09-04-2026, 04:41 PM
La niña esperó una respuesta, con ápice de temor y una muy clara ilusión por escuchar la respuesta de la cocinera, que intentaba ocultar con una expresión seria que no venía muy al caso. Acompañó a su nueva amiga hacia la zona donde ella estaba trabajando sin problemas, escuchando la condición. Al terminar de oírla, asintió de forma enérgica, también otorgando algo de esa energía infantil en su voz. - Claro, claro que lo haré -.
Uker había estado tan concentrado en su parte del trabajo, que no había oído la conversación entre las mujeres. Incluso si lo habían visto, solo se encontrarían con un hombre que murmuraba cosas para él mientras continuaba con su labor, al menos hasta que Akura expresó sus ganas de hacerle caso a la mink. Ahí giró la cabeza, encontrándose con la pregunta de su nueva compañera, sonriendo y apuntando con su pulgar a la zona donde lavaban los platos. Sonrió mientras la más joven se acercaba a lavarse las manos, con especial cuidado de no dejar pasar ni una zona de su piel para no molestar a la mujer que le estaba permitiendo tocar sus orejas.
Uker acarició su cabeza, la niña levantó la mirada y se encontró con la cálida sonrisa del cocinero. - ¿Te diviertes? -. La chica sonrió y asintió, con la seguridad que solo parecía tener junto al pelinegro. Ante la respuesta, Uker se relajó, dejando que ella siguiera lavando sus manos, tarea con la que estaba tardando más de lo esperado, pero en la que quería asegurarse de hacerlo bien.
Incluso se tomó su tiempo para secarse, pero en cuanto terminó se acercó por fin a la otra mujer. Le mostró las manos y dejó que sea ella quien juzgue si tenía permitido o no tocar sus orejas. - ¿Así está bien? -. De nuevo volvió a su actitud tímida, pero el brillo de su mirada mostraba su emoción por el momento.
Con su tarea completa, Uker también había procedido a lavarse las manos, y ahora se acercaba a ellas dos mientras secaba una de estas con un paño. Le ponía feliz ver que la niña tan solitaria que veía día tras día estaba haciendo una amiga por fin.
Aunque, también se trataba de otra trabajadora y no de un niño de su edad. ¿Qué podría hacer para solucionar eso?
- Uker -.
Un llamado llegó desde la puerta de la cocina, se trataba de una mujer adulta, que miraba al cocinero. - ¿Puedo robarte un momento? -. El muchacho asintió, dejando el paño de lado y acercándose a la puerta para hablar con la mujer, en un tono de voz más bajo y que ambos esperaban que no fuera escuchado por las otras dos en la sala. - ¿La nueva cocinera lo hace bien? -. Uker asintió y sonrió, intentando quitarle preocupaciones a la mujer. - Claro que sí, no se preocupe por eso -. La mujer también hizo lo propio y suspiró. - Bueno, si se llevan bien será muy bueno. ¿Akura está molestándolos? -.
Ahora el muchacho negó con la cabeza. - No, sabe que no es una molestia, ella sabe cuando puede y cuando no puede intervenir -. La recién llegada mostró algo de preocupación, pero echó un vistazo rápido al lugar, sobre todo a la niña. - Ella se pasa mucho tiempo aquí. Entiendo que no es tu trabajo, pero si eres el único al que escucha sería bueno que… -. Bajó el tono de voz para que esa parte sí que quede solo entre ellos dos. Uker no pudo hacer más que asentir y sonreír, la mujer le agradeció por su trabajo, al igual que a Nyra, para luego marcharse con prisa. El joven Rackham se giró, posó su mirada por unos momentos en Akura, pensativo, lo que hizo que ella agachara la mirada, oculta detrás de las piernas de Nyra desde la llegada de la otra mujer. Pensaba que había hecho algo mal o que iban a sacarla de ahí, él pudo notarlo, por lo que solo suspiró y se agachó para mirarla a los ojos. - ¿Qué me dices de cortar la fruta? Como te enseñé hace unos días -. Los ojos de la niña se alzaron y brillaron, podía leerse en su rostro una clara intención de gritar “¡¿En serio?!”, la cual fue respondida con un gesto positivo de la cabeza del muchacho.
