21-04-2026, 08:54 PM
(Última modificación: 21-04-2026, 09:07 PM por Akira Raito.)
[personajeinvalido=3421]
El grito de Akira ser quedó mudo. Tras conseguir conectarle el golpe a Landon con la pierna, el salto con el que intentó darle un cabezazo en el mentón se quedo en nada. Akira consiguió vocalizar, pero de nuevo, sin ser capaz de emitir ningún tipo de sonido, y esta vez no era por miedo a respirar un aire tóxico, sino por el poder de una de aquellas dichosas frutas del diablo. Gesticuló, enrabietó, y sin emitir nada, de pronto todo se volvió negro…
La hemorragia provocada por el corte en el pecho que sin querer le había dado Cill había provocado en el joven marine una enorme pérdida de sangre, dejándolo inconsciente en el suelo y prácticamente fuera de combate. Ahora todo quedaba en manos de sus compañeros de sala, en manos de Cill, de Runin y de Asheera—. Por una vez confiaré en vosotros, malditos piratas —y con una sonrisa, cayó al suelo con los ojos cerrados y con la esperanza de que acabaran con aquel traidor de Coates.
El resto del combate, el daño de los pinchos que salieron del suelo y la muerte del falso capitán para Akira fueron historia, una historia sin duda esperaba poder escuchar algún día.
Pasó el tiempo y la sangre seguía brotando del corte que el rubio tenía en el pecho y de pronto, un chasquido metálico hizo que recuperara la conciencia, una explosión en aquel collar de esclavo que hizo que le pitaran los oídos tanto como para que su cuerpo tuviera la necesidad de reaccionar.
—¿Qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué es todo esto? ¿Dónde estoy? Mierda… Cill fumando otra vez… —abrió lentamente los ojos mientras se reincorporaba, todavía sentado y apoyado en la pared, tal y como lo habían dejado—. Deja de fumar… Te va a dar un cáncer… —bromeó mientras se miraba el pecho y se tocaba el corte, asegurándose de que había dejado de brotar sangre de él, y viendo como también tenía un agujero que le atravesaba el hombro izquierdo, provocado por aquellos pinchos que salieron del suelo, pero del cual desconocía su origen.
Levantó la mirada y observo a sus compañeros, la Lunarian inconsciente en el suelo, pero parecía que respiraba, su amigo Cill destrozado, pero en pie, la kuja algo furiosa y también con heridas y Landon Coates en el suelo, sin máscara, y con los ojos en blanco.
—Wow… Ojalá haberlo visto caer… —sonrió de nuevo mientras se intentaba poner en pie y comenzaba a acercarse al gigante, ignorando que la puerta se había abierto, que los collares habían caído, que las sirenas sonaban a muchos decibelios y que las luces rojas iluminaban tanto la sala en la que se encontraban como aquel pasillo que les dirigía a la salida.
—Cill, tú nunca fallas amigo, veo muchos cortes que sé que son tuyos… Y tú, chica, no se tu nombre, pero me suena que dijiste Ryota al despertar… No sé por qué tengo la sensación de haber escuchado ese nombre cerca de mi casa… También le has dado buenos golpes a este cabrón —le movió ligeramente la cabeza con la punta del pie, colocándola para que sus ojos miraran a Akira fijamente—. Gracias por acabar con él… Habéis conseguido hacer más que yo, y de alguna manera siento que este hombre, con este uniforme, era mi responsabilidad y no la vuestra… Lo siento… Gracias —les expresó con gratitud y respeto, acompañando sus palabras con una reverencia y el saludo propio de un soldado de la Marina.
—Si alguno me hace el favor de ayudarme con el cuerpo de la lunarian, se lo agradecería… Ya me encargo yo de este… De nuevo, muchas gracias… Cill, amigo, espero volver a verte… ¡Aunque te aviso que la próxima vez no alcanzarás a cortarme tchakikikikiyah! Y tú, chica kuja, si me dices tu nombre, te aseguro que no se me olvidará, solo he conseguido alcanzar a ver uno de tus puñetazos, pero por si volvemos a vernos, también te aseguro que habré mejorado los míos —y con esfuerzo, se colocó a Landon sobre la espalda, dejando que cayera todo el peso del buccaneer sobre sus hombros. La escena era una mole arrastrándose por el suelo, el pequeño tamaño de Akira en comparación con el de Landon apenas dejaban que se viera bajo él, pero ahí estaba el pequeño marine, arrastrando el cuerpo lastrado del falso capitán, siguiendo el alboroto y el camino de las luces rojas hasta conseguir salir de aquella especie de búnker.
