El gigante levantó su kanabo de bandas metálicas por encima de su cabeza, preparándose para una carga demoledora. Kibai flexionó sus rodillas, bajando su centro de gravedad mientras sus sentidos se expandían por toda la cubierta.

Era la hora de acabar con aquella disputa de una vez por todas.
[Imagen: gvCFAP2.png]
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