La jovencita salió con prisa en dirección a la zona donde guardaban la fruta, mientras que Uker sonreía y se levantaba. Miró a Nyra y sonrió, esperando que la conversación con la mujer no le haya mermado los ánimos. - Bueno, ¿terminamos nuestro trabajo? -.
Uker había estado tan concentrado en su parte del trabajo, que no había oído la conversación entre las mujeres. Incluso si lo habían visto, solo se encontrarían con un hombre que murmuraba cosas para él mientras continuaba con su labor, al menos hasta que Akura expresó sus ganas de hacerle caso a la mink. Ahí giró la cabeza, encontrándose con la pregunta de su nueva compañera, sonriendo y apuntando con su pulgar a la zona donde lavaban los platos. Sonrió mientras la más joven se acercaba a lavarse las manos, con especial cuidado de no dejar pasar ni una zona de su piel para no molestar a la mujer que le estaba permitiendo tocar sus orejas.
Uker acarició su cabeza, la niña levantó la mirada y se encontró con la cálida sonrisa del cocinero. - ¿Te diviertes? -. La chica sonrió y asintió, con la seguridad que solo parecía tener junto al pelinegro. Ante la respuesta, Uker se relajó, dejando que ella siguiera lavando sus manos, tarea con la que estaba tardando más de lo esperado, pero en la que quería asegurarse de hacerlo bien.
Incluso se tomó su tiempo para secarse, pero en cuanto terminó se acercó por fin a la otra mujer. Le mostró las manos y dejó que sea ella quien juzgue si tenía permitido o no tocar sus orejas. - ¿Así está bien? -. De nuevo volvió a su actitud tímida, pero el brillo de su mirada mostraba su emoción por el momento.
Con su tarea completa, Uker también había procedido a lavarse las manos, y ahora se acercaba a ellas dos mientras secaba una de estas con un paño. Le ponía feliz ver que la niña tan solitaria que veía día tras día estaba haciendo una amiga por fin.
Aunque, también se trataba de otra trabajadora y no de un niño de su edad. ¿Qué podría hacer para solucionar eso?
- Uker -.
Un llamado llegó desde la puerta de la cocina, se trataba de una mujer adulta, que miraba al cocinero. - ¿Puedo robarte un momento? -. El muchacho asintió, dejando el paño de lado y acercándose a la puerta para hablar con la mujer, en un tono de voz más bajo y que ambos esperaban que no fuera escuchado por las otras dos en la sala. - ¿La nueva cocinera lo hace bien? -. Uker asintió y sonrió, intentando quitarle preocupaciones a la mujer. - Claro que sí, no se preocupe por eso -. La mujer también hizo lo propio y suspiró. - Bueno, si se llevan bien será muy bueno. ¿Akura está molestándolos? -.
Ahora el muchacho negó con la cabeza. - No, sabe que no es una molestia, ella sabe cuando puede y cuando no puede intervenir -. La recién llegada mostró algo de preocupación, pero echó un vistazo rápido al lugar, sobre todo a la niña. - Ella se pasa mucho tiempo aquí. Entiendo que no es tu trabajo, pero si eres el único al que escucha sería bueno que… -. Bajó el tono de voz para que esa parte sí que quede solo entre ellos dos. Uker no pudo hacer más que asentir y sonreír, la mujer le agradeció por su trabajo, al igual que a Nyra, para luego marcharse con prisa. El joven Rackham se giró, posó su mirada por unos momentos en Akura, pensativo, lo que hizo que ella agachara la mirada, oculta detrás de las piernas de Nyra desde la llegada de la otra mujer. Pensaba que había hecho algo mal o que iban a sacarla de ahí, él pudo notarlo, por lo que solo suspiró y se agachó para mirarla a los ojos. - ¿Qué me dices de cortar la fruta? Como te enseñé hace unos días -. Los ojos de la niña se alzaron y brillaron, podía leerse en su rostro una clara intención de gritar “¡¿En serio?!”, la cual fue respondida con un gesto positivo de la cabeza del muchacho.
La jovencita salió con prisa en dirección a la zona donde guardaban la fruta, mientras que Uker sonreía y se levantaba. Miró a Nyra y sonrió, esperando que la conversación con la mujer no le haya mermado los ánimos. - Bueno, ¿terminamos nuestro trabajo? -.
