21-04-2026, 11:29 PM
[personajeinvalido=3421]
Cada paso se siente más ligero que el anterior, la mirada oscila entre la luz roja y las parpadeantes luces que brillan alrededor de puertas cerradas, un par de veces está a punto de tropezar debido a los constantes temblores que le obligan a perder estabilidad, mas no demora en recomponer la compostura, enderezarse y continuar enfocada en lo que importa.
¿El dolor de sus piernas y pies? Irrelevante. ¿La respiración que se acelera ante cada paso? Sin importancia. ¿El constante pitido en sus oídos que le obliga a presionar sus muelas, fruncir el entrecejo y taparse los oídos? ¡Un paseo en el parque! Todo es insignificante ante la posibilidad de encontrar un escape, una salida, algo a lo qué aferrarse. La voz escapa y nunca se había sentido tan bien por poder expresarse sin sentirse encerrada.
—¡CARDAAAAAAAAAAAAAAAN! —¿Qué si alguien la intercepta e intenta golpearla? ¿Qué importa si el lugar parece sucumbir? La voz vuelve a levantarse, ruidosa, esporádica, necesitada. —¡SOY YO, CARDAN! ¿DÓNDE ESTÁS? —Él debe estar bien. Runin sabe que debe estarlo, porque desde que es una niña él siempre ha estado para ella, desde que era una pequeña serpiente de no más de diez centímetros.
Cuando aún siendo una niña la amazona le pedía esconderse para no ser asesinado por su madre, cuando le daba de su propia comida aunque ella quedaba sin comer durante todo el día, cuando Runin le hacía camas improvisadas con hojas y su propia ropa; cuando lo llevaba a cazar y Cardan solo se quedaba dormido en el cuello de la fémina. Siempre, desde que tiene uso de razón, él ha estado a su lado.
—¡CARDAN! ¡SOY RUNIN! —La desesperación hace mella. Ella hizo de su serpiente un cobarde, alguien a quien le pedía ocultarse por el miedo de perderlo. El único ser a quien le permite el miedo y la falta de valentía, porque eso fue todo lo que ella pudo enseñarle.
Las escaleras se extienden frente a sus ojos y la frialdad del exterior golpea sus mejillas cuando logra ascender hacia la anhelada libertad. Un par de lágrimas se diluyen entre las gotas de agua que, más que acariciar su rostro, golpean con imparable vigor. El escenario que se edifica la deja sin aliento por tan solo un par de segundos, no, no puede perder el tiempo. Debe continuar adelante, debe buscarlo. ¿Estará afuera? ¿O tendrá que volver a ingresar? Runin no tiende a ser una persona indecisa.
Es justo ahí, en medio de la basura, la infraestructura precaria, el suelo cubierto de metal roído, aparatos oxidados y cables que algo aparece, asaltándola en un sorpresivo movimiento veloz que le impide reaccionar a tiempo. Está a punto de golpear a aquel ser cuando lo ve ascendiendo hasta envolverse en su cuello y después alrededor de su cuerpo. ¿Intenta detener sus movimientos? ¿Quiere atraparla para que no pueda escapar de aquel edificio que parece caerse a pedazos? ¿Quiere asfixiarla?
Una lágrima se derrama seguida de otra, y aunque el cielo se cae el grito de la fémina se escucha cuando sus brazos se ciñen alrededor de aquello que la aprieta con fuerza. Un hipido que le hace ver débil y una sonrisa que comparte con el ser que más ha amado, aquel que al fin se deja ver al levantar la acuosa mirada reptiliana, el mismo que viste su pequeño sombrero y la delicada corbata. Está sucio, mojado, asustado; pero está vivo, al igual que ella.

—¡CARDAN!
La fémina no puede ocultar la felicidad que repentinamente llena la faz de su rostro, menos cuando lo abraza con fuerza y empieza a correr con él en brazos. ¿El peso? Es lo de menos. Siente la calidez de la serpiente al chocar su rostro con el propio, limpiando sus lágrimas, siseando con dulzura, sacando su lengua una y otra vez como si quisiera hablar con ella.
El cartel del parque rompería las ilusiones de cualquiera, menos de la fémina que ignora aquel detalle para salir a través de la puerta. Puede imaginar la decepción de sus amigos ante aquella noticia, sus quejas, sus molestias… y por algún motivo eso solo le hace sonreír de par en par. Incluso Cardan parece no reparar en eso, porque ahora se dedica a indicarle el camino, a hacerle notar aquel ferry al que deben llegar, a escuchar, al fin, una voz conocida.
El pecho de la amazona se llena y una extraña sensación le obliga a respirar con fuerza. Quiere llegar hacia él, hacia ellos. Incluso si a su alrededor hay personas corriendo hacia la libertad, ella solo se enfoca en lo que tiene enfrente. Sus piernas se mueven con fuerza, un peso anhelante se instaura en su interior, una última lágrima escapa y las acciones se hacen con su pensamiento al notar cómo salta a través de la lluvia hasta llegar hasta un barandal del navío. Frente a ella los puede ver, realmente son sus amigos, sus compañeros.
Tezca luce terrible y, a pesar de ellos, se ve fantástico. Barald carga con él, como alguna vez lo hizo con ella; porque él jamás dejaría a ninguno de los Hanu Mahana atrás. Yuuki se ve mucho mejor, Wyatt baja de Tocho Morocho ¿esos tres han estado juntos? Y por último…
La fémina gira el rostro hacia su izquierda, notando la presencia de él junto a ella porque la amazona ha caído a su lado. Los labios se separan en una sonrisa cuando, sin pensarlo, se lanza sobre él, obligándolo a caer hacia la cubierta, con ella encima.

