21-04-2026, 03:17 PM
(Última modificación: 21-04-2026, 03:17 PM por Masato Ami.)
[personajeinvalido=3427]
En cuanto me disponía a colocar el último número del collar de Barald Kane, tesoro, sentí el frío metálico de un cañón apoyarse contra mi nuca. Fue inmediato. Mi cuerpo se tensó por completo, la piel erizándose mientras una voz detrás de mí soltaba palabras que hicieron que la sangre me hirviera al instante, qué forma tan sucia de intentar detener a alguien, no me giré, no esta vez y aun así, terminé de marcar el número, el último dígito.
Y entonces sonó el disparo. Mi mente se detuvo por un segundo, pensé que ahí terminaba todo, que ese era el final, pero no sentí el impacto, no hubo dolor, no hubo oscuridad, parpadeé apenas y seguía de pie, el disparo no fue para mí, giré apenas la mirada y entonces lo entendí. No había sido Wyatt quien disparó había sido Hae-won. Ella fue quien intervino, quien rompió ese momento justo antes de que todo se fuera al desastre. —Tesoro —solté en un suspiro. Sabia que no se podía confiar en los piratas y aun así lo hicimos. Apreté ligeramente la mandíbula, con el pulso aún acelerado, pero esta vez por algo distinto, no era miedo sino claridad. —Gracias, Hae-won —murmuré, sin apartar del todo la vista de lo que acababa de pasar.
Pero el minuto había pasado, tesoro y el den den mushi volvió a abrir los ojos. El sonido estático llenó la sala y luego esa voz monótona comenzó a enumerar, 98585, 88616, 0002, los que colocamos Yuuki y yo, escucharlos así hizo que pesaran mucho más. Después vinieron otros tres, 00000, 17483, 03347, y esos no eran nuestros. Fruncí el ceño sin apartar la vista de las pantallas. —¿Qué significa eso tesoro? —murmuré, sintiendo cómo el pecho se me apretaba. Dijeron diez segundos, diez, no más. Mi mirada se movió rápido, buscando a los míos entre cada imagen, Sigrid, Juan, Enji, Akira no podía pensar en otra cosa, ni siquiera en Wyatt aunque quisiera romperle la cara en ese mismo instante. No podía apartar la vista, no ahora, no cuando todo dependía de esto y entonces pasó, los collares explotaron casi al mismo tiempo, uno en cada sala, con un sonido seco que me atravesó el cuerpo. Giré la cara de inmediato. —No —dejé escapar en voz baja, pero esta vez no quise ver nada más.
El estruendo fue muy fuerte, tesoro pero no por las explosiones. Fue el sonido de las puertas del pasillo abriéndose todas a la vez, liberando cada una de las habitaciones. Abrí los ojos con cuidado, casi con miedo de confirmar lo peor, pero no. Nadie había muerto, nadie. —Fufufufu— en ese instante sentí cómo el aire volvía a mis pulmones, como si recién ahí pudiera respirar de verdad, el alivio me golpeó de lleno. —Gracias —murmuré apenas, sin saber bien a quién. La alarma comenzó a sonar con una intensidad absurda, tanto que ni siquiera podía escuchar mi propia voz, pero no hacía falta. Mis ojos lo veían todo, las puertas abiertas, las personas saliendo, mis compañeros moviéndose, estaban vivos, Sigrid, Juan, Enji, Akira, todos. Me quedé ahí un segundo más, observando, dejando que ese peso horrible se disolviera poco a poco en el pecho.
En cuanto escuché la voz de Dimitri diciendo que nos fuéramos de ahí, tesoro, mis pies simplemente reaccionaron. No lo pensé, no dudé, solo corrí, mi cuerpo tomó rumbo directo al barco de la Marina, porque sabía, con certeza, que ahí estarían. —Nos veremos en la próxima isla, Dimitri, Hae-won, gracias —alcancé a decir sin detenerme, levantando el pulgar antes de desaparecer entre el caos, dejando atrás todo lo demás.
Corrí sin mirar atrás, el aire golpeaba mi rostro, el corazón latiendo con fuerza, pero esta vez no era miedo era urgencia. Necesitaba verlos, necesitaba confirmar que estaban bien con mis propios ojos y cuando finalmente llegué al barco, los vi, Juan, Sigrid y Enji ya estaban ahí, entonces salté como si de eso dependiera mi vida y en el instante en que puse un pie sobre la cubierta, me lancé directo hacia Sigrid, abrazándola con fuerza, con una desesperación que no intenté ocultar. Mis brazos la rodearon como si soltarla fuera perderla otra vez.
—y-yo no queríaaaa, tesoro, no era mi intención, no, no, no sabía que ese rayo te iba a impactar a ti —las palabras salieron rotas, atropelladas, mientras las lágrimas corrían sin control por mi rostro — perdóname, Siguriiiiddddd— Esta vez, ni siquiera intenté sonreír solo estaba feliz por haber sobrevivido y triste porque casi había matado a mi amada compañera.
