21-04-2026, 10:58 PM
[personajeinvalido=3427]
Sin gatillar, allí cuando apeló al raciocinio, mientras veía como unos marines, aquellos que plantaban la bandera de la moralidad allí donde iban, recibió un disparo a traición.
Y es que él no temía disparar, pero ni siquiera tuvo la chance cuando fue alcanzado por una bala de rifle justo en el hombro. Hae-Won se había adelantado. Si bien Wyatt tenía la idea de evitar que los números de Barald fuesen tecleados, no lo consiguió con su amenaza. Fue demasiado blando. ¿Y si disparaba primero? Luego podría explicarse. Quizá todo hubiese sido distinto.
Tirado en el suelo, yació unos segundos, sintiendo el frío recorriendo su torso y su hombro punzando, mientras la sangre empezaba a brotar. Atinó, con su brazo sano, a tomarse el otro y elevar la mirada. Todo era un largo pitido que apenas y lo dejaba pensar, que no le dejaba articular pensamiento en paz.
No pudo siquiera ver el resultado del tecleo de números de collares. ¿Barald había muerto? ¿Qué había sucedido realmente? No pudo saberlo, pues Yuuki lo tomó del brazo y atinó a sacarlo de allí antes de que pudiese decir nada. Antes de que pudiese hacerlo, tomó su revolver, pues no iba a olvidárselo ahí, y lo enfundó mientras era sacado de la habitación
Tirado de su cinturón, fue lanzado contra Tocho Morocho en el pasillo, y con el mismo envión se subió a su lomo y, aunque no tan rápido, comenzó a galopar hacia la salida. Ambos, jinete y caballo, heridos por un arma de fuego. Y ambos por marines, valga la redundancia.
Zafarían de aquella. Vivirían otro día más. Pero si antes Wyatt podía tolerar un poco a los marines por verlos simplemente como un eslabón débil utilizado por el gobierno, ahora los veía como hipócritas, autoritarios que sólo usaban un uniforme y una pseudo-autoridad para cometer abusos y ser viles corruptos egoístas. Exactamente eso pensaba de todos ellos, y varios de los marines que había cruzado en Kutsukku ahora se habían comprado un enemigo.
Hasta entonces un simple civil contra el que habían abierto fuego, sin que hubiese disparado primero. Y en algún momento... la herida se cerraría, sólo el día que pueda cobrar su deuda.
Montado en su caballo, siguió a su compañera pelirrosa, la alada que lo arrastró fuera de la sala de malamuerte, y se enfiló de nuevo hacia el ferry.
Ya cerca, aunque sangrando, palpó sus bolsillos intentando ubicar el botiquín que, sin querer, había robado a Dimitri. Bueno, ahora se alegraba de haberlo hecho, y escuchó la voz de Ryota llamando a izar velas y largarse de aquella isla tétrica y espeluznante.
— ¡Bingo! Yo... Sí, no es nuestra mejor versión. Aunque podría ser peor, si no fuera por ella. — dijo luego de reojear a Yuuki y responder a Tezca, mientras había llegado junto a Barald. Pero enseguida chasqueó la lengua, molesto, y echó la vista atrás, como si hubiese olvidado algo —. También podría ser mejor... ¿Por qué te apuraste a sacarme de ahí? Iba a cobrármelas con esa hija de puta. Maldita marine mosquita muerta. Para peor... — comenzó a mirar en todas direcciones y luego se golpeó la cabeza mientras bajaba del caballo y lo arriaba subiendo al ferry, que ya estaba allí.
— Ya me olvidé cómo se veía. Te necesitaré... rosada. — ni se molestó en sacar su folleto macheteado para rememorar el nombre de Yuuki. Estaba agotado, y nada más llegar a cubierta, se desplomó, producto de la pérdida de sangre y el dolor punzante, dejando caer el botiquín robado a su lado.
Sin gatillar, allí cuando apeló al raciocinio, mientras veía como unos marines, aquellos que plantaban la bandera de la moralidad allí donde iban, recibió un disparo a traición.
Y es que él no temía disparar, pero ni siquiera tuvo la chance cuando fue alcanzado por una bala de rifle justo en el hombro. Hae-Won se había adelantado. Si bien Wyatt tenía la idea de evitar que los números de Barald fuesen tecleados, no lo consiguió con su amenaza. Fue demasiado blando. ¿Y si disparaba primero? Luego podría explicarse. Quizá todo hubiese sido distinto.
Tirado en el suelo, yació unos segundos, sintiendo el frío recorriendo su torso y su hombro punzando, mientras la sangre empezaba a brotar. Atinó, con su brazo sano, a tomarse el otro y elevar la mirada. Todo era un largo pitido que apenas y lo dejaba pensar, que no le dejaba articular pensamiento en paz.
No pudo siquiera ver el resultado del tecleo de números de collares. ¿Barald había muerto? ¿Qué había sucedido realmente? No pudo saberlo, pues Yuuki lo tomó del brazo y atinó a sacarlo de allí antes de que pudiese decir nada. Antes de que pudiese hacerlo, tomó su revolver, pues no iba a olvidárselo ahí, y lo enfundó mientras era sacado de la habitación
Tirado de su cinturón, fue lanzado contra Tocho Morocho en el pasillo, y con el mismo envión se subió a su lomo y, aunque no tan rápido, comenzó a galopar hacia la salida. Ambos, jinete y caballo, heridos por un arma de fuego. Y ambos por marines, valga la redundancia.
Zafarían de aquella. Vivirían otro día más. Pero si antes Wyatt podía tolerar un poco a los marines por verlos simplemente como un eslabón débil utilizado por el gobierno, ahora los veía como hipócritas, autoritarios que sólo usaban un uniforme y una pseudo-autoridad para cometer abusos y ser viles corruptos egoístas. Exactamente eso pensaba de todos ellos, y varios de los marines que había cruzado en Kutsukku ahora se habían comprado un enemigo.
Hasta entonces un simple civil contra el que habían abierto fuego, sin que hubiese disparado primero. Y en algún momento... la herida se cerraría, sólo el día que pueda cobrar su deuda.
Montado en su caballo, siguió a su compañera pelirrosa, la alada que lo arrastró fuera de la sala de malamuerte, y se enfiló de nuevo hacia el ferry.
Ya cerca, aunque sangrando, palpó sus bolsillos intentando ubicar el botiquín que, sin querer, había robado a Dimitri. Bueno, ahora se alegraba de haberlo hecho, y escuchó la voz de Ryota llamando a izar velas y largarse de aquella isla tétrica y espeluznante.
— ¡Bingo! Yo... Sí, no es nuestra mejor versión. Aunque podría ser peor, si no fuera por ella. — dijo luego de reojear a Yuuki y responder a Tezca, mientras había llegado junto a Barald. Pero enseguida chasqueó la lengua, molesto, y echó la vista atrás, como si hubiese olvidado algo —. También podría ser mejor... ¿Por qué te apuraste a sacarme de ahí? Iba a cobrármelas con esa hija de puta. Maldita marine mosquita muerta. Para peor... — comenzó a mirar en todas direcciones y luego se golpeó la cabeza mientras bajaba del caballo y lo arriaba subiendo al ferry, que ya estaba allí.
— Ya me olvidé cómo se veía. Te necesitaré... rosada. — ni se molestó en sacar su folleto macheteado para rememorar el nombre de Yuuki. Estaba agotado, y nada más llegar a cubierta, se desplomó, producto de la pérdida de sangre y el dolor punzante, dejando caer el botiquín robado a su lado.
BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
