22-04-2026, 05:28 PM
En cuanto el capitán subió al barco, no me quedé ni un segundo más en cubierta. Giré sobre mis talones y me dirigí directamente hacia el piso inferior. Si alguien tenía que estar ahí, era él. Tensui, porque, siendo honestos, si había alguien no óptimo en todo esto era ese desastre sin una pata y aun así, dudaba que se lo hubieran llevado, ese taller era prácticamente una extensión de su cuerpo, bajé las escaleras con paso rápido, todavía acomodándome la respiración, hasta quedar frente a la puerta de su taller e intenté abrirla con cuidado, pero simplemente no pude al primer instante, algo pesado la bloqueaba desde dentro. Fruncí el ceño y empujé un poco más fuerte, pero nada. Resoplé y entonces sí, apoyé el peso de mi cuerpo, tensando los brazos, insistiendo hasta que la puerta cedió poco a poco con un sonido áspero, arrastrando lo que fuera que estuviera obstaculizándola.
—Tensui, querido, déjame entrar —murmuré entre dientes, más por costumbre que porque esperara respuesta, finalmente logré abrir un espacio suficiente para colarme y el interior era bueno, exactamente lo mismo que había dejado antes de haberme desmayado, inventos rotos por todas partes, piezas tiradas, metales apilados sin orden alguno y ese olor, ese olor que parecía una mezcla de aceite, calor y algo que definitivamente no debería oler así.
Arrugué un poco la nariz. —Uf, por todos los peces del mar, sigues igual de encantador, ¿eh? —susurré, avanzando con cuidado entre el caos, mis ojos buscando alguna señal de vida entre todo ese desastre, Porque si Tensui estaba ahí, seguro no se estaba quieto, al menos ese era mi pensamiento, hasta que lo vi al fondo del taller, en la misma silla de siempre, estaba sentado, con el rostro apoyado sobre la mesa repleta de piezas, herramientas y chatarra como de costumbre. por un segundo parecía que solo estaba descansando. —Oye, Tensui ya estamos de vuelta, glup —dije mientras avanzaba, como siempre, tocando todo lo que encontraba a mi paso, casi por reflejo con ganas de tomar lo que no era mio aunque ni siquiera supiera para que servía —¿Por qué no fuiste a ayudarnos?— No hubo respuesta de parte del gyojin entonces di un par de pasos más, acercándome lo suficiente al gyojin marlín, y entonces sentí ese olor, pesado, denso, incorrecto, el mismo olor de un pescado muerto, en mal estado, fruncí la nariz, mi cuerpo tensándose apenas mientras estiraba la mano para tocarlo, estaba frío, demasiado frio y tan duro como una piedra.
—¿Tensui? — Le di un pequeño empujón, casi como una broma mal pensada, pero su cuerpo no reaccionó como debería, cayó al suelo con un peso muerto, seco, sin resistencia y ahí lo entendí. —Ahhh—exhalé, quedándome quieta un segundo, estaba muerto, así de simple, no había sangre, no había señales de lucha, solo se había ido. Un infarto, quizá, algo rápido, algo estúpido para un tipo como él. Me cubrí la cara por un instante, más por el olor que por otra cosa, haciendo una mueca de asco, pero eso no duró mucho, porque al final soy yo.
Mis ojos comenzaron a moverse por la habitación, buscando algo con qué cubrirlo, algo que no lo dejara ahí tirado como otro objeto más de su propio taller. Di un par de pasos, apartando piezas con el pie y en medio de eso, sin querer queriendo, mis manos hicieron lo de siempre, revisar sus pertenencias, rápido, natural, busqué entre sus bolsillos sacando todos sus berries los cuales cayeron en mi mano casi sin esfuerzo, y los guardé con la misma facilidad. —Perdóname, amigo —murmuré, sin mucha emoción —No vas a necesitar esto en el más allá, lo necesito yo en el más acá. — No era crueldad, era mi propia costumbre. Finalmente encontré una manta entre todo ese desastre y volví hacia él, me agaché, cubriendo su cuerpo con un gesto más cuidadoso de lo que me habría gustado admitir.
