[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 1)
#47
[personajeinvalido=3367]



La noche antes de la misión había leído en el periódico que Kutsukku inauguraba circo. Llegué a pensar que se trataba de aquella prisión: un espacio retorcido y dantesco, capaz de nublar el juicio de mis compañeros. Nadie había prestado atención a mis palabras. A todo el mundo debía darle igual que estuviéramos tan atrapados como las personas de aquellas diabólicas salas, a excepción, tal vez, del muchacho del caballo que todavía no había regresado. Sin importar el recelo que hubieran podido mostrar, los conflictos o las réplicas, habían aceptado convertirse en maestros de una funesta ceremonia.

Miré al estúpido Den Den Mushi, mientras aún sostenía la pistola apuntando en aquella dirección. Tuve la sensación de que se reía de mí. La maldita caja metálica, en la que tan obcecado había estado al principio, se abría justo cuando me disponía a hacerla saltar por los aires y no pude evitar preguntarme qué habría ocurrido si lo hubiera hecho desde el principio. Supongo que esa sería otra historia. En aquel momento, mientras la amalgama de voces se alzaba desde las pantallas —«¿cuándo habían comenzado a escucharse?, ¿por qué nadie había informado?»—, la cabeza de Yuuki se interpuso entre el caracol y mi arma. Apunté el cañón hacia el suelo. En cuestión de segundos, cambié con destreza el tipo de munición de mi pistola. Había visto el resorte que hizo saltar la tapa del cajetín y estaba dispuesto a forzar el segundo cajetín antes de que nos diera otra macabra sorpresa.

―¡Yo, Nyra Kuroshiro, setecientos siete, marine! ¡Habéis visto el combate!
«Cierra la maldita boca, imbécil».

La bilis me subió a la garganta tan pronto mis ojos se centraron en Kuroshiro. El hormigueo en las manos, la rabia ante la idea de perderla sin siquiera tener la oportunidad de esputarle a la cara lo imbécil que estaba siendo, casi lograron que me abalanzara hacia el den den Mushi para escribir cualquier código que la pusiera a ella a salvo. No. Cualquier código no. Sé muy bien cuál habría marcado: el de aquella que se declaraba miembro de la tripulación de Dharma. El mal menor, supuse, aunque las náuseas estuvieran a punto de hacerme vomitar. Lo único que me detuvo fue que Masato se cernía sobre el teclado numérico. Yuuki había abandonado ya la sala.

Un zumbido in crescendo, que no supe identificar de migrañas o ansiedad, amortiguó el resto de voces. La pantalla de la sala seis me devolvía la imagen de Omuyaga y Hasegawa en una estampa que podría haberse convertido en puñal entre mis costillas. No era porque me importasen especialmente. Para ser honestos, ese mismo puñal lo blandían todas y cada una de las voces que formaba parte de aquel coro de lamentos, ofrecidos a sí mismos como tributos a fin de salvar al resto. Apreté con más fuerza la pistola. El metal se había calentado bajo el peso de mis manos. Me ardía en la piel, me escocía en el pecho y estaba a punto de desbordar en un grito que de poco habría servido.

—¿Ustedes creen que pasará algo si no tocamos nada?

Me tragué el grito, sustituido por un escalofrío al ver claramente que el pirata se había colocado tras la espalda de Masato. La pistola, en su mano, parecía quemarle tanto como lo hacía la mía entre los dedos. La vista de Wyatt recorrió las pantallas y pensé que en algo debía darle la razón.

«¿A quién le estamos enviando la señal?»

Nos habían convertido en los verdugos de la función. Una tortura para la que ni siquiera habían tenido que amenazarnos a punta de cañón para cumplir nuestro rol. La persona que había dejado abierta esa sala, lo había hecho con intención y alevosía. La persona que había dejado abierta esa sala, se jactaba de nosotros mientras contemplaba el cruento espectáculo allá donde estuviera. O, quizás, ese ente invisible no fuera más que una injusta casualidad que nos había atraído a la caja de control bajo la falacia del costo hundido. Una cuyos efectos, mi padre me había enseñado bien. Llevábamos tanto rato jugando en aquel lugar, que nadie se planteó lo inverosímil de acceder a introducir los números. Hasta ahora.

El click del revólver me arrancó de mis cavilaciones.

—Mucho cuidado con el número que presionas a continuación, o te vuelo la cabeza y todos aquí saltaremos en pedazos.

Tan pronto Wyatt había pronunciado la última palabra, el rugido de un cañón que no era el suyo inundó todo de pólvora. Hae-won había disparado. Ni siquiera pensé. Viré noventa grados, arma en ristre, en dirección a la puerta por la que se había marchado la compañera del pirata.

Contenido Oculto


Ese estúpido minuto se había esfumado sin opción a réplica. Y, muy en el fondo, lo agradecí. Lo único que se me ocurría era que aquel den den Mushi estuviera conectado al interruptor que activaba los collares. En ese caso, marcar los números sería lo que enviaría la señal a los collares para provocar quién sabía qué. En ese caso, también, lo mejor habría sido no introducir nada.

No había vuelta atrás.
Ya era demasiado tarde para pensar.
El caos nos consumió con la facilidad que prende una cerilla.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 1) - por Dimitri St. George - 18-04-2026, 11:40 PM

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