[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#19
[personajeinvalido=3367]

Aire puro.

Es lo único en lo que puede pensar al respirar el aroma de la sal y el viento húmedo, alejado del encierro que los había condenado a una batalla momentos atrás. El peso del cuerpo es tal que incluso le costaba moverse de manera normal. No es porque la situación momentos atrás se había vuelto crítica y ella se había visto en la tesitura de dispararle a alguien, sino porque siente aún el peso venido de los momentos en los que se habían convertido en basura para ese grupo de locos.

Había logrado tomar sus cosas, junto con la gorra y la chaqueta de Dimitri, antes de ser tomada del brazo por él. El arma atada a su espalda permanece impasible, cálida, por causa del disparo que dio hace apenas unos minutos. Aumenta la rabia al saber que, por una maldita vez, había decidido darle el beneficio de la duda a un pirata y fue la peor decisión a tomar. Sin embargo, no es eso lo que realmente le pesa.

Es el saber que sus compañeros marine fueron “traicionados” por sus superiores y han sido afectados tanto física como mentalmente, el saber que Shin está herido por todo lo que ha pasado dentro de esa cámara, gracias al mensaje que Kael ha dejado a través de su Den Den Mushi, el ver que su compañera zorro estuvo a punto de ofrecerse como sacrificio. Es todo. Es el miedo a perder la vida. El miedo a perder la vida de otras personas frente a ella sin que pudiera hacer nada. El terror de saber que este es solo el comienzo de un viaje que promete momentos más intensos y complejos que este.

Por eso, cuando corre hacia el barco junto a Dimitri sin mirar a los costados ni a atrás, lo hace sabiendo que deben dejar esa isla maldita de una vez por todas. Tiene que hablar con St. George de todo lo que pasó. Tiene que llegar con su botiquín para ver si eso puede ayudar a Shin. Tiene que hablar con Masami, de la división ochenta, y ver que esté bien. Tiene que darle un verdadero mate a Enji y secuestrar a su gato por unas horas para jugar con él. Tiene tantas cosas en las que pensar y para eso necesita estar viva.

Llegar al barco no es tan difícil, lo difícil es procesar los pensamientos. El parque abandonado que parece gritarles a todos los presentes que cayeron en la peor de las bromas hace acto de presencia, como un recordatorio de que pueden ser ingenuos al extremo. ¿Dónde están los civiles que abordaron el ferry? ¿Los niños? ¿Los ancianos? ¿Las personas de a pie? ¡Es una maldita mierda! Lo peor de todo es que, mientras se mueve y aborda su propio barco, esa extraña sensación de que cualquier cosa podría pasar no se aparta de la mente.

Aun así, las preocupaciones de la dama se callan por un momento; la intensidad de un beso cargado de tanto significado, por parte de su pareja, la distrae del peso agobiante que parece querer asfixiarla, permitiéndole respirar. Es natural corresponderle, sentir en ese contacto tan intenso y real el latir de su corazón y el bombeo de su sangre, evidencia suficiente para demostrarle al mundo que aún está viva y respira. No tiene fuerzas para hablar.

Asiente al escuchar la petición de St. George. Le ayuda a llegar al timón para que pueda navegar, quedándose con él en ese sitio para darle una mano. Si tan solo pudiese brindarle una ayuda logística más certera, lo haría. Cuando se acomoda el cabello detrás de la oreja, lo hace pensando en todo lo que ha ocurrido, en la rabia que ha sentido, en la reticencia física que está sintiendo y en que necesita urgentemente un baño. La idea de haber sido desplazada como si fuera basura tampoco le ha hecho demasiada gracia, pero agradece dentro de su mente que no haya tenido que pasar por todo lo que el resto sí vivió.

Cuando se aferra, de manera inconsciente, al relicario que guarda el último recuerdo de su hermana, se pone a pensar en cada cosa dicha y pensada. Una parte de su mente sigue firme en la idea de que esto no ha sido obra de marines per sé, pero la realidad es que una pequeña parte de su visión ha cambiado: ser un esclavo es semejante a la muerte de la voluntad como persona. Esa misma sensación es la que le obliga a tomar un poquito más fuerte la mano de su pareja, por el peso que esto pudo haber ocasionado en él.

Y ella, sabiendo que jamás podría olvidar esta experiencia, tomaría cada parte de información obtenida y la escribiría. Luego tendría que hablar con los miembros de la división para contarles qué descubrieron en la sala de máquinas.


Disclaimer
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 533 + 0 = 533
Energia: 670 - 268 = 402
Espiritu: 96 + 0 = 96


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Choi Hae-won - 21-04-2026, 08:20 PM

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