22-04-2026, 01:44 PM
(Última modificación: 22-04-2026, 01:49 PM por Juan Sebastian.)
—Hablo—
—Pienso—
Salida de Kutsukku
Poco después de que subiéramos al barco, cierto pervertido a quien había extrañado más de lo que me gustaría admitir —¡¿Esto era el parque?!— Mencioné con asombro. Debido al estrés de la situación, ni siquiera me había fijado en ese hecho —Hmmm… Tienen que mejorar el servicio, eso sin dudas—. Enji había traído a lo que parecía ser un hombre-pingüino a juzgar por la estatura y forma ¿Acaso esa cosa era a la que le tocó enfrentar a él?
Entonces, mi querido amigo se dirigió a mí para saludarme, pero cuando me dispuse a chocar manos con él, para sacar pecho de nuestro triunfo contra las bestias del zoológico, su ropa interior cedió, como de costumbre. Tras arquear una ceja y dar un repaso a la totalidad de su figura desnuda, le dije entre risas —Nunca cambias eee... Maldito nudista orgulloso. Jajajaja—
Tras Enji, apareció Mamasi, que se aferró a Sigrid entre lágrimas —¡Así que fuiste tú! Nos salvaste de una buena jajaja— Se la veía preocupada, pero no mentía si dijese que ese rayo fue la clave que logró que pudiéramos abatir a ese maldito mono.
Mientras Sigrid se preparaba para tratar al hombre pingüino, alguien que por apariencia parecía ser un poderoso enemigo se subió al barco —¿Quién mier-?— Solté con sobresalto, pero mis palabras fueron cortadas por lo que parecía ser un movimiento antinatural, hasta que debajo de su cuerpo se empezó a ver el maltratado cuerpo de mi querido amigo, que meses atrás me recibió en las costas de Baterilla, levantando a esa mole de carne como si de un trofeo se tratase, acompañado de un grito extremadamente varonil. Ante tal demostración de virilidad, no me quedó más que aplaudir usando mi pinza y mi mano, embobado por la espectacular imagen que tenía delante.
El viento que soplaba sin vehemencia puso el barco en marcha antes de que estuviésemos listos y los truenos parecían poner una música tensa a nuestro viaje. Desde la cubierta podía observar al ferry, que también había zarpado de la isla —¿Estarán bien?— Me pregunté para mis adentros, pensando en el chico moreno y Mizuki.
Frente a la Red Line
Música
Unas horas más tarde, por fin pudimos ver de frente lo que era la Red Line, un impresionante muro que subía hacia las nubes, casi como si el mundo terminase al llegar al mismo —¡Eso sí que es un muro! JAJAJAJA— Dije con una mezcla de emoción y cansancio mientras iba reparando los desperfectos de la cubierta como bien podía.
Al sentir el crujir de la madera del barco antes de ser encauzados por la corriente ascendente, decidí entrar al interior del navío, no sin antes coger al hombre pingüino, por su propia seguridad. Me preocupaban los daños que pudiera sufrir en el casco y Akira, que era nuestro único carpintero, estaba ocupado con sus tareas como navegante. Yo era manitas, que no era lo más óptimo, pero algo era algo, por lo que me dispuse a tapar las fugas que iban surgiendo.
De un momento a otro, el barco aceleró y el suelo del mismo se inclinó con brusquedad, provocando que rodase de un lado a otro de las bodegas —¡Auch! ¡¡Akira, maneja con Cuidado lechess!!— Grité, aún sabiendo que mis quejas no podían ser escuchadas desde el interior del navío. Al menos nuestro gran navegante tenía el momento que tanto había esperado de demostrar sus habilidades.
Cajita de Tortuga

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