23-04-2026, 09:06 AM
Caos.
En la habitación reinó en caos cuando el grupo de 10 chicas fue disminuido con facilidad por el marine pelirrojo. Cayeron inconscientes una a una, mientras que, Topaz y Esmeralda, se detuvieron en seco, sus ojos volvían a llenarse de lágrimas, pero esta vez sí que eran genuinas.
—¡NO GOLPEES A MIS HERMANAS, ASÍ! ¡RUBÍ MALO! —Lloriqueó la pequeña morena de ojos verdes, quien, al ver que la última de las chicas caía, soltó a “Rubí” y corrió hasta donde estaba el marine, aunque antes de llegar a él, de detuvo en seco cuando este las regañó a ambas. Nuevamente, la niña largó a llorar, pero esta vez fue con su “hermana” Topaz para que esta la consolara.
—¿Cómo puedes hacer llorar a Esmeralda así? Creí que ustedes los marines eran buenos y que ayudaban a los demás ¡Nosotras necesitamos tu ayuda! —A Topaz le temblaba la voz y sus palabras salían entrecortadas, pero intentaba hacerse la valiente para que la más pequeña no la viera quebrarse. —¡Y tu puedes ayudarnos! Eso nos ha dicho nuestra madre.
Mientras eso ocurría, la enorme mujer, que antes había entrado al salón del altar para preparar las “mesas de sacrificio”, fue una testigo muda de lo que ocurrió. No intervino cuando las chicas fueron mermadas, tampoco cuando Topaz o Esmeralda le reclamaron al pelirrojo. Ella tenía paciencia, sabía cuando actuar y ponerle fin a un problema.
La mujer se acercó a la puerta, todo mientras seguía acariciando a la serpiente que descansaba plácidamente sobre sus hombros y, entonces, cuando estaba lista para levantar su martillo y atacar nuevamente, esta vez de manera más definitiva, la voz del hombre la llevó a detenerse en seco. Lo escuchó con atención e, incluso, llegó a sonrojarse.
Alguien que reconocía su belleza merecía una explicación de lo que ocurría y, no solo eso, ¡Por fin alguien que preguntaba antes de juzgar!
—¡Oh, es cierto que soy bella, sí! Muy cierto —. A pesar de la emoción en su rostro, el tono de voz de la mujer siguió sin elevarse, sonaba, más bien, elegante, como el de alguien que ha sido criado en la alta sociedad. —Y es usted un caballero bastante educado al preguntar antes de ponerse a la defensiva…aunque no puedo ignorar lo que le ha hecho a mis hijas, no…eso no, pero sí que puedo darle una respuesta a sus preguntas —. Porque nada le gustaba más a un narcisista que ser escuchado.
La mujer abrió del todo la puerta del salón, se hizo a un lado e invitó a pasar al pelirrojo, no con palabras, si no con una leve inclinación de su cabeza; sin embargo, las primeras en entrar fueron Topaz y Esmeralda, que se escondieron detrás de la túnica de la alta mujer, mientras que ella, bajó una de sus manos para acariciar el cabello de una de las niñas.
—¡Este lugar es el santuario que la Gran Diosa Serpiente me ha ordenado levantar en su honor! —La mujer señaló a sus alrededores con orgullo. En el sitio, una habitación de 12 x 12 metros, más grande que cualquier otra del “orfanato”, todo estaba ordenado de una manera pulcra. Había una gran mesa de piedra lisa en el centro, a sus alrededores había platos que parecían estar hechos de oro, todos repletos de pétalos de flores, leche, miel, velas y, algunos otros, con inciensos que llenaban el aire de olores agradables. En la pared estaba colgada una estatuilla de serpiente similar a la que había en la sala y, en una mesa que se alzaba por sobre la mesa de piedra, estaba la misma imagen de la mujer que también colgaba en una de las paredes de la sala.
Lo único que parecía fuera de orden dentro de un sitio que, a simple vista, en verdad parecía un templo, eran algunas manchas oscuras alrededor de la mesa de piedra. Manchas muy difíciles de quitar, pero que a las mujeres presentes parecía no importarles demasiado.
—Soy Gloomy, su suma sacerdotisa y encargada de llevarle la verdad a más niñas y mujeres en esta isla —. Mientras hablaba la mujer se movía con gracia, en cambio, las niñas, se sentaron en el suelo, cerca del altar. La observaban casi embobadas. —¿Puedes entender cuanto puede sufrir una mujer cuando nace poco agraciada? —No mencionaría la palabra “fea” frente a la “diosa”. Estaba prohibido. —El mundo solo puede ser de quien es bello. Las puertas se abren por montones. Lo he comprobado tantas veces.
La bella mujer se acercó al marine y lo tomó del mentón para levantar su rostro y hacer que la mirara a la cara. Uno de sus dedos acarició con suavidad la barbilla y se detuvo justo debajo de los labios del hombre.
—La Gran Diosa Serpiente me ha hablado en sueños y visiones, me ha otorgado el secreto de una belleza que durará hasta el final de mis días —. En ese momento la mano que acariciaba el mentón del hombre se movió para tocar sus cabellos rojizos con delicadeza. —Pero no sabes cuanta tristeza me dio el escuchar el remedio que me daba a mi y a mis niñas para poder alcanzar esa belleza que nos abriría las puertas del mundo —. Su voz era suave, delicada, casi envolvente.
—La belleza siempre tiene un costo, un sacrificio muy alto. Le he dado protección a estas niñas, un lugar al cual pertenecer y les he enseñado a valorar su apariencia, pero…no puedo hacer lo mismo por todas, alguien tiene que pagar —. Los ojos de la mujer se ensombrecieron, casi se vio tristeza en su cara. —Dígame, joven marine… ¿Ha escuchado alguna vez sobre lo bendecido que son los pelirrojos?
—Mi Señora me ha revelado la verdad. Ustedes nacen de la semilla de los Caídos. Los seres más hermosos que han existido jamás sobre este mundo ¡Es como si fueran hijos del sol! Que tanta energía y vitalidad nos da —La albina volvió a acariciar el rostro del marine con suavidad, posando su mano sobre su mejilla, claramente él podría sentir el penetrante olor a rosas de la mujer. —Por eso son tan especiales, solo su sangre nos puede dotar de tanta energía a los simples mortales como yo y como el resto de mis niñas —. Con eso dicho la mujer deslizó su mano por el rostro del marine hasta que se apartó un paso de él.
—Ustedes los Rubíes son los preciosos sacrificios que La Gran Señora nos exige para mantener esta belleza que estás contemplando —. Al decir eso, una de las manos de la albina, que hasta ahora no se veía por estar cubierta por la manga de su túnica, se apretó con fuerza sobre el mango del martillo que sostuvo antes. —Entonces, ahora que lo sabes ¿Va usted a complacerme? Bueno, tampoco es como que tenga mucha opción. Es por un bien mayor.
Estando a menos de un metro del hombre, la mujer solo tuvo que alzar su mano con el martillo para golpearlo del nuevo, esta vez, el golpe fue al lado izquierdo de la cabeza del pelirrojo y, a diferencia del golpe anterior, más torpe, este fue hecho con toda la intención del mundo y, sobre todo, sin ocultar sus verdaderas intenciones.
Él debía ser sacrificado.
Cosmetiquera
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