Poca gente quedaba allí abajo, por no decir que aquellos que estuvieron en la cámara de gas eran los últimos en salir. El enorme cuerpo de Landon protegía a Akira de la lluvia y el fuerte viento que hacía en el exterior, y sin poder mirar al cielo lleno de nubes negras que estaban provocando huracanes, el marine pudo divisar la quilla del barco de la Marina con el que estaban navegando anteriormente, lugar donde aquella foca hizo que todos cayeran inconscientes. Ya iban dos veces que perdía el conocimiento desde que partió en dirección al parque de atracciones, algo mal estaba haciendo y debía de acordarse de entrenar ese punto.
—¿Hola caracola? —y de pronto le brotaron las lágrimas de alegría de escuchar que sus compañeros de la división 75 estaban vivos… ¿Pero que había de los suyos? ¿Qué había de la que llamaban la gloriosa división 80?—. Al habla Akira… Estoy solo —y con un soplo de aire fresco pasó de largo aquel cartel de la inauguración del parque que decía que abría en el año 3… Claramente un parque abandonado, y teniendo en cuenta la isla en la que se encontraba, abandonado con razón. Una lástima, su división tenía tantas ganas de un parque de atracciones… Pero lo importante ahora era encontrarlos con vida.
Se dirigió al buque de la Marina y subió aun con el cuerpo de Landon a sus espaldas. Cualquiera que lo viera se imaginaría que el que estaba avanzando era el propio Coates, pero nada más subir y escuchar las voces de sus compañeros, sacó fuerzas de no sabe ni donde y consiguió levantar sobre sí el cuerpo inerte del traidor. Akira, sin camiseta y con el pecho al descubierto, con un tajo que le atravesaba desde el hombro derecho hasta el final del abdomen en su parte izquierda, y con un agujero en el hombro izquierdo, consiguió levantar a Landon Coates como Tarzán levantó al guepardo en la selva cuando acabó con él—. ¡AAAAAAHHHH, AH AH AH AHHHHH, AH AH AH AAAAAHHHH! —gritó, para después dejarlo caer tras de sí, saliendo con velocidad de debajo del gigante para luego caer tumbado sobre él, tripa arriba, y dejando que las gotas le mojaran el cuerpo y le cayeran sobre la cara. Lo que no sabía era que alguna de esas gotas, en concreto las que le estaban cayendo en la pierna, eran de Ford, que ya estaba haciendo de las suyas intentando marcar territorio en el cadáver de Landon, pero salpicando sin querer a Akira.
—Tchakikikikiyah, como me alegro de que estéis todos bien...
La hemorragia provocada por el corte en el pecho que sin querer le había dado Cill había provocado en el joven marine una enorme pérdida de sangre, dejándolo inconsciente en el suelo y prácticamente fuera de combate. Ahora todo quedaba en manos de sus compañeros de sala, en manos de Cill, de Runin y de Asheera—. Por una vez confiaré en vosotros, malditos piratas —y con una sonrisa, cayó al suelo con los ojos cerrados y con la esperanza de que acabaran con aquel traidor de Coates.
El resto del combate, el daño de los pinchos que salieron del suelo y la muerte del falso capitán para Akira fueron historia, una historia sin duda esperaba poder escuchar algún día.
Pasó el tiempo y la sangre seguía brotando del corte que el rubio tenía en el pecho y de pronto, un chasquido metálico hizo que recuperara la conciencia, una explosión en aquel collar de esclavo que hizo que le pitaran los oídos tanto como para que su cuerpo tuviera la necesidad de reaccionar.
—¿Qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué es todo esto? ¿Dónde estoy? Mierda… Cill fumando otra vez… —abrió lentamente los ojos mientras se reincorporaba, todavía sentado y apoyado en la pared, tal y como lo habían dejado—. Deja de fumar… Te va a dar un cáncer… —bromeó mientras se miraba el pecho y se tocaba el corte, asegurándose de que había dejado de brotar sangre de él, y viendo como también tenía un agujero que le atravesaba el hombro izquierdo, provocado por aquellos pinchos que salieron del suelo, pero del cual desconocía su origen.
Levantó la mirada y observo a sus compañeros, la Lunarian inconsciente en el suelo, pero parecía que respiraba, su amigo Cill destrozado, pero en pie, la kuja algo furiosa y también con heridas y Landon Coates en el suelo, sin máscara, y con los ojos en blanco.
