23-04-2026, 05:46 AM
[personajeinvalido=3421]
¿El uniforme? La mirada chocolate acaricia el color ámbar en los orbes del hombre que abraza su cuerpo. Una amplia sonrisa, entre risueña, bromista y maravillada se abre paso en la faz de la amazona, porque en medio del tormentoso escenario, rodeado por sus compañeros de tripulación y por un considerable número de piratas; no puede evitar pensar que no lo amaría por una razón tan aburrida y superflua como esa: Los uniformes se ensucian, se rompen, se dañan, se convierten en jirones, terminan en la basura y, por último, el proceso vuelve a reiniciarse, atados a los designios de una institución que a ninguno de ellos termina por convencer.
La fémina ríe ante sus palabras, levanta el mentón y se deja guiar por un capitán que huye de las responsabilidades en la medida de lo correcto, de lo necesario. ¿Lo importante? El bienestar de la tripulación; de sus amigos; de aquellos seres que, al encontrarse, se observan con el brillo propio de quienes nunca dejaron de preocuparse por los suyos, de quienes bromean en medio de la lluvia haciendo caso omiso a los apabullantes designios del mar, de quienes están dispuestos a esforzarse una última vez para alejarse del trato amargo en el que New Era Joy Park se había convertido.
Es por ello que el dolor se vuelve nimio cuando la amazona recorre la cubierta hasta llegar a la proa, el cansancio se torna éxtasis al llevar sus manos hacia la maquinaria, la gratitud se transforma en una amplia sonrisa al notar la presencia del enorme hombre azulado quien, tendiendo una mano, hace que el trabajo pesado se convierta en algo ameno. La inconfundible voz de su amiga rompe el ruido proveniente de las olas cuando una cuerda es dejada entre sus dedos y, por primera vez, el orgullo se disuelve al atar el pedazo de soga alrededor de su cuerpo.
Los constantes movimientos hacen que el equilibrio se pierda con facilidad, siendo su fuerza lo único que la mantiene en pie. Cardan se aferra a Runin como si su vida dependiera de ello y, quizá, sea así. Apiadándose de la pobre serpiente que parece querer volar, decide emprender rumbo a los camarotes, buscando de nueva cuenta a sus compañeros. El estado de Tezca es casi deplorable, aunque Barald no se encuentra en mejor condición, la serpiente incluso se acicala un poco contra ellos.

—Al final debo admitirlo, solo un rock star seguiría viéndose bien estando en esa condición.
Ríe observando al rubio, extrayendo de su short la petaca con los últimos sorbos de vino, bebe un poco antes de lanzarle, sin ejercer fuerza, lo que queda a Tezca. —Sabe asqueroso, pero un trago nunca viene mal, cariño, fufu. —La presencia preocupada de Ryota se hace evidente al cabo de un rato, antes de volver a desaparecer. —No se pierdan la fiesta, guapos.
Sentencia después de un rato, alejándose, siendo perseguida por Cardan, quien ahora tiene su propia cuerda de seguridad. ¿Para qué? Ni idea, si ha vuelto a aferrarse al cuerpo de Runin.
Un fuerte rayo atraviesa el cielo hasta golpear algún lejano punto, ilumina incluso las pequeñas ventanas del ferry, una tras otra, la oscuridad del lugar empieza a brillar con destellos que la fémina no demora en seguir, el viento arrecia por las aberturas de las puertas y los pasos de los piratas se escuchan lejanos a pesar de estar a un par de pasos de ella. ¿Qué está sucediendo? Cuando al fin el rostro de la fémina se asoma hacia el exterior queda extasiada ante la imagen frente a sus ojos.
Otro rayo estalla y la rojiza elevación arranca una sonrisa en los labios de la amazona. ¿Es en serio? Un paso hacia el exterior es seguido de otro; sus manos se aferran al navío mientras la luz natural la guía hacia adelante. El ferry se mece sin ofrecer mayor resistencia, y la lluvia azota azota los rostros de los presentes con implacable insistencia. Siente las caricias de Cardan como fuertes golpes contra su mejilla, ambos logran verse, a duras penas, entiendo lo obvio. El brillo en sus miradas se vuelve uno: La Red Line.
Cada tortuoso paso se vuelve ligero ante una mente plagada de eufóricos pensamientos. Los gritos de los presentes encienden el corazón de la fémina, las cuerdas de la mujer y su mascota son amarradas a la barandilla de la proa cuando el ascenso en inminente y los gritos de Yuuki se elevan provocando que la risa de Runin estalle, combinándose con la de Ryota, quien viendo mejor, se encuentra a su lado.
¿En serio están escalando la Red Line? ¿Están a punto de llegar al Grand Line? A pesar del frío que el temporal les ofrece, la presión de su brazalete se siente cálida en su brazo. Un cúmulo de recuerdos golpea la mente de la fémina, no pensó estar un paso más cerca de su verdadero objetivo, pero ahí estaba. Rodeada de los suyos, con Cardan siseando ante el escenario, con sus manos dolientes aferradas a la barandilla y la risa más estridente que alguna vez pudo haber escapado de sus labios.

