[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#38
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Las lágrimas del cielo caían sobre todos aquellos que consiguieron librar a la muerte, y a sus espaldas, lo que en antaño fue un espacio para forjar cadenas desprendía ahora una fuerte humareda que se mostraba ascendente, iluminada por los relámpagos que caían conforme la escena transcurría.

Ryota, ubicado sobre el barandal de la cubierta, acababa de gritar el nombre de sus amigos en un intento desesperado por aferrarse a sus anhelos más personales. No tenía idea de si lo habían conseguido, pero decidió creer en ellos y al igual que un amante en la estación de trenes, esperó a quienes tenían la capacidad de romper su corazón con una simple ausencia.

Aquel que siempre actuaba tranquilo, a quien parecía que los problemas no solían alterarle, no pudo evitar emocionarse cuando los vio a la distancia. 


No supo cuándo ni en qué momento se volvieron tan importantes, pero lo eran. Aquellos a quienes tan solo creía usar para divertirse, ahora lo motivaban a avanzar y enfrentar sus peores miedos para tan solo, volver a disfrutar de su compañía un día más.

—¡CAPITÁÁÁÁÁÁN! —

El portentoso grito de Tezca a la distancia le hizo entender que no eran fruto de sus deseos. En realidad, cada uno de ellos se encontraba allí, atendiendo a su llamado y llegando uno detrás del otro con la fuerza y personalidad que los caracterizaba.

“Kekeke sí que son rudos...” Dijo antes de que estuvieran allí, permitiendo a la lluvia camuflar sus lágrimas de profunda alegría.

Yuuki, Barald, Tezca, Wyatt, Tocho Morocho, Cardan y Runin, todos ellos consiguieron sobrevivir y ahora abordaban el Ferry.

“Kekeke, mira quién habla bro, ¿o estás fingiendo para que Barald te cargue?” Rompió en risas con la llegada de Barald y Tezca, tras haber saludado a Yuuki con una sonrisa. Luego llegó Wyatt junto a Tocho, elogiando a la de cabellos sonrosados y finalmente Runin, que apareció posándose sobre el barandal con cardan en hombros.

Ambas miradas se cruzaron y, antes de poder decir cualquier cosa, el peso de la mujer se abalanzó contra el de los orbes ambarinos, provocando que ambos cayeran sobre el suelo de la cubierta.

“Mis costillas…” Pensó tras el impacto, sintiendo cómo el dolor desaparecería ante las jocosas palabras de la morena. “Kekeke, ¿qué te puedo decir? Las chicas aman el uniforme.” Bromeo, aprovechando el poco espacio entre ellos para abrazarla aún con Kardan lameteándolo. Sus narices se juntaron en un fugaz momento y volvieron a ponerse de pie en medio de los suyos.

Antes de poder separar los labios de nuevo, Runin ya disparaba encomiendas a los presentes, para ponerse manos a la obra. Era una mujer que no veía descanso ante la adversidad. “Kekeke, ¿navegar esta cafetera en medio de una tormenta?, Demasiado trabajo, esforcémonos por hacer que se mueva y descansemos.” Trato de quitarse la responsabilidad como bien sabía. “Barald, lleva a Tezca a uno de los camarotes para que descanse un rato. Los demás… después de que este barco avance, hagan lo que quieran.” Sonrió al finalizar sus “órdenes” y emprendió camino hacia las calderas del ferry.

No disfrutaba del trabajo duro en absoluto, sin embargo, viendo el estado de los demás y la disposición de otros. Prefirió ser el quien se desplazara rápidamente hasta el cuarto de máquinas, para tomar la pala y comenzar a llenar de carbón los hornos que ayudaban al barco a avanzar.

De una u otra forma, el ferry se movió con ayuda natural, mecido con violencia por las furiosas olas que se arremolinaban en su base. De no ser por sus ojos acostumbrados a la poca visibilidad, Ryota se habría perdido en la oscuridad del cuarto; sin embargo, consiguió encender las calderas y dejarlas rebosantes de carbón.

No tenía la intención de volver a hacer algo como eso nunca.




Pasadas las horas, el castaño salió del cuarto de máquinas, masticó uno de sus chicles, recibió la soga de su compañera para aferrarla a su cuerpo y estar preparado para engancharla en el momento justo. Visitó a Tezca reuniéndose con Barald y Runin, y se desplazó a cubierta tras notar por la ventana del camarote cómo la furiosa marea los arrastraba desde su salida del New Era.

Era la primera vez que veía algo así en su vida, como si el mismísimo dios del mar se estuviera encargando de obligarlos a seguir un rumbo predefinido, y el papel de quien los llevara fuera únicamente no sobrecargar el timón.

Sus conocimientos eran escasos para llegar a entender la naturaleza del fenómeno, mas su curiosidad lo llevó a ubicarse en la punta de la cubierta junto a los que estuvieran allí. Cualquier navegante querría saber por sí mismo cuál sería el final de ese recorrido, no tardó en darse cuenta gracias a la claridad que ofrecían los caóticos relámpagos del lugar en el que se encontraban.

Todo marinero soñaba al menos una vez en su vida con ver ese lugar… la muralla que separaba el mundo y erigía imponente como el cementerio de todos aquellos que no conseguían avanzar hacia el mar donde los sueños se hacen realidad. “Esto es…” Una sonrisa nerviosa curvo sus labios. La excitación y los nervios lo invadieron mientras las fuerzas naturales arremolinaban alrededor del ferry dándole un nuevo impulso.

Salir de ese infierno para ser engullidos por el mar y liberados en la red lane…



“¡KEKEKE si que eres un cabronazo maldito dios!”

Gritó en medio de los relámpagos, la lluvia y las olas que golpeaban contra la gigantesca muralla. El dios del que tanto le hablaron sus padres se mostraba benevolente con los sueños del pirata y aun después de hacerlo pasar, por tanto, lo llevó al lugar donde finalmente deseaba llegar, junto a las personas con las que deseaba hacerlo.

Casualidad, suerte, destino, nada de eso importaba, lo importante era que estaba allí y tras haber demostrado que lo merecía, el mar dictaba el único camino posible.

La presión de la corriente los levantó, el camino antes horizontal se curvó en diferentes grados haciendo del ascenso algo antinatural, y los afilados riscos de los bordes naturales se ofrecían amenazantes ante los maderos del prominente ferry. No obstante, el mismo navío se abrió paso hasta llegar a lo más alto, y Ryota lo entendió al poder ver la cumbre iluminada por los relámpagos.

Todo lo que sube, tiene que bajar.

“¡Agarraos!”

Grito el gigante azul y sin perder tiempo, Ryota enganchó su cuerda contra el barandal de la proa frente a él, aferrándose con fuerza mientras veía en primera fila junto a todos aquellos quienes estuvieran cerca, el descenso al mar más peligroso del mundo.

— ¡CAPITÁN! ¡MIRE! ¡OLVÍDATE DE LA MONTAÑA RUSA, ESTO ES MUCHO MEJOR! —

La sonrisa invadió su rostro mientras los vientos del descenso movían sus cabellos y su manchada capa blanca.



“¡KEKEKE TIENES TODA LA RAZÓN! ¡PRÓXIMA PARADA! ¡EL MALDITO GRAND LANE!”

La emoción se escuchó eufórica en su voz; aun sin saber si seguirían vivos tras ese descenso, se sintió como un niño pequeño que disfrutaba con ingenuidad la adrenalina que lo envolvía.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Ryota Miyamoto - 23-04-2026, 03:22 AM

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