16-04-2026, 09:39 PM
[personajeinvalido=3367]
Los vocablos ante el pequeño caracol en su mano fueron seguidos por el silencio. Ryota chasqueó los labios al no recibir respuesta, guardó la caracola en su nueva prenda marine y tan solo se quejó en su interior.
No tenía tiempo ni ganas para lamentarse de ninguna forma. Si no existía una puerta o le abrían una; él la fabricaría, aunque sus nudillos se desintegraran en el proceso.
Por suerte o por desgracia, no llegó a ser de esa forma. El tenue sonido de su collar comenzó a aumentar en crescendo, hasta convertirse en un nuevo motivo por el que preocuparse.
La oscuridad se acentuó y pequeños brillos comenzaron a emanar de su collar, el cual ahora sostenía con fuerza entre sus manos, intentando liberarse en un simple acto reflejo ante la desesperación.
Ryota desvió la mirada hacia los demás, Heras seguía allí y una vez más, gracias a él, pudo notar que los brillos que apenas alcanzaba a percibir en su propio collar provenían de pequeños números en su cuello (98585). Sin poder siquiera comprender lo que ocurría, miles de preguntas se presentaban en su cabeza, ¿acaso era el precio por matar a la marine? ¿Desde un principio eso tenía que ocurrir? ¿No eran reos en una prisión?
Los pensamientos fueron callados por la luz. Los orbes de color miel se desplazaron a la fuente de esta, una proyección se mostraba sobre una de las amplias y olvidadas paredes del recinto. “¿Qué ped…?” No reconoció el símbolo, la luz naranja tan solo acentuaba más la incertidumbre y entonces…
Una voz sin alma se escucho por todo el interior del cuarto.
Las preguntas fueron respondidas, no eran reos en una prisión y no luchaban por sus vidas; tan solo eran ganado marcado, preparado para ser vendido al mejor postor. Su lucha jamás importó y ahora debían decidir entre ellos quiénes “gozarían” de las cadenas o sucumbirían en ese lugar, probablemente a raíz de lo que portaban sobre sus hombros.
Los segundos comenzaron a contar, un minuto que fue eterno y en el cual Ryota tan solo necesitó de un pequeño fragmento para tomar una decisión.
00:02
“Kekeke que putada… enserio nos jodieron.” Suspiro, no se detuvo en ningún momento y tomó de la mano de Heras el botiquín que no uso, para dejar en la misma 100mil berrys, que pertenecían a la rubia.
00:12
De un rápido salto se desplazó hasta donde la sordita se encontraba. Arrodillándose junto a ella, para comenzar a envolver con rapidez su cuerpo con las vendas de forma inexperta pero apresurada. “Cuando era pequeño, vi a un pirata en el puerto de Baquella, despilfarrando su dinero y disfrutando de su vida. Quise eso para mí.”
00:22
Continúo aplicándole los primeros auxilios mientras se percataba del número en su cuello (00049) No sabía el propio, pero entendió de manera amarga que ese podría ser el más bajo. “Una vida en la cual no necesitará trabajar y disfrutará de una verdadera libertad.”
00:28
“Por eso me aventuré al mar. Para dejar de vender pescados en un puerto y disfrutar de mi propia existencia.” Compartió aquello, más para el lunarian, que era el único allí presente, mientras sus manos continuaban atendiendo a la señorita.
00:36
“No tienes ni idea de lo que estoy dispuesto a hacer para que esa simple diversión nunca termine.” Su voz se tensó y sus ojos se desviaron amenazantes hacia el de piel morena.
00:43
Pero luego se relajaron, revelando una sonrisa y continuando con lo que estaba haciendo.
“Por desgracia, no puedo sacrificarla...” Ryota era un pirata, no pretendía ser un héroe, disfrutaba de robar, salirse con la suya, mentir y en muchas ocasiones incluso llegaría a cruzar la línea por los suyos y su supervivencia. Sin embargo, aunque se esforzara por ser sínico, por esconderlo en lo más profundo de su ser, tenía una moral íntegra y ante sus ojos, esa mujer inconsciente no merecía una muerte como esa.
“Y tú…” Recordó el momento en que se conocieron enfrentando al Oso, cuando lo vio proteger a Runin y a Liora, incluso hace unos minutos contra la rubia. No era un mal sujeto. “Eres un buen tipo, así que protege a esta chica allí afuera y si alguna vez llegas a ver a Runin, Tezca, Barald, Wyatt, Tocho Morocho, Cardan, Yuuki o a gente navegando con el nombre de los Hanu Mahana.” La voz de Ryota comenzó a quebrarse.

“Diles, que realmente quería continuar mi viaje con todos ellos…”
00:55
Terminados los primeros auxilios, dejo 100mil berrys sobre el pecho de la chica.
En medio de sus lágrimas pues deseaba seguir viviendo más que nadie. Ryota Miyamoto se levantó lleno de convicción, limpió su rostro, peinó sus cabellos hacia atrás, y con cada fibra de su ser se dirigió a quienes lo estuviesen observando.

