09-04-2026, 08:19 AM
(Última modificación: 09-04-2026, 08:36 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3367]
La ingenuidad lo llevó a atacar, creyendo que podría igualar el timing de su oponente. No obstante, la amarga realidad volvió a presentarse como una verdad inequívoca; ella siempre fue más rápida. Incluso habiendo ganado la retaguardia, drenado al máximo la capacidad de sus piernas y creído que golpearía con todas sus fuerzas la cabeza rubia… seguía siendo demasiado lento.
El reflejo en los ojos de Ryota mostró lo ocurrido.
El cuerpo de la mujer evadió ambos golpes de forma antinatural, los puños cortaron el aire, haciéndole perder el equilibrio durante su desplazamiento y llevándolo al suelo, donde impactó, sin quererlo, muy cerca del rostro de su aliado.
“¡Mierda!” La frustración llenó su rostro, su mandíbula se tensó y de inmediato se reincorporó para alejarse del malherido Heras apenas un paso hacia la izquierda. Buscando desesperadamente con sus cuatro ojos el lugar al que la mujer se había desplazado.
Pánico, calor, dolor, tensión, todas las sensaciones vividas aumentaron al verse desprotegido ante un ataque sorpresa. Entonces, la volvió a ver, ahora 20M separada de sus posiciones.
El alivio al verla fue mínimo, pues la distancia volvía a ser difícil de recortar contra un oponente con la capacidad de generar ataques masivos en el área.
Fue entonces cuando, al mismo tiempo en que la mente de Ryota buscaba una estrategia impulsada por la desesperación, un fuerte sonido recorrió la sala. Se obligó a no desviar la mirada de su oponente, pero lo escuchó con claridad… algo grande, pesado y metálico descendió con fuerza sobre algo más. El sonido de los músculos desgarrándose retumbó en el interior de su cabeza, pudo escucharlo perfectamente desde la zona en que quizás se encontraban las otras chicas de la sala.
“¿Ambas murieron?” Fue la pregunta que llegó a su mente ante la falta de un grito que le hiciera suponer lo contrario.
La amarga lucha que decidió afrontar cobró la vida de dos personas, pero no sintió ningún remordimiento al respecto, solo aún más pánico. Frente a él se encontraba la única culpable de esa situación: una mujer que mostraba una clara alegría por lo sucedido y cuyos poderes le otorgaban tres galletas al ritmo de sus aplausos, al compás de zapateos que solo reflejaban su disposición a continuar la lucha.
“¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!”
El sonoro grito de Ryota retumbó en la sala. No fue ira, no fue frustración, no fue terror; fueron todas juntas, la única forma que encontró para desahogar todas las emociones que se arremolinaban en su garganta y poder afrontar lo que sucedía en esos momentos.
Debía luchar, aunque estuviera muerto del pánico. Incluso si era la presa más débil y aterrorizada. No podía darse el lujo de escapar, o de perder la vida en ese lugar, y menos imaginando que sus compañeros podían encontrarse en situaciones similares, contra bastardos como ella.
La voluntad de un capitán, sin importar nada, siempre debía prevalecer en situaciones como esa.
“Tienes razón, esto aún no termina, bro, ¡prepárate para mi último trago!”
Al término de esas palabras, las ocho patas del que en un instante se convirtió en un arácnido completo lo desplazaron, pero a diferencia de las ocasiones anteriores, el terreno por el que Ryota avanzaría no sería el suelo. La araña dio un poderoso salto de 17 M de altura, avanzando 20 M en el aire hasta colocarse sobre la mujer de cabellos rubios a una velocidad muy superior a sus agudos reflejos.
El descenso, fuera de la visión de La Jari y justo sobre su cabeza, permitió a la modesta araña de tan solo 50CM orientar lo que serían sus colmillos hacia la cabeza de su oponente. En un instante descargó una violenta mordida sobre la cabeza de la rubia.
La sombra, en esta ocasión, no existió. El cuerpo de la araña era mucho más pequeño que antes y, gracias al desplazamiento de la marine, había quedado orientado de tal forma que la luz —proviniera de donde proviniera— no permitía distinguirla.
