[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#41

Al parecer, Kael tenía dentro de sí a Shin. Algo de su fruta que no entendí bien, pero que tampoco tenía tiempo para preguntar. Lo que sí comprendí es que con él estaría a salvo.

Una vez levada el ancla y liberado el cabo que nos ataba a puerto, comenzó la terrible travesía.

Él y Dimitri se encargaron del timón mientras Hae-Won y yo íbamos de un lado a otro siguiendo las indicaciones que nos dieran entre los dos por la empapada y resbaladiza cubierta del barco. Las primeras: arriar velas y asegurar los cabos del barco.

―¡Yo me encargo de las velas! ―grité dirigiéndome al mástil, para que mi compañera y yo estuviéramos coordinadas.

Empecé por los foques de proa, que eran los que antes recibían el fuerte viento. Tiré de la cuerda y la fui desenrollando para que la resistente vela bajara, terminando luego de asegurarla con cuerdas a la botavara. Luego hice lo mismo con el resto de velas, dejando para el final la mayor

A pesar de nuestros esfuerzos, el navío seguía desbocado y casi sin control en la que era sin duda la peor tormenta que había presenciado en toda mi vida, y yo no estaba dispuesta a perder a nadie; mucho menos después de salir del infierno por el que habíamos pasado.

Por suerte, si algo tiene un barco son cuerdas. Me apresuré a ir al mástil mayor y asegurar algunas a las cabillas. Las dos primeras fueron para Dimitri y Kael, a quienes me dirigí a la carrera y agradeciendo ser lo bastante ágil como para mantener el equilibrio en esas circunstancias.

―¡Tomad! ―exclamé, tratando de hacerme oír por encima del rugir de los truenos y las olas―. ¡Atáoslas a la cintura!

Cuando Dimitri mencionó el nudo de as de guía, asentí. Era el recomendado por la Marina para estos casos, y era exactamente el que había realizado. Uno doble, por mayor seguridad, para poder sujetarlo por arriba y abajo de las cabillas.

Sujetando una de ellas para sentirme más segura de vuelta al mástil, me apresuré a atar otras dos en cuanto llegué a las cabillas. En cuanto divisé a mi compañera, me apresuré hacia ella.

―¡Hae-Won, toma!

Le lancé una de las cuerdas sólo cuando estuve segura de que lo haría bien y ella pudiera cogerla. Únicamente entonces me até la mía propia a la cintura. Sí, sabía que en todos los manuales se decía que debía protegerse uno mismo primero, pero también supe siempre que yo no sería capaz de hacer eso, ni siquiera aunque yo misma tuviera una akuma, y menos aún cuando era la que se movía mejor en estas circunstancias y veo mejor en la oscuridad.

Las horas pasaron y los esfuerzos no disminuían. Lejos de pasar, la tormenta no hace más que arreciar con aún más violencia contra todo lo que ve. Por orden de Dimitri, Hae-Won y yo habíamos pasado a asegurar la carga del barco, encargándonos de que nada saliera de su sitio y pudiera herirnos por accidente. Aun con los músculos agarrotados, mientras aseguraba las últimas cuerdas, vuelvo a preocuparme por Shin. Había pasado demasiado tiempo, era nuestro único médico y yo no tengo ni idea del tipo de heridas que tendrá. Sé que soy la única en la tripulación con un mínimo de posibilidades de poder ayudarlo, pero también soy plenamente consciente de que hay que luchar por salir vivos de esta tormenta o no quedaría nadie a quien poder ayudar.

Entonces, los relámpagos muestran una sombra diferente. Uno inmenso revela una sombra rojiza, más alta e inmensa que cualquier isla. «¿La Red Line…?». Había leído sobre ello, pero ni siquiera estaba segura de que su existencia fuera real, por lo que mucho menos deberían de haberlo sido aquellas corrientes que subían paredes rocosas.

El ferry también comienza a ignorar el curso normal de la gravedad.

―¡Aligerad la carga!

Acatamos la orden de Dimitri. Saco mi katana y empiezo a cortar los cabos que pudieran estar reteniendo peso y comenzo a empujarlos hacia el mar.

Es el turno del barco pirata.

Tenemos que darnos prisa. Aún hay mucho que hacer y el tiempo corre más deprisa de lo que parece que podemos abarcar.

Ahora, nuestros compañeros de la 80.

Al fin, la última carga. Lo conseguimos. Quedo paralizada varios segundos, sin poder dejar de observar por pura fascinación la caravana ante nosotros, como si inconscientemente quisiera memorizar con absoluto detalle cada instante de aquella visión.

Somos los siguientes.

―¡Hae-Won!