—FUFUFU ¿Desde cuándo eres un marine? ¡Nos volvemos a ver y me encuentro con esta traición!
Ríe sintiéndose en su hogar; a pesar de las circunstancias. Cardan ha quedado en medio de ellos, así que se deslinda un poco de su mejor amiga para abrazar a Ryota. —Gritas demasiado, cariño. ¡Ve a navegar este navío! Nosotros nos encargamos del resto. —Sentencia mirándolo con fijeza, seguido junta sus narices en un tacto ligero que desaparece al instante. Después tendrán tiempo para lamer sus heridas y contar historias de guerra, para sentirse bien entre sus brazos.
—¡Aún tenemos que escapar de este lugar de mierda, chicos! —Levantándose extiende su mano hacia Ryota, ayudándolo.

—¡Hagan lo que el capitán necesita! ¡Me encargaré del ancla!
Sentencia corriendo hacia la proa, Cardan suelta a Ryota, siguiendo a su dueña, quien se siente a gusto cuando él vuelve a subir sobre ella, abrazándola del cuello. Fuerza y maquinaria mecánica. El molinete es el objetivo de la fémina cuando llega a proa, puede que no sepa navegar un barco, pero claro que puede ayudar a hacerlo andar. Es por eso que se dedica a levantar el ancla ayudada por la maquinaria, pidiendo, de paso, ayuda a las personas a su alrededor.
Puede que no haya un parque de diversiones en dónde pasar las horas riendo. Puede que esté herida al igual que sus amigos, y puede que esa no haya sido la mejor experiencia del mundo; sin embargo, no puede evitar pensar que estando junto a ellos, está en casa, y que hará todo lo que sea necesario para mantenerlos a salvo.
Reacción previa - Sala Grupo 7
Cada paso se siente más ligero que el anterior, la mirada oscila entre la luz roja y las parpadeantes luces que brillan alrededor de puertas cerradas, un par de veces está a punto de tropezar debido a los constantes temblores que le obligan a perder estabilidad, mas no demora en recomponer la compostura, enderezarse y continuar enfocada en lo que importa.
¿El dolor de sus piernas y pies? Irrelevante. ¿La respiración que se acelera ante cada paso? Sin importancia. ¿El constante pitido en sus oídos que le obliga a presionar sus muelas, fruncir el entrecejo y taparse los oídos? ¡Un paseo en el parque! Todo es insignificante ante la posibilidad de encontrar un escape, una salida, algo a lo qué aferrarse. La voz escapa y nunca se había sentido tan bien por poder expresarse sin sentirse encerrada.
—¡CARDAAAAAAAAAAAAAAAN! —¿Qué si alguien la intercepta e intenta golpearla? ¿Qué importa si el lugar parece sucumbir? La voz vuelve a levantarse, ruidosa, esporádica, necesitada. —¡SOY YO, CARDAN! ¿DÓNDE ESTÁS? —Él debe estar bien. Runin sabe que debe estarlo, porque desde que es una niña él siempre ha estado para ella, desde que era una pequeña serpiente de no más de diez centímetros.
Cuando aún siendo una niña la amazona le pedía esconderse para no ser asesinado por su madre, cuando le daba de su propia comida aunque ella quedaba sin comer durante todo el día, cuando Runin le hacía camas improvisadas con hojas y su propia ropa; cuando lo llevaba a cazar y Cardan solo se quedaba dormido en el cuello de la fémina. Siempre, desde que tiene uso de razón, él ha estado a su lado.
—¡CARDAN! ¡SOY RUNIN! —La desesperación hace mella. Ella hizo de su serpiente un cobarde, alguien a quien le pedía ocultarse por el miedo de perderlo. El único ser a quien le permite el miedo y la falta de valentía, porque eso fue todo lo que ella pudo enseñarle.
Las escaleras se extienden frente a sus ojos y la frialdad del exterior golpea sus mejillas cuando logra ascender hacia la anhelada libertad. Un par de lágrimas se diluyen entre las gotas de agua que, más que acariciar su rostro, golpean con imparable vigor. El escenario que se edifica la deja sin aliento por tan solo un par de segundos, no, no puede perder el tiempo. Debe continuar adelante, debe buscarlo. ¿Estará afuera? ¿O tendrá que volver a ingresar? Runin no tiende a ser una persona indecisa.
Es justo ahí, en medio de la basura, la infraestructura precaria, el suelo cubierto de metal roído, aparatos oxidados y cables que algo aparece, asaltándola en un sorpresivo movimiento veloz que le impide reaccionar a tiempo. Está a punto de golpear a aquel ser cuando lo ve ascendiendo hasta envolverse en su cuello y después alrededor de su cuerpo. ¿Intenta detener sus movimientos? ¿Quiere atraparla para que no pueda escapar de aquel edificio que parece caerse a pedazos? ¿Quiere asfixiarla?
No…
Él jamás haría algo así.
Él jamás haría algo así.
Una lágrima se derrama seguida de otra, y aunque el cielo se cae el grito de la fémina se escucha cuando sus brazos se ciñen alrededor de aquello que la aprieta con fuerza. Un hipido que le hace ver débil y una sonrisa que comparte con el ser que más ha amado, aquel que al fin se deja ver al levantar la acuosa mirada reptiliana, el mismo que viste su pequeño sombrero y la delicada corbata. Está sucio, mojado, asustado; pero está vivo, al igual que ella.

