16-04-2026, 08:26 PM
(Última modificación: 16-04-2026, 08:29 PM por Alek.
Razón: Me faltó el colorcito y sumarme la vida y restarme la energía, le di a enviar sin querer.
)
[personajeinvalido=3367]
El moreno abrió el cajón con rapidez, un golpe secó en cuanto llegó a su límite se escuchó. Nada, no había nada útil. Solo podría ver algún que otro papel garabateado, probablemente por el mink al que acaban de enfrentar. algún chicle pegado en una esquina, y hasta viales vacíos con la punta rota. Escuchó al gyojin en la lejanía, que parecía haberse internado en aquella sala a la que los quería empujar el mink en primer lugar. - Nada - Comunicó, haciendo oídos sordos respecto a la pregunta sobre plátanos.
El alado suspiró mientras se arrancaba otra pobre pluma de sus alas y, con un simple movimiento cortó la pluma en dos. Una de las dos mitades se transformó en una pequeña judía verde algo blanda al tacto y, con un mero movimiento de su mano, se la llevó a la boca, masticándola y tragándola en un instante. Volvía a sentir el calor de su cuerpo una vez más, aunque seguía intranquilo. Todo lo que había pasado era tan increíble y doloroso que le costaba procesarlo. Había despertado en una sala a oscuras habiendo caído inconsciente solo dios sabe cómo, un marine parecía tenerlo retenido y, queriendo experimentar con él, casi lo mata y ahora estaba intentando buscar la llave de aquel mecanismo que apresaba su cuello. - … - Tomó aire por su nariz, intentando tranquilizarse, pero algo le cortó ese pequeño momento de tranquilidad. Algo que estaba en sus oídos desde que se había despertado, el singular sonido de un mecanismo que hacía el mismo ruido que un reloj. Tic tac. Ahora cobraba presencia, después de abandonar el terror y parte de la adrenalina, aunque aun conservaba en su cuerpo la suficiente como para que sus sentidos se volviesen a poner alerta en cuanto sintió que las luces comenzaron a atenuarse.
Miró alrededor de la sala, sin perder ni un solo segundo volvió a alzar el vuelo, su elemento, era su agua para el pez. Apenas podía distinguir las cuatro figuras al fondo de la sala. Una sobre el suelo, el mono; una fina a comparación de las otras, la mujer gyojin; una ancha más que larga, el gyojin; y la de alguien más alto que el resto, la mujer como una montaña.
El alado arrugó la nariz en cuanto vio iluminarse algo al fondo de la sala, en cuanto sintió la luz salir de su propio cuello entendió parte, los collares se estaban iluminando. ¿Estarían a punto de explotar? No tenía idea realmente. De lo que si tenía idea es de la luz que sorpresivamente se iluminaría, como la típica de alarma, una luz que giraba constantemente y sin descanso. Aquello ponía más nervioso al lunarian y, sin un ápice de duda, volvería a ahorcar con fuerza el mango de su katana una vez más. Tanto frenesí no le había dejado pensar en ello, pero probablemente hubiese más gente en aquel sitio. ¿Únicamente cuatro personas para experimentar? No, imposible. Debían haber más, y más como el orangután. No se podía fiar de nadie.
La voz habló, Alek escuchó.
- Ni de broma. Preferiría morir a ser el esclavo de nadie - Farfulló, antes de que la grabación terminase, con la nariz arrugada emitiendo aquel tono tan estático y neutral. - ¡No pienso salir para que me conviertan en carne de cañón para un esclavista, no de nuevo! - En su mente el grito si resonaba. - La Marina es definitivamente lo peor - Habló, recordando que aun llevaba la capa del orangután con él, la tomó con su mano izquierda.
Ahí llegó, la crispación. Un grito que retumbó más que la propia grabación, el alado miró con la adrenalina de vuelta. Aquella mujer, Sigrid la había llamado Juan, sacando un grito desde lo más profundo se su ser, instaba al marine a sobrevivir, para, de un momento a otro, y repentinamente, empezar a cargar contra Alek. El aleteo de sus alas en mitad del aire era evidente, su mano se estrechaba con más fuerza sobre su arma, sus alas acumulaban el impulso. Estaba nervioso, con adrenalina, acababa de escapar de una muerte casi segura contra un marine que quería experimentar con él. ¿Y después de todo eso, y un mensaje por altavoz de lo menos esperanzador para alguien que había sido esclavo, uno de los dos marines comienza una estampida contra él? Para no dejar lugar a dudas, sus pasos con un estruendoso sonido y alzando las palmas de sus manos según se estaba acercando, intentando tirarle algo a unos cuantos metros.
No.
- Vosotros estáis compinchados seguro, a mi no me cogeréis con vida - Recitó mientras que con sus alas se desvió del impacto, esquivándolo, de aquel chorro. ¿Sangre? No podía distinguir ni lo que era, pero no iba a dejar que lo tocara. - Antes muerto - Continuó sin detener su vuelo en curva hacia Sigrid, puesto que la mujer parecía seguir queriendo atraparlo a como diese lugar. Y es entonces, cuando la tuvo a tiro de pluma, poco más que un metro, cuando dejó que su arma danzase en el aire.
Otro tajo. Otra línea. Otra vez Liberatio.
Su arma describió un arco horizontal en el aire que impactaría de lleno contra el pecho de la mujer, bajo aquella luz que ahora podría saber que eran números en el collar. Una vez más tenía que luchar por vivir, y ahora, las palabras que le había dicho a la gyojin unos instantes antes, cobraba sentido de nuevo.
