Lo cierto es que era bastante doloroso hacer que las niñas sufrieran por lo que le había hecho a las mujeres que habían intentado llevarlo hasta ese altar, pero lo cierto es que era necesario porque la idea de perder la vida no le complacía demasiado… Manías de uno que deseaba seguir vivo, nada personal.
Y lo dicho, para él no era plato de buen gusto golpear a las personas, pero en un caso de vida o muerte prefería vivir, después de todo el tampoco las había matado las había dejado fuera de combate durante un rato, nada de lo que no se pudieran recuperar, era bastante precavido cuando no tenía intención real de dañar a alguien gravemente, y en este caso era así. Después de todo parecía que esa gente no estaba en sus cabales, probablemente las niñas tampoco fueran conscientes del todo de aquella realidad.
Si todo salía bien tendría que hacer algo con ellas, aunque no podría adoptarlas, pero si que haria que alguien las cuidara como debían, las quisieran, y por supuesto les hicieran saber lo que estaba bien o no, eran muy jóvenes, no estaban perdidas ni mucho menos. No estaba seguro si aquellas mujeres que habían intentado llevarle al altar estaban en la misma situación, no pondría la mano en el fuego por ellas.
La que no tardó en aparecer fue la… ¿Líder? Aquella mujer que le había dado aquel tremendo golpe en la cabeza que le había dejado bastante tocado. Debía tener cuidado con ella, no es que le hiciera mucha gracia que le dieran golpes con martillos, especialmente en la cabeza.
La mujer era más larga que un día sin para pero si que podía notar la belleza misteriosa de la mujer, y su tono seductor cuando se decidió a hablarle, puesto que estaba complacida pues había sido capaz de captar su belleza, y no ponerse a la defensiva, a pesar de que estaba disgustada con lo que le había hecho a sus hijas.
<<Si nos ponemos así, un martillazo tampoco es que sea muy amable por su parte…>> Fue lo que pasó por la mente del marine en ese momento.
Ella pasó a explicarle detalladamente qué es lo que hacían en ese lugar, y claro, algunas cosas sonaban a que no estaba muy equilibrada mentalmente, especialmente cuando dijo que una Diosa Serpiente le había ordenado levantar ese santuario en su honor, no puso ninguna cara, se limitó a escuchar.
Mientras más escuchaba más se daba cuenta de que todo eso estaba relacionado con la belleza eterna, algo así como la eterna juventud, es decir, algo que era imposible de conseguir, al menos no que él supiera. Pero cuando menciono que alguien de esas niñas debía pagar, entornó los ojos y empezaría su momento.
– Mi señora, bella sacerdotisa. – Llevó su mano a la mejilla de la mujer, notando como el olor a rosas aun inundaba sus fosas nasales. – Si usted cree que alguien debe pagar, imagino que me incluyo… ¿Acaso no debería usted concederme algo a cambio? – Esbozo una sonrisa seductora – Quizás una última noche de… – Se puso de puntillas para hablarle al oído a la mujer, obviamente no quería que las niñas escucharan eso. – De pasión… – Le susurró. Esperaba que todo aquello colara. Era su oportunidad para poder salir de allí sin causar daños innecesarios. Además, si se quedaba a solas con ella, entonces podría tener su oportunidad de derrotarla, pero con las niñas delante no se quería arriesgar, era peligroso.
Y lo dicho, para él no era plato de buen gusto golpear a las personas, pero en un caso de vida o muerte prefería vivir, después de todo el tampoco las había matado las había dejado fuera de combate durante un rato, nada de lo que no se pudieran recuperar, era bastante precavido cuando no tenía intención real de dañar a alguien gravemente, y en este caso era así. Después de todo parecía que esa gente no estaba en sus cabales, probablemente las niñas tampoco fueran conscientes del todo de aquella realidad.
Si todo salía bien tendría que hacer algo con ellas, aunque no podría adoptarlas, pero si que haria que alguien las cuidara como debían, las quisieran, y por supuesto les hicieran saber lo que estaba bien o no, eran muy jóvenes, no estaban perdidas ni mucho menos. No estaba seguro si aquellas mujeres que habían intentado llevarle al altar estaban en la misma situación, no pondría la mano en el fuego por ellas.
La que no tardó en aparecer fue la… ¿Líder? Aquella mujer que le había dado aquel tremendo golpe en la cabeza que le había dejado bastante tocado. Debía tener cuidado con ella, no es que le hiciera mucha gracia que le dieran golpes con martillos, especialmente en la cabeza.
La mujer era más larga que un día sin para pero si que podía notar la belleza misteriosa de la mujer, y su tono seductor cuando se decidió a hablarle, puesto que estaba complacida pues había sido capaz de captar su belleza, y no ponerse a la defensiva, a pesar de que estaba disgustada con lo que le había hecho a sus hijas.
<<Si nos ponemos así, un martillazo tampoco es que sea muy amable por su parte…>> Fue lo que pasó por la mente del marine en ese momento.
Ella pasó a explicarle detalladamente qué es lo que hacían en ese lugar, y claro, algunas cosas sonaban a que no estaba muy equilibrada mentalmente, especialmente cuando dijo que una Diosa Serpiente le había ordenado levantar ese santuario en su honor, no puso ninguna cara, se limitó a escuchar.
Mientras más escuchaba más se daba cuenta de que todo eso estaba relacionado con la belleza eterna, algo así como la eterna juventud, es decir, algo que era imposible de conseguir, al menos no que él supiera. Pero cuando menciono que alguien de esas niñas debía pagar, entornó los ojos y empezaría su momento.
– Mi señora, bella sacerdotisa. – Llevó su mano a la mejilla de la mujer, notando como el olor a rosas aun inundaba sus fosas nasales. – Si usted cree que alguien debe pagar, imagino que me incluyo… ¿Acaso no debería usted concederme algo a cambio? – Esbozo una sonrisa seductora – Quizás una última noche de… – Se puso de puntillas para hablarle al oído a la mujer, obviamente no quería que las niñas escucharan eso. – De pasión… – Le susurró. Esperaba que todo aquello colara. Era su oportunidad para poder salir de allí sin causar daños innecesarios. Además, si se quedaba a solas con ella, entonces podría tener su oportunidad de derrotarla, pero con las niñas delante no se quería arriesgar, era peligroso.
Ahora solo quedaba esperar a la respuesta de la mujer…
Jesse. el tuerto pelirrojo