—Descansa o lo que sea que hagan los tipos como tú —añadí bajito, me quedé ahí un segundo más y luego me levanté, tomé su tridente, su estoque de la mesa y dos estoques mas que estaban apoyados al lado de la mesa donde murió y procedí a salir del taller. —Volverás al mar amigo, no te preocupes. — Salí de la habitación para ir a cubierta, probablemente Sanemi ya se había acercado y tendríamos que zarpar dentro de nada.
Como el viento, el tiempo, el mar y la misma isla parecían no querernos ahí y Sanemi no daba señales de acercarse tuve que tomar el timón. —CAPITAN, HAY QUE SACAR ESTE BARCO DE AQUÍ AHORA. — Me aferré al timón como si fuera lo último que haría en toda mi vida, éramos solo dos personas para un barco de este tamaño y con un clima tan extremo, no le hablaria a Dharma sobre la muerte de Tensui, al menos no ahora mismo. —Capitaaan, suelta escotas, deja que flameeen. — Era obvio si una racha de viento amenaza como las de justo ahora las velas deben perder presión. Aun así parecía no ceder y el barco era más llevado por el viento y el oleaje que por mi propia guía.
—CAPITAN CANTAME LA DEMORA DE LOS OTROS BARCOS. — La única forma de no chocar con otro de los barcos era saber la demora que tenían el uno del otro, buscando que ninguna colisión se diera para no hundirnos en medio de este caos. Las horas seguían pasando y mi cuerpo se sentía lo suficientemente cansado como para simplemente caer desmayado, pero simplemente éramos el capitán y yo, debíamos subir los cabos gemelos, indiscutiblemente, y sin manera de controlarlo algunos barcos chocaban con otros. El Buda había comenzado a subir la reverse mountain aunque las velas desgraciadamente comenzaban a rasgarse como si fueran a explotar por los fuertes vientos, el agua caía en cubierta como balas de cañón y el timón parecía querer irse de vacaciones conmigo incluida después de un ascenso que parecía haber sido eterno llegamos a subir viendo el final de la montaña, la supuesta cima del mundo y más allá, el Grand Line. —CAPITAAAAN LO LOGRAAAAAAAAAAAAAAA….. — Iba a decir que lo logramos, sin embargo, el descenso había comenzado sin siquiera preguntar una caída hacia un vacío que parecía inexplorado en la oscuridad y espuma de mar.
—Tensui, querido, déjame entrar —murmuré entre dientes, más por costumbre que porque esperara respuesta, finalmente logré abrir un espacio suficiente para colarme y el interior era bueno, exactamente lo mismo que había dejado antes de haberme desmayado, inventos rotos por todas partes, piezas tiradas, metales apilados sin orden alguno y ese olor, ese olor que parecía una mezcla de aceite, calor y algo que definitivamente no debería oler así.
Arrugué un poco la nariz. —Uf, por todos los peces del mar, sigues igual de encantador, ¿eh? —susurré, avanzando con cuidado entre el caos, mis ojos buscando alguna señal de vida entre todo ese desastre, Porque si Tensui estaba ahí, seguro no se estaba quieto, al menos ese era mi pensamiento, hasta que lo vi al fondo del taller, en la misma silla de siempre, estaba sentado, con el rostro apoyado sobre la mesa repleta de piezas, herramientas y chatarra como de costumbre. por un segundo parecía que solo estaba descansando. —Oye, Tensui ya estamos de vuelta, glup —dije mientras avanzaba, como siempre, tocando todo lo que encontraba a mi paso, casi por reflejo con ganas de tomar lo que no era mio aunque ni siquiera supiera para que servía —¿Por qué no fuiste a ayudarnos?— No hubo respuesta de parte del gyojin entonces di un par de pasos más, acercándome lo suficiente al gyojin marlín, y entonces sentí ese olor, pesado, denso, incorrecto, el mismo olor de un pescado muerto, en mal estado, fruncí la nariz, mi cuerpo tensándose apenas mientras estiraba la mano para tocarlo, estaba frío, demasiado frio y tan duro como una piedra.