'' - Yo solo hice lo que tenía que hacer para sobrevivir, si hubiese sido cualquier otro lo habría hecho igual. Hasta la muerte - ''
El moreno abrió el cajón con rapidez, un golpe secó en cuanto llegó a su límite se escuchó. Nada, no había nada útil. Solo podría ver algún que otro papel garabateado, probablemente por el mink al que acaban de enfrentar. algún chicle pegado en una esquina, y hasta viales vacíos con la punta rota. Escuchó al gyojin en la lejanía, que parecía haberse internado en aquella sala a la que los quería empujar el mink en primer lugar. - Nada - Comunicó, haciendo oídos sordos respecto a la pregunta sobre plátanos.
El alado suspiró mientras se arrancaba otra pobre pluma de sus alas y, con un simple movimiento cortó la pluma en dos. Una de las dos mitades se transformó en una pequeña judía verde algo blanda al tacto y, con un mero movimiento de su mano, se la llevó a la boca, masticándola y tragándola en un instante. Volvía a sentir el calor de su cuerpo una vez más, aunque seguía intranquilo. Todo lo que había pasado era tan increíble y doloroso que le costaba procesarlo. Había despertado en una sala a oscuras habiendo caído inconsciente solo dios sabe cómo, un marine parecía tenerlo retenido y, queriendo experimentar con él, casi lo mata y ahora estaba intentando buscar la llave de aquel mecanismo que apresaba su cuello. - … - Tomó aire por su nariz, intentando tranquilizarse, pero algo le cortó ese pequeño momento de tranquilidad. Algo que estaba en sus oídos desde que se había despertado, el singular sonido de un mecanismo que hacía el mismo ruido que un reloj. Tic tac. Ahora cobraba presencia, después de abandonar el terror y parte de la adrenalina, aunque aun conservaba en su cuerpo la suficiente como para que sus sentidos se volviesen a poner alerta en cuanto sintió que las luces comenzaron a atenuarse.
Miró alrededor de la sala, sin perder ni un solo segundo volvió a alzar el vuelo, su elemento, era su agua para el pez. Apenas podía distinguir las cuatro figuras al fondo de la sala. Una sobre el suelo, el mono; una fina a comparación de las otras, la mujer gyojin; una ancha más que larga, el gyojin; y la de alguien más alto que el resto, la mujer como una montaña.
El alado arrugó la nariz en cuanto vio iluminarse algo al fondo de la sala, en cuanto sintió la luz salir de su propio cuello entendió parte, los collares se estaban iluminando. ¿Estarían a punto de explotar? No tenía idea realmente. De lo que si tenía idea es de la luz que sorpresivamente se iluminaría, como la típica de alarma, una luz que giraba constantemente y sin descanso. Aquello ponía más nervioso al lunarian y, sin un ápice de duda, volvería a ahorcar con fuerza el mango de su katana una vez más. Tanto frenesí no le había dejado pensar en ello, pero probablemente hubiese más gente en aquel sitio. ¿Únicamente cuatro personas para experimentar? No, imposible. Debían haber más, y más como el orangután. No se podía fiar de nadie.
La voz habló, Alek escuchó.
- Ni de broma. Preferiría morir a ser el esclavo de nadie - Farfulló, antes de que la grabación terminase, con la nariz arrugada emitiendo aquel tono tan estático y neutral. - ¡No pienso salir para que me conviertan en carne de cañón para un esclavista, no de nuevo! - En su mente el grito si resonaba. - La Marina es definitivamente lo peor - Habló, recordando que aun llevaba la capa del orangután con él, la tomó con su mano izquierda.
Ahí llegó, la crispación. Un grito que retumbó más que la propia grabación, el alado miró con la adrenalina de vuelta. Aquella mujer, Sigrid la había llamado Juan, sacando un grito desde lo más profundo se su ser, instaba al marine a sobrevivir, para, de un momento a otro, y repentinamente, empezar a cargar contra Alek. El aleteo de sus alas en mitad del aire era evidente, su mano se estrechaba con más fuerza sobre su arma, sus alas acumulaban el impulso. Estaba nervioso, con adrenalina, acababa de escapar de una muerte casi segura contra un marine que quería experimentar con él. ¿Y después de todo eso, y un mensaje por altavoz de lo menos esperanzador para alguien que había sido esclavo, uno de los dos marines comienza una estampida contra él? Para no dejar lugar a dudas, sus pasos con un estruendoso sonido y alzando las palmas de sus manos según se estaba acercando, intentando tirarle algo a unos cuantos metros.
No.
- Vosotros estáis compinchados seguro, a mi no me cogeréis con vida - Recitó mientras que con sus alas se desvió del impacto, esquivándolo, de aquel chorro. ¿Sangre? No podía distinguir ni lo que era, pero no iba a dejar que lo tocara. - Antes muerto - Continuó sin detener su vuelo en curva hacia Sigrid, puesto que la mujer parecía seguir queriendo atraparlo a como diese lugar. Y es entonces, cuando la tuvo a tiro de pluma, poco más que un metro, cuando dejó que su arma danzase en el aire.
Otro tajo. Otra línea. Otra vez Liberatio.
Su arma describió un arco horizontal en el aire que impactaría de lleno contra el pecho de la mujer, bajo aquella luz que ahora podría saber que eran números en el collar. Una vez más tenía que luchar por vivir, y ahora, las palabras que le había dicho a la gyojin unos instantes antes, cobraba sentido de nuevo.
'' - Yo solo hice lo que tenía que hacer para sobrevivir, si hubiese sido cualquier otro lo habría hecho igual. Hasta la muerte - ''
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