[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4
#14


[personajeinvalido=3367]

Recuerdo el final de aquella pesadilla como una película a blanco y negro. Sin importar lo precipitado que se dieron los hechos, tuve la sensación de que sucedían a cámara lenta. Cada segundo de la cuenta atrás por la voz mecánica, un nudo mayor en el estómago. El cañón humeante de Hae-Won, la sangre en el hombro del pirata, el click de los collares explotando. Disparé a una mochila antes de ser consciente de lo que era. Y entonces, solo entonces, mientras la pirata arrastraba a su compañero herido fuera de nuestro alcance, comprendí que seguíamos con vida.

Todos.
No debería haber tenido tiempo para pestañear, pero lo hice. Lo hice mientras el estruendo del pasillo llenaba el silencio que nos había consumido, acompañado por el crepitar del vertedero en el que habíamos estado destinados a perecer; ahora tumba de tantos, mas no la nuestra. Me costó tragar saliva. El suspiro nació a la vez que mi vista buscaba a Hae-won. Pura inercia. Puro alivio. Tras ella el panel de control humeaba, representación de un telón que caía con demasiadas incógnitas por resolver.

―Vámonos de aquí.

Creo que mi voz fue en realidad una súplica, ahogada por el incesante dolor de cabeza. Uno empeorado por la estridente alarma. Las luces rojas del pasillo, siamesas a la sangre derramada. Mis dedos extendidos hacia Hae-won. Mantuve la pistola en la mano libre, entrelacé nuestros dedos con la otra y tiré de ella. Creo que le grité a Masato que corriera. Y aunque mi único pensamiento debería haber sido salir de allí sin mirar atrás, mientras que de St. George se esperaba cazar piratas o rescatar civiles, lo cierto es que solo pensé en Nyra.

Pensé en ella y en ese callejón, su afán de sacrificio, su maestro, Sandy y todas las personas que habrían llorado su muerte. Apreté la mandíbula. La busqué con desesperación mientras sorteabamos la marea de cuerpos. Por supuesto que no solté a Hae-won, ni tampoco el arma, hasta que al fin la encontré.

―¡¡Nyra!! ―se me desgarró la voz, para que pudiera escucharme―. ¡Nyra, Kael tiene a Shin! ―Frené cerca de ella. La sensación que me produjo fue extraña, el tirón de un abrazo no dado en mi cuerpo―. Nos vamos de aquí, ¿entendido? Prueba el Den Den Mushi, avisa a Kael para que nos espere en la salida. Shin está herido y él solo no podrá protegerlo.

Lo admito: abogué a aquel argumento para disuadirla de esperar a quién sabía qué, quizás a hacerse la heroína que llevaba en sangre o la imprudencia que la regía. Justo entonces, casi como si hubiera estado acordado, la voz de Kael se alzó en nuestros Den Den Mushis.

El vendaval de aire fresco nos golpeó incluso antes de comenzar a subir las escaleras, en contraste con el infierno que quedaba a nuestra espalda. Odiaba Kutsukku. La odiaba tanto que me estremecía por dentro y, sin embargo, contemplar los nubarrones que encapotaban el cielo me arrebató una extraña nostalgia. Supongo que porque hubo un tiempo, por lejano que fuera, en el que no estuvo tan mal. Un tiempo en el que sí hubieron risas bajo la lluvia.

Dejé que la tormenta me lo arrebatara todo: los recuerdos, el temor, el dolor, la incertidumbre. Las botas militares chapoteaban a la carrera sobre el barro. Aquella era la primera vez que lograba salir con vida de una situación espeluznante sin perder lo que más me importaba en el camino. Apreté firme la mano de Hae-won. No la solté hasta que estuvimos a bordo del Tempestad. El barco zozobraba sacudido por el oleaje. No me paré a pensar en si resistiría o no el viaje, en los grupos de piratas que abordaban sus propios barcos.

Todo lo que me importaba era que mis compañeros habían embarcado, que el corazón y los pulmones clamaban por estallar dentro de mi pecho, que estábamos vivos, que nos íbamos. Y que la vida sabía a los labios de Hae-won. En efecto, tampoco pensé cuando la atrajé por la cintura. Mi boca buscó en la suya el oxígeno que me faltaba. Un aliento voraz que acalló el mundo.

Las piernas me flaquearon al separarme, con los labios enrojecidos. No fue el beso lo que me hizo tambalear, sino el agotamiento. El ardor en los pulmones. La necesidad de llevarme un puñado de menta a la boca para aliviar la irritación de las vías respiratorias, que fue justo lo que hice.

―Ayúdame a llegar al timón y ve a echar un vistazo a Hasegawa―le susurré a Hae-won. Sabía que Nyra se encargaría de atender a Hasegawa―. ¡Kael, necesito tu ayuda para hacer navegar esta cosa! No va a ser un viaje nada sencillo.

En la distancia, el gran parque de atracciones se burlaba de nosotros como la trampa que siempre había sido. Me di cuenta de que había vuelto a rascarme el lunar y que la llave pesaba sobre mi cuello: libre, un día más.

«¿Y ahora, qué?»

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 530 + 0 = 530
Energia: 671 - 268 = 403
Espiritu: 240 + 0 = 240


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - por Dimitri St. George - 21-04-2026, 11:00 AM

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