—Wow… Ojalá haberlo visto caer… —sonrió de nuevo mientras se intentaba poner en pie y comenzaba a acercarse al gigante, ignorando que la puerta se había abierto, que los collares habían caído, que las sirenas sonaban a muchos decibelios y que las luces rojas iluminaban tanto la sala en la que se encontraban como aquel pasillo que les dirigía a la salida.
—Cill, tú nunca fallas amigo, veo muchos cortes que sé que son tuyos… Y tú, chica, no se tu nombre, pero me suena que dijiste Ryota al despertar… No sé por qué tengo la sensación de haber escuchado ese nombre cerca de mi casa… También le has dado buenos golpes a este cabrón —le movió ligeramente la cabeza con la punta del pie, colocándola para que sus ojos miraran a Akira fijamente—. Gracias por acabar con él… Habéis conseguido hacer más que yo, y de alguna manera siento que este hombre, con este uniforme, era mi responsabilidad y no la vuestra… Lo siento… Gracias —les expresó con gratitud y respeto, acompañando sus palabras con una reverencia y el saludo propio de un soldado de la Marina.
—Si alguno me hace el favor de ayudarme con el cuerpo de la lunarian, se lo agradecería… Ya me encargo yo de este… De nuevo, muchas gracias… Cill, amigo, espero volver a verte… ¡Aunque te aviso que la próxima vez no alcanzarás a cortarme tchakikikikiyah! Y tú, chica kuja, si me dices tu nombre, te aseguro que no se me olvidará, solo he conseguido alcanzar a ver uno de tus puñetazos, pero por si volvemos a vernos, también te aseguro que habré mejorado los míos —y con esfuerzo, se colocó a Landon sobre la espalda, dejando que cayera todo el peso del buccaneer sobre sus hombros. La escena era una mole arrastrándose por el suelo, el pequeño tamaño de Akira en comparación con el de Landon apenas dejaban que se viera bajo él, pero ahí estaba el pequeño marine, arrastrando el cuerpo lastrado del falso capitán, siguiendo el alboroto y el camino de las luces rojas hasta conseguir salir de aquella especie de búnker.
Poca gente quedaba allí abajo, por no decir que aquellos que estuvieron en la cámara de gas eran los últimos en salir. El enorme cuerpo de Landon protegía a Akira de la lluvia y el fuerte viento que hacía en el exterior, y sin poder mirar al cielo lleno de nubes negras que estaban provocando huracanes, el marine pudo divisar la quilla del barco de la Marina con el que estaban navegando anteriormente, lugar donde aquella foca hizo que todos cayeran inconscientes. Ya iban dos veces que perdía el conocimiento desde que partió en dirección al parque de atracciones, algo mal estaba haciendo y debía de acordarse de entrenar ese punto.
—¿Hola caracola? —y de pronto le brotaron las lágrimas de alegría de escuchar que sus compañeros de la división 75 estaban vivos… ¿Pero que había de los suyos? ¿Qué había de la que llamaban la gloriosa división 80?—. Al habla Akira… Estoy solo —y con un soplo de aire fresco pasó de largo aquel cartel de la inauguración del parque que decía que abría en el año 3… Claramente un parque abandonado, y teniendo en cuenta la isla en la que se encontraba, abandonado con razón. Una lástima, su división tenía tantas ganas de un parque de atracciones… Pero lo importante ahora era encontrarlos con vida.
Se dirigió al buque de la Marina y subió aun con el cuerpo de Landon a sus espaldas. Cualquiera que lo viera se imaginaría que el que estaba avanzando era el propio Coates, pero nada más subir y escuchar las voces de sus compañeros, sacó fuerzas de no sabe ni donde y consiguió levantar sobre sí el cuerpo inerte del traidor. Akira, sin camiseta y con el pecho al descubierto, con un tajo que le atravesaba desde el hombro derecho hasta el final del abdomen en su parte izquierda, y con un agujero en el hombro izquierdo, consiguió levantar a Landon Coates como Tarzán levantó al guepardo en la selva cuando acabó con él—. ¡AAAAAAHHHH, AH AH AH AHHHHH, AH AH AH AAAAAHHHH! —gritó, para después dejarlo caer tras de sí, saliendo con velocidad de debajo del gigante para luego caer tumbado sobre él, tripa arriba, y dejando que las gotas le mojaran el cuerpo y le cayeran sobre la cara. Lo que no sabía era que alguna de esas gotas, en concreto las que le estaban cayendo en la pierna, eran de Ford, que ya estaba haciendo de las suyas intentando marcar territorio en el cadáver de Landon, pero salpicando sin querer a Akira.
—Tchakikikikiyah, como me alegro de que estéis todos bien...
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