En cuanto me disponía a colocar el último número del collar de Barald Kane, tesoro, sentí el frío metálico de un cañón apoyarse contra mi nuca. Fue inmediato. Mi cuerpo se tensó por completo, la piel erizándose mientras una voz detrás de mí soltaba palabras que hicieron que la sangre me hirviera al instante, qué forma tan sucia de intentar detener a alguien, no me giré, no esta vez y aun así, terminé de marcar el número, el último dígito.
Y entonces sonó el disparo. Mi mente se detuvo por un segundo, pensé que ahí terminaba todo, que ese era el final, pero no sentí el impacto, no hubo dolor, no hubo oscuridad, parpadeé apenas y seguía de pie, el disparo no fue para mí, giré apenas la mirada y entonces lo entendí. No había sido Wyatt quien disparó había sido Hae-won. Ella fue quien intervino, quien rompió ese momento justo antes de que todo se fuera al desastre. —Tesoro —solté en un suspiro. Sabia que no se podía confiar en los piratas y aun así lo hicimos. Apreté ligeramente la mandíbula, con el pulso aún acelerado, pero esta vez por algo distinto, no era miedo sino claridad. —Gracias, Hae-won —murmuré, sin apartar del todo la vista de lo que acababa de pasar.
Pero el minuto había pasado, tesoro y el den den mushi volvió a abrir los ojos. El sonido estático llenó la sala y luego esa voz monótona comenzó a enumerar, 98585, 88616, 0002, los que colocamos Yuuki y yo, escucharlos así hizo que pesaran mucho más. Después vinieron otros tres, 00000, 17483, 03347, y esos no eran nuestros. Fruncí el ceño sin apartar la vista de las pantallas. —¿Qué significa eso tesoro? —murmuré, sintiendo cómo el pecho se me apretaba. Dijeron diez segundos, diez, no más. Mi mirada se movió rápido, buscando a los míos entre cada imagen, Sigrid, Juan, Enji, Akira no podía pensar en otra cosa, ni siquiera en Wyatt aunque quisiera romperle la cara en ese mismo instante. No podía apartar la vista, no ahora, no cuando todo dependía de esto y entonces pasó, los collares explotaron casi al mismo tiempo, uno en cada sala, con un sonido seco que me atravesó el cuerpo. Giré la cara de inmediato. —No —dejé escapar en voz baja, pero esta vez no quise ver nada más.
El estruendo fue muy fuerte, tesoro pero no por las explosiones. Fue el sonido de las puertas del pasillo abriéndose todas a la vez, liberando cada una de las habitaciones. Abrí los ojos con cuidado, casi con miedo de confirmar lo peor, pero no. Nadie había muerto, nadie. —Fufufufu— en ese instante sentí cómo el aire volvía a mis pulmones, como si recién ahí pudiera respirar de verdad, el alivio me golpeó de lleno. —Gracias —murmuré apenas, sin saber bien a quién. La alarma comenzó a sonar con una intensidad absurda, tanto que ni siquiera podía escuchar mi propia voz, pero no hacía falta. Mis ojos lo veían todo, las puertas abiertas, las personas saliendo, mis compañeros moviéndose, estaban vivos, Sigrid, Juan, Enji, Akira, todos. Me quedé ahí un segundo más, observando, dejando que ese peso horrible se disolviera poco a poco en el pecho.
En cuanto escuché la voz de Dimitri diciendo que nos fuéramos de ahí, tesoro, mis pies simplemente reaccionaron. No lo pensé, no dudé, solo corrí, mi cuerpo tomó rumbo directo al barco de la Marina, porque sabía, con certeza, que ahí estarían. —Nos veremos en la próxima isla, Dimitri, Hae-won, gracias —alcancé a decir sin detenerme, levantando el pulgar antes de desaparecer entre el caos, dejando atrás todo lo demás.
Corrí sin mirar atrás, el aire golpeaba mi rostro, el corazón latiendo con fuerza, pero esta vez no era miedo era urgencia. Necesitaba verlos, necesitaba confirmar que estaban bien con mis propios ojos y cuando finalmente llegué al barco, los vi, Juan, Sigrid y Enji ya estaban ahí, entonces salté como si de eso dependiera mi vida y en el instante en que puse un pie sobre la cubierta, me lancé directo hacia Sigrid, abrazándola con fuerza, con una desesperación que no intenté ocultar. Mis brazos la rodearon como si soltarla fuera perderla otra vez.
—y-yo no queríaaaa, tesoro, no era mi intención, no, no, no sabía que ese rayo te iba a impactar a ti —las palabras salieron rotas, atropelladas, mientras las lágrimas corrían sin control por mi rostro — perdóname, Siguriiiiddddd— Esta vez, ni siquiera intenté sonreír solo estaba feliz por haber sobrevivido y triste porque casi había matado a mi amada compañera.
Mi Off
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