—¡CARDAN!
La fémina no puede ocultar la felicidad que repentinamente llena la faz de su rostro, menos cuando lo abraza con fuerza y empieza a correr con él en brazos. ¿El peso? Es lo de menos. Siente la calidez de la serpiente al chocar su rostro con el propio, limpiando sus lágrimas, siseando con dulzura, sacando su lengua una y otra vez como si quisiera hablar con ella.
El cartel del parque rompería las ilusiones de cualquiera, menos de la fémina que ignora aquel detalle para salir a través de la puerta. Puede imaginar la decepción de sus amigos ante aquella noticia, sus quejas, sus molestias… y por algún motivo eso solo le hace sonreír de par en par. Incluso Cardan parece no reparar en eso, porque ahora se dedica a indicarle el camino, a hacerle notar aquel ferry al que deben llegar, a escuchar, al fin, una voz conocida.
El pecho de la amazona se llena y una extraña sensación le obliga a respirar con fuerza. Quiere llegar hacia él, hacia ellos. Incluso si a su alrededor hay personas corriendo hacia la libertad, ella solo se enfoca en lo que tiene enfrente. Sus piernas se mueven con fuerza, un peso anhelante se instaura en su interior, una última lágrima escapa y las acciones se hacen con su pensamiento al notar cómo salta a través de la lluvia hasta llegar hasta un barandal del navío. Frente a ella los puede ver, realmente son sus amigos, sus compañeros.
Tezca luce terrible y, a pesar de ellos, se ve fantástico. Barald carga con él, como alguna vez lo hizo con ella; porque él jamás dejaría a ninguno de los Hanu Mahana atrás. Yuuki se ve mucho mejor, Wyatt baja de Tocho Morocho ¿esos tres han estado juntos? Y por último…
La fémina gira el rostro hacia su izquierda, notando la presencia de él junto a ella porque la amazona ha caído a su lado. Los labios se separan en una sonrisa cuando, sin pensarlo, se lanza sobre él, obligándolo a caer hacia la cubierta, con ella encima.

—FUFUFU ¿Desde cuándo eres un marine? ¡Nos volvemos a ver y me encuentro con esta traición!
Ríe sintiéndose en su hogar; a pesar de las circunstancias. Cardan ha quedado en medio de ellos, así que se deslinda un poco de su mejor amiga para abrazar a Ryota. —Gritas demasiado, cariño. ¡Ve a navegar este navío! Nosotros nos encargamos del resto. —Sentencia mirándolo con fijeza, seguido junta sus narices en un tacto ligero que desaparece al instante. Después tendrán tiempo para lamer sus heridas y contar historias de guerra, para sentirse bien entre sus brazos.
—¡Aún tenemos que escapar de este lugar de mierda, chicos! —Levantándose extiende su mano hacia Ryota, ayudándolo.

—¡Hagan lo que el capitán necesita! ¡Me encargaré del ancla!
Sentencia corriendo hacia la proa, Cardan suelta a Ryota, siguiendo a su dueña, quien se siente a gusto cuando él vuelve a subir sobre ella, abrazándola del cuello. Fuerza y maquinaria mecánica. El molinete es el objetivo de la fémina cuando llega a proa, puede que no sepa navegar un barco, pero claro que puede ayudar a hacerlo andar. Es por eso que se dedica a levantar el ancla ayudada por la maquinaria, pidiendo, de paso, ayuda a las personas a su alrededor.
Puede que no haya un parque de diversiones en dónde pasar las horas riendo. Puede que esté herida al igual que sus amigos, y puede que esa no haya sido la mejor experiencia del mundo; sin embargo, no puede evitar pensar que estando junto a ellos, está en casa, y que hará todo lo que sea necesario para mantenerlos a salvo.
BOLSA DE ESTRELLITAS

