17-04-2026, 09:30 PM
(Última modificación: 17-04-2026, 10:57 PM por Wyatt Goldstar.)
[personajeinvalido=3367]
Mientras seguía probando comunicarse con el Den Den Mushi, sin éxito, empezó a caminar a la sala de control, lentamente, sin prestar atención a sus pasos. Tocho Morocho, fiel como siempre, lo siguió, y el dúo caminó tras los pasos de Dimitri. Pero de pronto, todo se volvió oscuro de nuevo, y el ruido blanco de la comunicación imposible era lo único que sonaba en sus oídos.
Wyatt chasqueó la lengua, ya molesto de la inestabilidad, y sin obtener ninguna respuesta del otro lado. Al parecer Ryota no estaba pudiendo escucharlo, pero... Ahora, la energía volvía, y al parecer ellos sí podían escuchar algo del otro lado. Del otro lado de las pantallas, simplemente, de una manera tan virtual como inalcanzable, pues la salida de aquél "juego del miedo" que habían craneado para volverlos locos y egoístas, máquinas del individualismo sangriento e inescrupuloso, estaba lejos de ser hallada.
Todavía más molesto por todo aquél sádico teatro, el rubio se aprontó en la sala, ingresando, mientras colgaba el den den mushi y retiraba su Smith & Wyatt de la cintura, manteniéndolo en la diestra mientras se acercaba al teclado numérico que, Yuuki, ya se había adelantado a operar. Tocho Morocho, por su parte, esperaba fuera, en el pasillo, a un costado.
— ¿Ustedes creen que pasará algo si no tocamos nada? — inquirió, con la ceja arqueada, mientras se posicionaba detrás de Masami, observando a las pantallas para identificar los números de sus compañeros.
Y así, pudo ver todos. Recordaba sus rostros, sus nombres, y ahora había leído sus números: Ryota, Barald, Runin y Tezca. ¿Por qué alguien osaría dejar una decisión así al arbitrio de otros prisioneros a quienes habían decidido aniquilar antes? ¿Qué mente idiota creería en algo como eso? Dar por hecho que ellos podían decidir realmente quién moría, era estúpido, pero en verdad no estaban salvando a nadie, pues ser comercializado como esclavo no parecía otra alternativa más amigable.
A veces, hasta estar muerto era mejor opción.
El ya tenía en vista a quién poner. Iba a intentar salvar a Runin o a alguno de sus otros amigos, pero... Algo cambiaría sus planes. El Goldstar creía en lo colectivo, en el dar todo para ayudar a los demás, pero a veces la vida requería medidas realistas, y esta era una de esas.
Se mantuvo allí, colocándose siguiente en la fila para presionar numeritos, con el revolver firme en su derecha, mientras observaba como Masami ingresaba los primeros números de su segunda secuencia. Desde detrás suya, a escasos centímetros, mantenía su mirada fija en los dedos de la birkiniana. Cero. Con eso sólo pudo descartar mentalmente a Tezca. Pero de inmediato, le siguió otro más: CERO.
Tragó saliva, y continuó observando la secuencia. El tercer cero consecutivo. Apretó los dientes.
Click.
Le quitó el seguro a su revolver y lo elevó, apoyando el cañón en la nuca de Masami —. Mucho cuidado con el número que presionas a continuación, o te vuelo la cabeza y todos aquí saltaremos en pedazos. — sentenció. Y es que, si el resto recordaba, la munición explosiva seguía en los alveólos de su S&W, la misma que había utilizado para bajar a la misma horda de cañoneros que antes le habían disparado a la marine, hiriéndola en el vertedero.
— ¿En qué piensas, huh? No me temblará el pulso, ni para tocar botones ni para apretar el gatillo y hacernos añicos a todos aquí, junto con esa máquina del averno. —. Mientras tanto, observaba por el rabillo del ojo a sus laterales, a los otros marines presentes. Sabía que tenía las de perder, pero había hecho el primer movimiento. Era una situación complicada para todos, pero no dudaría en arremeter contra cualquiera que osase poner un pensamiento hostil contra sus compañeros.
Había tolerado, por la paz social y la cohesión de un grupo de prisioneros, que todos cuestionasen y viesen con malos ojos la pelirrosa. Pero dejar a aquella mujer colocar números a sus anchas y que intente sacrificar a sus amigos, eso lo evitaría hasta con su propia sangre.
— Así que mueve tu mano y dale ahí, justo ahí. — dijo realizando un gesto de indicación con su mentón, que claramente Masami no podía ver —. Toca el botón de borrar, y dejémonos de tonterías. ¡Bingo! Pero atrévete a acercar tus mugrosas uñas al número dos, y dejaré esta sala más roja que las luces del pasillo. Tú decides, amiga.
Y como la mano de Masami no se detenía, y atinó a colocar el dos, Wyatt gatilló en un instante, disparando y haciendo que el impacto generase una explosión en 5 metros de diámetro que, claramente, también lo afectaría a él, y seguramente a la sala de control en general.
BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
