21-04-2026, 07:11 PM
(Última modificación: 21-04-2026, 07:19 PM por Sigrid Birkisson.)
[personajeinvalido=3423]
En la habitación.
El caos se desató por unos segundos que se sintieron eternos. Sigrid avanzó con toda la intención de agarrar a los civiles, pero ni el chico de alas negras ni la chica gyojin se dejaron tocar, retrocedían, tensos, confundidos, sin entender que la vikinga no buscaba hacerles daño sino sacarlos de ahí. Claro, la forma en que lo intentaba no ayudaba en nada. Sigrid nunca fue sutil, y menos en momentos como ese. —¡Oigan, no es para pelear!— alcanzó a decir, pero ya era tarde, la tensión se había instalado. Terminó frente a la puerta, sola, con las manos aún cubiertas de aquella pintura roja que goteaba lentamente desde sus palmas. Su respiración era pesada, sus hombros subían y bajaban mientras esperaba, mirando la salida como si pudiera forzarla a abrirse con pura voluntad. —Joeeer— chasqueó la lengua, frustrada. —Era para ayudarlos— murmuró por lo bajo, casi molesta, pero entonces algo cambió, la vikinga comenzó hacer que la pintura se desvaneciera, primero en sus manos, luego la que había en toda la habitación, como si nunca hubiera estado ahí. Nadie se movía, todos se miraban, la tensión crecía, como si en cualquier momento alguien fuera a lanzar el primer golpe, pero no pasó, lo que pasó fue peor, al menos eso pensaba la vikinga.
El collar de uno de ellos Alek reaccionó primero. Un destello, un chispazo y luego una aparente explosión suficiente para que todos reaccionaran al mismo tiempo. —¿Qué? —No terminó la frase porque al siguiente instante, todos los collares hicieron lo mismo, al unísono y una luz roja inundó la habitación, cegadora por un segundo, envolviendo todo en ese brillo intenso que hizo que Sigrid tensara el cuerpo por completo, preparada para lo peor, pero no hubo explosión devastadora, no como esperaba, el sonido cesó y el peso desapareció. Los collares cayeron al suelo, uno tras otro, con pequeños golpes metálicos, inertes, como si hubieran perdido toda función.
Sigrid se quedó quieta un segundo, procesando y luego bajó la mirada y soltó el aire. — ¿Ya? — murmuró, incrédula. Sus hombros se relajaron apenas, pero sus ojos seguían alertas, porque después de todo lo que había pasado confiar en que eso era el final sería demasiado fácil. —VIKYKYKYKYKY— Una risa fuerte y resonante salió de su boca llenando la habitación, aunque poco se podría escuchar.
En el exterior.
Al cruzar el umbral, una brisa gélida golpeó de lleno el rostro de Sigrid, haciendo que sus pulmones se llenaran de aire limpio por primera vez en lo que parecía una eternidad. El contraste con el encierro, las alarmas y aquella luz roja insoportable fue inmediato; su cuerpo, aún adolorido, agradeció ese pequeño respiro. Sus hombros se relajaron apenas mientras avanzaba, dejando atrás todo ese caos.
Entonces escuchó a Juan. —¡CLARO QUE SÍ, TE SIGO!— respondió a todo pulmón, sin pensarlo, con esa energía que la caracterizaba incluso después de todo lo ocurrido. Para ella sonaba completamente natural hasta que su compañero se disculpó por haber gritado, Sigrid parpadeó, se quedó en silencio medio segundo y luego desvió la mirada, rascándose ligeramente la mejilla con torpeza. —Ah.— La ligera vergüenza se le notó en el gesto, aunque no duró demasiado. No era de las que se quedaban atrapadas en eso. —Bueno igual te iba a seguir. — murmuró, recuperando su compostura con una pequeña sonrisa.
Cuando Juan salió corriendo hacia el barco, Sigrid no dudó ni un instante. Sus pasos pesados volvieron a resonar mientras lo seguía de cerca, el cansancio quedando en segundo plano frente a la urgencia de moverse. La costa no ofrecía mucha seguridad, y el mar bueno, tampoco, pero al menos era una salida. El barco se veía inestable, sacudido por las olas como si en cualquier momento fuera a ceder y hundirse sin previo aviso. Sigrid lo evaluó apenas un segundo. —He visto cosas peores.— comentó sin mucha preocupación y sin frenar, dio el impulso necesario para subir, aterrizando con firmeza sobre la cubierta. La madera crujió bajo su peso, pero resistió.
Se incorporó de inmediato, mirando alrededor mientras una sonrisa volvía a dibujarse en su rostro. —VIKYKYKYKYKY— soltó su risa característica, esta vez con un dejo de alivio habían sido los primeros en llegar y, por ahora, seguían vivos. El barco crujía bajo sus pies, las olas golpeaban con fuerza, pero nada de eso le quitaba esa sensación breve de haber salido de algo peor.
