[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#23
[personajeinvalido=3426]

El tiempo se había acabado justo después de las palabras de la chica del arco y voz maravillosa y como si nada, como si nuestras decisiones no valieran más que un juego maldito, esa misma voz que me había sacado de mis casillas volvió a llenar la sala fría mecánica, comenzó a dictar números, uno tras otro, seis en total, mis ojos se movieron rápido, casi por instinto, buscando, encajando, reconociendo hasta que lo entendí y lo vi, el collar del gigantón azul —Geant bleu —murmuré, apenas, con el ceño fruncido. Su collar no solo brillaba no. Tintineaba más que los demás, vibraba con una intensidad absurda, como si estuviera a punto de romperse desde dentro, más luz, más sonido más muerte.
 
Mi cuerpo se tensó. —No, no, no, no, tenía que ser yo—pero ya era tarde, por un segundo todo pareció quedarse en silencio, como si el mundo contuviera el aliento y entonces BOOM. La explosión llegó brutal, seca, definitiva. El collar estalló y con él, el instante mismo. Mis ojos se abrieron de golpe, el sonido clavándose en los oídos como un maldito castigo. —¡Mierda! — y no terminó ahí. La sala entera se tiñó de rojo, una luz intensa cayendo desde el techo como si estuviéramos dentro de una alarma viviente. El ambiente cambió en un parpadeo, pasando de tensión a caos absoluto.
 
Y entonces sonó una alarma, pero no cualquiera. Era peor que esa que te arranca de la cama en las mañanas, esta te arrancaba la calma, la cabeza, todo. Un chillido constante, insoportable, que parecía empujarte a moverte o morir, apreté mis dagas con fuerza, girando sobre mí misma. —Puertas —murmuré, a pesar del caos, algo había cambiado, las puertas se habían abierto y eso solo significaba una cosa. —Salimos o morimos aquí —susurré, con una sonrisa tensa empezando a formarse. Sin embargo, tardé un segundo de más en darme cuenta de algo, nuestros propios collares también estaban reaccionando. Fruncí el ceño, bajando la mirada apenas, justo cuando uno de ellos soltó un sonido extraño, diferente al del gigantón. No era ese pitido cargado de muerte inminente era más inestable, más errático. —¿Qué?— Uno a uno comenzaron a fallar, un chasquido aquí, otro allá, luego humo espeso, oscuro, saliendo de los collares como si algo dentro se estuviera quemando mal, como un mecanismo forzado más allá de su límite.
 
Di un paso atrás por puro instinto, mis ojos abriéndose un poco más mientras observaba la escena. —No, esto no es normal— Los collares no explotaban, no como deberían, en lugar de eso, cedían. Uno tras otro se apagaban con ese sonido defectuoso, soltando humo antes de caer al suelo como piezas inútiles, inertes como si alguien, o algo, hubiera interferido en el último segundo, mi respiración se detuvo un instante —¿Nos salvaron? —murmuré, sin terminar de creérmelo, voltee y el gigantón estaba vivo y una especie de felicidad recorrió mi cuerpo por un momento, como cuando tienes cosquillas.
 
A mi lado estaban Mallory, Gyozan y Marya como si de pronto todo esto tuviera sentido, como si fuéramos algo parecido a un equipo, a una familia improvisada. De esas que siempre quise cuando era más pequeña y que nunca tuve. Se sentía raro, incómodo, pero bonito y eso ya era peligroso.  Mallory habló primero. No recuerdo exactamente qué dijo solo el tono, la cercanía. Yo me hice la fuerte, como siempre. No lloré, no respondí, no hice nada al menos no de forma evidente, pero cuando me abrazó, mis tentáculos se movieron por pura costumbre, suaves, precisos, colándose entre sus bolsillos como si nada, robándole quinientos berries, era un recuerdo. Una prueba de que estuve en su vida aunque fuera a mi manera.
 
Gyozan bueno, el gigantón ni siquiera se despidió. Simplemente se largó, como si todo esto no pesara nada, como si no importara y por alguna razón eso me molestó más de lo que debería, pero lo que de verdad me rompió fue Marya. Sin palabras grandiosas, sin drama solo me dio un pañuelo. Estaba manchado, sí, lleno de esa sangre extrañamente púrpura, pero no importaba. No en ese momento, porque nadie, nadie en toda mi vida había hecho algo así por mí, algo tan pequeño, tan real y ahí fue donde todo se quebró. Las lágrimas salieron sin permiso, acumuladas quién sabe desde cuándo, cayendo una tras otra como si nunca fueran a parar. Mi cara se contrajo, mi respiración se volvió un desastre y sentí cómo todo lo que había contenido simplemente se desbordaba.
 
—¡AGGGHHHH MARYAAA! ¡NAIDE ME HABÍA REGALAO NA NUNCAAAA EN MI VIAAAA! —grité entre sollozos, sin poder controlar ni una sola palabra. De mi nariz escurría mantequilla como si fuera moco, mezclándose con el llanto mientras intentaba limpiarme torpemente. Aun así, con cuidado con demasiado cuidado para ser yo, tomé el pañuelo y lo guardé en mi bolso, como si fuera lo más valioso que tenía, porque lo era y por primera vez en mucho tiempo, no quería robarme ese momento, quería quedármelo para siempre.
 
Aun con todo ese desastre dentro queriendo salirse, no dije nada más. Simplemente estiré uno de mis tentáculos y lo pasé con suavidad por el rostro amable y hermoso de Marya, como una caricia torpe, como un gracias que no sabía decir en voz alta y me fui, salí corriendo por el pasillo sin mirar atrás. El frío me golpeó la cara en cuanto avancé, colándose entre mis lágrimas como agujas finas, pero no me importó. Seguí corriendo, respirando mal, desordenada, con el pecho apretado y la cabeza hecha un lío. Afuera llovía a cántaros, el cielo parecía venirse abajo, y entre la cortina de agua, a lo lejos, se alzaba esa figura, el Buda. Mis ojos se movieron rápido, buscando, hasta encontrarlo, el capitán, ahí estaba dirigiéndose al barco como si nada pudiera detenerlo y entonces corrí más rápido, más fuerte, como si todo lo demás dejara de importar.
 
Subí al barco casi de un salto, moviéndome con prisa, con urgencia y justo antes de que pudiera verme, me limpié las lágrimas con el antebrazo, pasándome la mano por la cara para quitar cualquier rastro. Luego la nariz ese desastre de mocos y mantequilla, limpiándolo como pude, recuperando esa fachada que nunca dejo caer del todo, respiré hondo una vez y levanté la mirada como si nada hubiera pasado, porque el capitán Dharma no tenía por qué verme así.  —Bienvenido Capitan!!—

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 527 + 12 = 539
Energia: 462 + 18 = 480
Espiritu: 129 + 0 = 129


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Melly Jellyfish - 21-04-2026, 09:26 PM

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