Grito para encontrarla, habiendo visto que Kael y Dimitri quedarían fijos al timón. Corro hacia ella, la agarro de la mano y la llevo donde el mástil. Si el barco iba a quedar colocado en vertical, sería más seguro que nos quedáramos con las espaldas apoyadas contra este, evitando así caer.

Llegamos justo cuando el barco comenzó a subir la pared. Apreté fuertemente a mi compañera junto a mi cuerpo, quedando mi espalda contra la madera y ante nosotras unas vistas privilegiadas de todo cuanto ocurría ante nosotras. El movimiento era antinatural y el corazón me latía a mil por hora. Cuando quedamos prácticamente tumbadas sobre la madera, trato de incorporarme, para pasar a estar sentadas sobre la madera del mástil.

Mis ojos quedan fijos hacia el cielo, recibiendo la lluvia directamente contra mi rostro, pero pudiendo a pesar de todo ver perfectamente la popa de los otros barcos a contraluz de los relámpagos. Jamás pensé tener unas vistas como aquellas.

Los minutos pasan y, una vibración me alerta en mi chaqueta. ¡Mi Mushi Mushi! Saco al caracol de mi bolsillo y descuelgo la llamada, que queda audible para mi compañera y para mí.

―División 75, División 80, escúchenme.
―¡Masami! ¿Qué pasa?


Por un instante tengo el corazón en un puño, pero su respuesta es una canción que cambia la que había estado sonando hasta entonces. Es una de esperanza y valor. No puedo evitar reírme por lo bajo y abrazar la cintura de Hae-Won. ¡Todo va a salir bien!

Casi como una respuesta a mi pensamiento, un fuerte crujido en el casco me alerta casi al mismo tiempo que lo menciona la canción. Aun así, más me preocupa la sensación en la madera en la que nos sentábamos.

―¡Cuidado! ―exclamo inclinándome hacia delante, tratando de proteger a mi compañera al cubrir su cuerpo con el mío y apoyarla contra la pared de madera que hacía un rato habría llamado cubierta.

El mástil, ya dañado de antemano, termina de quedar en jaque por el golpe y no puede soportar su propio peso en aquel extraño y literal giro de los acontecimientos. Miro hacia atrás y, con los ojos muy abiertos, lo observo empezar a romperse por detrás de mí.

―¡¡Nyra, hay que cortar aparejos!!
―¡¡A la orden!! ―exclamo antes de poner mi Den Den Mushi en las manos de la albina―. ¡Cuida de Carlos!

Acto seguido, me pongo en pie envalentonada por la canción, desenvainando la katana para romper la cuerda más alta y que agarraba el mástil a la parte superior de la proa.

Inmediatamente, hago uso de mi agilidad para saltar sobre la botavara, agarrando con una mano la cuerda de seguridad desde la que me deslizo y con la otra la espada. Una a una todas las cuerdas que atan el mástil a cualquier zona del barco quedan perfectamente cortadas al ritmo de la voz de Masami que con mi buen oído aún era capaz de escuchar. Por suerte, las cuerdas de seguridad quedan por debajo de la zona de rotura, por lo que, incluso si cae, no va a arrastrar ninguna de ellas.

Apenas había terminado de cortar el último aparejo cuando llega el final de la canción de Masami, aunque las emociones que despertó siguen aún ardiendo en mi pecho. El barco de nuestros compañeros pronto deja de ser visible tras doblar la cima de la inmensa montaña. Trepo deprisa por mi cuerda, llegando así a la base del mástil, justo donde había dejado a mi compañera y vuelvo a sentarme justo detrás de ella, agarrándome a su cintura en el mismo instante en el que vuelvo a sentir un vertiginoso cambio en la gravedad que nos vuelve a inclinar hacia atrás, apoyando nuevamente mi espalda contra la madera.

―¡Ya estoy de vuelta! ―en cuanto recupero mi caracol, vuelvo a guardarlo en el bolsillo.

En un movimiento lento pero ineludible, el Tempestad fue inclinándose hacia delante, provocándome un cosquilleo que jamás había sentido antes en el estómago. Una sensación extraña, envuelta de emoción, terminó de desatarse en carcajadas cuando llegaron a nosotras los ecos de una canción entonada por la voz de Enji. Ellos estaban bien, ¡y quizás esto era lo más parecido a una montaña rusa que fuéramos a ver!

―¡¡Levanta las manos, Hae-Won!! ―exclamé haciéndolo yo―. ¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!

Quizás, si yo no tengo miedo, tampoco los otros lo tengan. En mi mente, la letra de la canción de Masami aún resuena:
«¡Llegaremos juntos aaaaaaaaal final~!».


Informe de la Marina
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1254 + 0 = 1254
Energia: 846 + 18 = 864
Espiritu: 159 + 0 = 159


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Nyra Kuroshiro - 23-04-2026, 06:25 PM

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