No duró mucho. A los pocos segundos, Enji apareció, cargando un cuerpo que parecía a nada de rendirse por completo. Lo dejó caer sobre la cubierta sin demasiada ceremonia y, como si no fuera gran cosa, se fue directo a hablar con Juan. Sigrid lo miró, entre incredulidad y molestia. —¡ENJIIIIII!— reclamó, dando un paso hacia él, pero no alcanzó a decir más, porque una bala emocional la impactó de frente, era Masami, la chica llegó y la abrazó con fuerza, hablando en un idioma cargado de angustia que Sigrid no entendía del todo pero no hacía falta entender palabras para captar el sentimiento. La vikinga se quedó quieta un segundo, sorprendida, y luego su expresión se suavizó. —Ya, ya, Masami hermosa, estamos todas bien.— respondió con una voz más cálida, bajando el tono. Sin esfuerzo, la tomó con ambas manos y la acomodó sobre su hombro, como si fuera lo más natural del mundo, sosteniéndola con cuidado pese a su tamaño. Luego giró la mirada hacia el hombre herido en la cubierta, su expresión cambiando de inmediato a algo más serio, más enfocado.
—¿Qué tal si me ayudas a mover a este señor para curar sus heridas? — añadió, señalándolo con la cabeza. —Primero vamos a amarrarlo bien y tapar su boquita, ¿sí, Masami preciosa? — No era desconfianza gratuita, era experiencia, Enji podría ser un pervertido, pero tenía razón en la mayoría de las cosas que decía o hacía. Sigrid avanzó hacia el herido, aún con Masami sobre su hombro, evaluando rápidamente su estado. Su mente se organizaba de forma simple pero efectiva: asegurar, inmovilizar, tratar. —Vamos a dejarlo bonito otra vez— murmuró, arrodillándose con cuidado pese al vaivén del barco, orque al final, más allá de golpes, caos, explosiones o pintura la vikinga seguía siendo la doctora de la división 80.
Entonces escuchó a Juan. —¡CLARO QUE SÍ, TE SIGO!— respondió a todo pulmón, sin pensarlo, con esa energía que la caracterizaba incluso después de todo lo ocurrido. Para ella sonaba completamente natural hasta que su compañero se disculpó por haber gritado, Sigrid parpadeó, se quedó en silencio medio segundo y luego desvió la mirada, rascándose ligeramente la mejilla con torpeza. —Ah.— La ligera vergüenza se le notó en el gesto, aunque no duró demasiado. No era de las que se quedaban atrapadas en eso. —Bueno igual te iba a seguir. — murmuró, recuperando su compostura con una pequeña sonrisa.
Cuando Juan salió corriendo hacia el barco, Sigrid no dudó ni un instante. Sus pasos pesados volvieron a resonar mientras lo seguía de cerca, el cansancio quedando en segundo plano frente a la urgencia de moverse. La costa no ofrecía mucha seguridad, y el mar bueno, tampoco, pero al menos era una salida. El barco se veía inestable, sacudido por las olas como si en cualquier momento fuera a ceder y hundirse sin previo aviso. Sigrid lo evaluó apenas un segundo. —He visto cosas peores.— comentó sin mucha preocupación y sin frenar, dio el impulso necesario para subir, aterrizando con firmeza sobre la cubierta. La madera crujió bajo su peso, pero resistió.
Se incorporó de inmediato, mirando alrededor mientras una sonrisa volvía a dibujarse en su rostro. —VIKYKYKYKYKY— soltó su risa característica, esta vez con un dejo de alivio habían sido los primeros en llegar y, por ahora, seguían vivos. El barco crujía bajo sus pies, las olas golpeaban con fuerza, pero nada de eso le quitaba esa sensación breve de haber salido de algo peor.
No duró mucho. A los pocos segundos, Enji apareció, cargando un cuerpo que parecía a nada de rendirse por completo. Lo dejó caer sobre la cubierta sin demasiada ceremonia y, como si no fuera gran cosa, se fue directo a hablar con Juan. Sigrid lo miró, entre incredulidad y molestia. —¡ENJIIIIII!— reclamó, dando un paso hacia él, pero no alcanzó a decir más, porque una bala emocional la impactó de frente, era Masami, la chica llegó y la abrazó con fuerza, hablando en un idioma cargado de angustia que Sigrid no entendía del todo pero no hacía falta entender palabras para captar el sentimiento. La vikinga se quedó quieta un segundo, sorprendida, y luego su expresión se suavizó. —Ya, ya, Masami hermosa, estamos todas bien.— respondió con una voz más cálida, bajando el tono. Sin esfuerzo, la tomó con ambas manos y la acomodó sobre su hombro, como si fuera lo más natural del mundo, sosteniéndola con cuidado pese a su tamaño. Luego giró la mirada hacia el hombre herido en la cubierta, su expresión cambiando de inmediato a algo más serio, más enfocado.
—¿Qué tal si me ayudas a mover a este señor para curar sus heridas? — añadió, señalándolo con la cabeza. —Primero vamos a amarrarlo bien y tapar su boquita, ¿sí, Masami preciosa? — No era desconfianza gratuita, era experiencia, Enji podría ser un pervertido, pero tenía razón en la mayoría de las cosas que decía o hacía. Sigrid avanzó hacia el herido, aún con Masami sobre su hombro, evaluando rápidamente su estado. Su mente se organizaba de forma simple pero efectiva: asegurar, inmovilizar, tratar. —Vamos a dejarlo bonito otra vez— murmuró, arrodillándose con cuidado pese al vaivén del barco, orque al final, más allá de golpes, caos, explosiones o pintura la vikinga seguía siendo la doctora de la división 80.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