—¡PREPÁRATE GRAND LINE! ¡LOS HANU MAHANA ESTÁN A PUNTO DE LLEGAR! FUFUFUFUFUFU.
La sensación ingrávida empieza a llenar de golpe su estómago, haciendo que la emoción bulla, que los hombros tiemblen y la sonrisa en sus labios se entumezca al no dejar de extenderla. —¡Cada vez estamos más cerca, Cardan! —Respira profundo preparándose para el descenso. —Iremos a casa.
¿El uniforme? La mirada chocolate acaricia el color ámbar en los orbes del hombre que abraza su cuerpo. Una amplia sonrisa, entre risueña, bromista y maravillada se abre paso en la faz de la amazona, porque en medio del tormentoso escenario, rodeado por sus compañeros de tripulación y por un considerable número de piratas; no puede evitar pensar que no lo amaría por una razón tan aburrida y superflua como esa: Los uniformes se ensucian, se rompen, se dañan, se convierten en jirones, terminan en la basura y, por último, el proceso vuelve a reiniciarse, atados a los designios de una institución que a ninguno de ellos termina por convencer.
Ryota Miyamoto no necesita un uniforme para encandilar.
En buena hora.
Porque Runin Kitay jamás se dejaría deslumbrar por algo así.
En buena hora.
Porque Runin Kitay jamás se dejaría deslumbrar por algo así.
La fémina ríe ante sus palabras, levanta el mentón y se deja guiar por un capitán que huye de las responsabilidades en la medida de lo correcto, de lo necesario. ¿Lo importante? El bienestar de la tripulación; de sus amigos; de aquellos seres que, al encontrarse, se observan con el brillo propio de quienes nunca dejaron de preocuparse por los suyos, de quienes bromean en medio de la lluvia haciendo caso omiso a los apabullantes designios del mar, de quienes están dispuestos a esforzarse una última vez para alejarse del trato amargo en el que New Era Joy Park se había convertido.
Es por ello que el dolor se vuelve nimio cuando la amazona recorre la cubierta hasta llegar a la proa, el cansancio se torna éxtasis al llevar sus manos hacia la maquinaria, la gratitud se transforma en una amplia sonrisa al notar la presencia del enorme hombre azulado quien, tendiendo una mano, hace que el trabajo pesado se convierta en algo ameno. La inconfundible voz de su amiga rompe el ruido proveniente de las olas cuando una cuerda es dejada entre sus dedos y, por primera vez, el orgullo se disuelve al atar el pedazo de soga alrededor de su cuerpo.
Los constantes movimientos hacen que el equilibrio se pierda con facilidad, siendo su fuerza lo único que la mantiene en pie. Cardan se aferra a Runin como si su vida dependiera de ello y, quizá, sea así. Apiadándose de la pobre serpiente que parece querer volar, decide emprender rumbo a los camarotes, buscando de nueva cuenta a sus compañeros. El estado de Tezca es casi deplorable, aunque Barald no se encuentra en mejor condición, la serpiente incluso se acicala un poco contra ellos.

—Al final debo admitirlo, solo un rock star seguiría viéndose bien estando en esa condición.
Ríe observando al rubio, extrayendo de su short la petaca con los últimos sorbos de vino, bebe un poco antes de lanzarle, sin ejercer fuerza, lo que queda a Tezca. —Sabe asqueroso, pero un trago nunca viene mal, cariño, fufu. —La presencia preocupada de Ryota se hace evidente al cabo de un rato, antes de volver a desaparecer. —No se pierdan la fiesta, guapos.
Sentencia después de un rato, alejándose, siendo perseguida por Cardan, quien ahora tiene su propia cuerda de seguridad. ¿Para qué? Ni idea, si ha vuelto a aferrarse al cuerpo de Runin.
Un fuerte rayo atraviesa el cielo hasta golpear algún lejano punto, ilumina incluso las pequeñas ventanas del ferry, una tras otra, la oscuridad del lugar empieza a brillar con destellos que la fémina no demora en seguir, el viento arrecia por las aberturas de las puertas y los pasos de los piratas se escuchan lejanos a pesar de estar a un par de pasos de ella. ¿Qué está sucediendo? Cuando al fin el rostro de la fémina se asoma hacia el exterior queda extasiada ante la imagen frente a sus ojos.
Otro rayo estalla y la rojiza elevación arranca una sonrisa en los labios de la amazona. ¿Es en serio? Un paso hacia el exterior es seguido de otro; sus manos se aferran al navío mientras la luz natural la guía hacia adelante. El ferry se mece sin ofrecer mayor resistencia, y la lluvia azota azota los rostros de los presentes con implacable insistencia. Siente las caricias de Cardan como fuertes golpes contra su mejilla, ambos logran verse, a duras penas, entiendo lo obvio. El brillo en sus miradas se vuelve uno: La Red Line.
Cada tortuoso paso se vuelve ligero ante una mente plagada de eufóricos pensamientos. Los gritos de los presentes encienden el corazón de la fémina, las cuerdas de la mujer y su mascota son amarradas a la barandilla de la proa cuando el ascenso en inminente y los gritos de Yuuki se elevan provocando que la risa de Runin estalle, combinándose con la de Ryota, quien viendo mejor, se encuentra a su lado.
¿En serio están escalando la Red Line? ¿Están a punto de llegar al Grand Line? A pesar del frío que el temporal les ofrece, la presión de su brazalete se siente cálida en su brazo. Un cúmulo de recuerdos golpea la mente de la fémina, no pensó estar un paso más cerca de su verdadero objetivo, pero ahí estaba. Rodeada de los suyos, con Cardan siseando ante el escenario, con sus manos dolientes aferradas a la barandilla y la risa más estridente que alguna vez pudo haber escapado de sus labios.

—¡PREPÁRATE GRAND LINE! ¡LOS HANU MAHANA ESTÁN A PUNTO DE LLEGAR! FUFUFUFUFUFU.
La sensación ingrávida empieza a llenar de golpe su estómago, haciendo que la emoción bulla, que los hombros tiemblen y la sonrisa en sus labios se entumezca al no dejar de extenderla. —¡Cada vez estamos más cerca, Cardan! —Respira profundo preparándose para el descenso. —Iremos a casa.
BOLSA DE ESTRELLITAS