“¡Yo soy el menos apto! ¡Mi nombre es Miyamoto Ryota! ¡Y PREFIERO MORIR COMO UN PRESO! ¡A VIVIR COMO UN ESCLAVO QUE SACRIFICA A DEBILES Y COMPAÑEROS! ¡EN MI SIGUIENTE VIDA! ¡JURO QUE LOS MATARE A TODOS USTEDES POR ARREBATARME MI SUEÑO!”
01:00
El nacido en Baterilla no era alguien ejemplar y deseaba vivir, pero no como una rata que entrega a los suyos o a los más débiles. Esa, tan solo no sería una vida digna de ser disfrutable.
Los vocablos ante el pequeño caracol en su mano fueron seguidos por el silencio. Ryota chasqueó los labios al no recibir respuesta, guardó la caracola en su nueva prenda marine y tan solo se quejó en su interior.
No tenía tiempo ni ganas para lamentarse de ninguna forma. Si no existía una puerta o le abrían una; él la fabricaría, aunque sus nudillos se desintegraran en el proceso.
Por suerte o por desgracia, no llegó a ser de esa forma. El tenue sonido de su collar comenzó a aumentar en crescendo, hasta convertirse en un nuevo motivo por el que preocuparse.
La oscuridad se acentuó y pequeños brillos comenzaron a emanar de su collar, el cual ahora sostenía con fuerza entre sus manos, intentando liberarse en un simple acto reflejo ante la desesperación.
Ryota desvió la mirada hacia los demás, Heras seguía allí y una vez más, gracias a él, pudo notar que los brillos que apenas alcanzaba a percibir en su propio collar provenían de pequeños números en su cuello (98585). Sin poder siquiera comprender lo que ocurría, miles de preguntas se presentaban en su cabeza, ¿acaso era el precio por matar a la marine? ¿Desde un principio eso tenía que ocurrir? ¿No eran reos en una prisión?
Los pensamientos fueron callados por la luz. Los orbes de color miel se desplazaron a la fuente de esta, una proyección se mostraba sobre una de las amplias y olvidadas paredes del recinto. “¿Qué ped…?” No reconoció el símbolo, la luz naranja tan solo acentuaba más la incertidumbre y entonces…
Una voz sin alma se escucho por todo el interior del cuarto.

Las preguntas fueron respondidas, no eran reos en una prisión y no luchaban por sus vidas; tan solo eran ganado marcado, preparado para ser vendido al mejor postor. Su lucha jamás importó y ahora debían decidir entre ellos quiénes “gozarían” de las cadenas o sucumbirían en ese lugar, probablemente a raíz de lo que portaban sobre sus hombros.
Los segundos comenzaron a contar, un minuto que fue eterno y en el cual Ryota tan solo necesitó de un pequeño fragmento para tomar una decisión.
00:02
“Kekeke que putada… enserio nos jodieron.” Suspiro, no se detuvo en ningún momento y tomó de la mano de Heras el botiquín que no uso, para dejar en la misma 100mil berrys, que pertenecían a la rubia.
00:12
De un rápido salto se desplazó hasta donde la sordita se encontraba. Arrodillándose junto a ella, para comenzar a envolver con rapidez su cuerpo con las vendas de forma inexperta pero apresurada. “Cuando era pequeño, vi a un pirata en el puerto de Baquella, despilfarrando su dinero y disfrutando de su vida. Quise eso para mí.”
00:22
Continúo aplicándole los primeros auxilios mientras se percataba del número en su cuello (00049) No sabía el propio, pero entendió de manera amarga que ese podría ser el más bajo. “Una vida en la cual no necesitará trabajar y disfrutará de una verdadera libertad.”
00:28
“Por eso me aventuré al mar. Para dejar de vender pescados en un puerto y disfrutar de mi propia existencia.” Compartió aquello, más para el lunarian, que era el único allí presente, mientras sus manos continuaban atendiendo a la señorita.
00:36
“No tienes ni idea de lo que estoy dispuesto a hacer para que esa simple diversión nunca termine.” Su voz se tensó y sus ojos se desviaron amenazantes hacia el de piel morena.
00:43
Pero luego se relajaron, revelando una sonrisa y continuando con lo que estaba haciendo.
“Por desgracia, no puedo sacrificarla...” Ryota era un pirata, no pretendía ser un héroe, disfrutaba de robar, salirse con la suya, mentir y en muchas ocasiones incluso llegaría a cruzar la línea por los suyos y su supervivencia. Sin embargo, aunque se esforzara por ser sínico, por esconderlo en lo más profundo de su ser, tenía una moral íntegra y ante sus ojos, esa mujer inconsciente no merecía una muerte como esa.
“Y tú…” Recordó el momento en que se conocieron enfrentando al Oso, cuando lo vio proteger a Runin y a Liora, incluso hace unos minutos contra la rubia. No era un mal sujeto. “Eres un buen tipo, así que protege a esta chica allí afuera y si alguna vez llegas a ver a Runin, Tezca, Barald, Wyatt, Tocho Morocho, Cardan, Yuuki o a gente navegando con el nombre de los Hanu Mahana.” La voz de Ryota comenzó a quebrarse.

“Diles, que realmente quería continuar mi viaje con todos ellos…”
00:55
Terminados los primeros auxilios, dejo 100mil berrys sobre el pecho de la chica.
En medio de sus lágrimas pues deseaba seguir viviendo más que nadie. Ryota Miyamoto se levantó lleno de convicción, limpió su rostro, peinó sus cabellos hacia atrás, y con cada fibra de su ser se dirigió a quienes lo estuviesen observando.

“¡Yo soy el menos apto! ¡Mi nombre es Miyamoto Ryota! ¡Y PREFIERO MORIR COMO UN PRESO! ¡A VIVIR COMO UN ESCLAVO QUE SACRIFICA A DEBILES Y COMPAÑEROS! ¡EN MI SIGUIENTE VIDA! ¡JURO QUE LOS MATARE A TODOS USTEDES POR ARREBATARME MI SUEÑO!”
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El nacido en Baterilla no era alguien ejemplar y deseaba vivir, pero no como una rata que entrega a los suyos o a los más débiles. Esa, tan solo no sería una vida digna de ser disfrutable.
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