—¿Tensui? — Le di un pequeño empujón, casi como una broma mal pensada, pero su cuerpo no reaccionó como debería, cayó al suelo con un peso muerto, seco, sin resistencia y ahí lo entendí. —Ahhh—exhalé, quedándome quieta un segundo, estaba muerto, así de simple, no había sangre, no había señales de lucha, solo se había ido. Un infarto, quizá, algo rápido, algo estúpido para un tipo como él. Me cubrí la cara por un instante, más por el olor que por otra cosa, haciendo una mueca de asco, pero eso no duró mucho, porque al final soy yo.
Mis ojos comenzaron a moverse por la habitación, buscando algo con qué cubrirlo, algo que no lo dejara ahí tirado como otro objeto más de su propio taller. Di un par de pasos, apartando piezas con el pie y en medio de eso, sin querer queriendo, mis manos hicieron lo de siempre, revisar sus pertenencias, rápido, natural, busqué entre sus bolsillos sacando todos sus berries los cuales cayeron en mi mano casi sin esfuerzo, y los guardé con la misma facilidad. —Perdóname, amigo —murmuré, sin mucha emoción —No vas a necesitar esto en el más allá, lo necesito yo en el más acá. — No era crueldad, era mi propia costumbre. Finalmente encontré una manta entre todo ese desastre y volví hacia él, me agaché, cubriendo su cuerpo con un gesto más cuidadoso de lo que me habría gustado admitir.
—Descansa o lo que sea que hagan los tipos como tú —añadí bajito, me quedé ahí un segundo más y luego me levanté, tomé su tridente, su estoque de la mesa y dos estoques mas que estaban apoyados al lado de la mesa donde murió y procedí a salir del taller. —Volverás al mar amigo, no te preocupes. — Salí de la habitación para ir a cubierta, probablemente Sanemi ya se había acercado y tendríamos que zarpar dentro de nada.
Como el viento, el tiempo, el mar y la misma isla parecían no querernos ahí y Sanemi no daba señales de acercarse tuve que tomar el timón. —CAPITAN, HAY QUE SACAR ESTE BARCO DE AQUÍ AHORA. — Me aferré al timón como si fuera lo último que haría en toda mi vida, éramos solo dos personas para un barco de este tamaño y con un clima tan extremo, no le hablaria a Dharma sobre la muerte de Tensui, al menos no ahora mismo. —Capitaaan, suelta escotas, deja que flameeen. — Era obvio si una racha de viento amenaza como las de justo ahora las velas deben perder presión. Aun así parecía no ceder y el barco era más llevado por el viento y el oleaje que por mi propia guía.
—CAPITAN CANTAME LA DEMORA DE LOS OTROS BARCOS. — La única forma de no chocar con otro de los barcos era saber la demora que tenían el uno del otro, buscando que ninguna colisión se diera para no hundirnos en medio de este caos. Las horas seguían pasando y mi cuerpo se sentía lo suficientemente cansado como para simplemente caer desmayado, pero simplemente éramos el capitán y yo, debíamos subir los cabos gemelos, indiscutiblemente, y sin manera de controlarlo algunos barcos chocaban con otros. El Buda había comenzado a subir la reverse mountain aunque las velas desgraciadamente comenzaban a rasgarse como si fueran a explotar por los fuertes vientos, el agua caía en cubierta como balas de cañón y el timón parecía querer irse de vacaciones conmigo incluida después de un ascenso que parecía haber sido eterno llegamos a subir viendo el final de la montaña, la supuesta cima del mundo y más allá, el Grand Line. —CAPITAAAAN LO LOGRAAAAAAAAAAAAAAA….. — Iba a decir que lo logramos, sin embargo, el descenso había comenzado sin siquiera preguntar una caída hacia un vacío que parecía inexplorado en la oscuridad y espuma de mar.
Estanque de peces