El impacto frenó la caída de Ryota, quien después de inocular su potente somnífero, cambió a su forma híbrida para caer a espaldas de su oponente usando su cabeza como soporte para desatar un segundo ataque aún más destructivo que el primero. “¡Buto Kaiten!” El cuerpo del híbrido giró a gran velocidad impactando de lleno contra la espalda de la mujer que salió disparada 9M en dirección a donde se encontraba Heras.
La ingenuidad lo llevó a atacar, creyendo que podría igualar el timing de su oponente. No obstante, la amarga realidad volvió a presentarse como una verdad inequívoca; ella siempre fue más rápida. Incluso habiendo ganado la retaguardia, drenado al máximo la capacidad de sus piernas y creído que golpearía con todas sus fuerzas la cabeza rubia… seguía siendo demasiado lento.
El reflejo en los ojos de Ryota mostró lo ocurrido.
El cuerpo de la mujer evadió ambos golpes de forma antinatural, los puños cortaron el aire, haciéndole perder el equilibrio durante su desplazamiento y llevándolo al suelo, donde impactó, sin quererlo, muy cerca del rostro de su aliado.
“¡Mierda!” La frustración llenó su rostro, su mandíbula se tensó y de inmediato se reincorporó para alejarse del malherido Heras apenas un paso hacia la izquierda. Buscando desesperadamente con sus cuatro ojos el lugar al que la mujer se había desplazado.
Pánico, calor, dolor, tensión, todas las sensaciones vividas aumentaron al verse desprotegido ante un ataque sorpresa. Entonces, la volvió a ver, ahora 20M separada de sus posiciones.
El alivio al verla fue mínimo, pues la distancia volvía a ser difícil de recortar contra un oponente con la capacidad de generar ataques masivos en el área.
Fue entonces cuando, al mismo tiempo en que la mente de Ryota buscaba una estrategia impulsada por la desesperación, un fuerte sonido recorrió la sala. Se obligó a no desviar la mirada de su oponente, pero lo escuchó con claridad… algo grande, pesado y metálico descendió con fuerza sobre algo más. El sonido de los músculos desgarrándose retumbó en el interior de su cabeza, pudo escucharlo perfectamente desde la zona en que quizás se encontraban las otras chicas de la sala.
“¿Ambas murieron?” Fue la pregunta que llegó a su mente ante la falta de un grito que le hiciera suponer lo contrario.
La amarga lucha que decidió afrontar cobró la vida de dos personas, pero no sintió ningún remordimiento al respecto, solo aún más pánico. Frente a él se encontraba la única culpable de esa situación: una mujer que mostraba una clara alegría por lo sucedido y cuyos poderes le otorgaban tres galletas al ritmo de sus aplausos, al compás de zapateos que solo reflejaban su disposición a continuar la lucha.
“¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!”
El sonoro grito de Ryota retumbó en la sala. No fue ira, no fue frustración, no fue terror; fueron todas juntas, la única forma que encontró para desahogar todas las emociones que se arremolinaban en su garganta y poder afrontar lo que sucedía en esos momentos.
Debía luchar, aunque estuviera muerto del pánico. Incluso si era la presa más débil y aterrorizada. No podía darse el lujo de escapar, o de perder la vida en ese lugar, y menos imaginando que sus compañeros podían encontrarse en situaciones similares, contra bastardos como ella.
La voluntad de un capitán, sin importar nada, siempre debía prevalecer en situaciones como esa.
“Tienes razón, esto aún no termina, bro, ¡prepárate para mi último trago!”
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El descenso, fuera de la visión de La Jari y justo sobre su cabeza, permitió a la modesta araña de tan solo 50CM orientar lo que serían sus colmillos hacia la cabeza de su oponente. En un instante descargó una violenta mordida sobre la cabeza de la rubia.
La sombra, en esta ocasión, no existió. El cuerpo de la araña era mucho más pequeño que antes y, gracias al desplazamiento de la marine, había quedado orientado de tal forma que la luz —proviniera de donde proviniera— no permitía distinguirla.
El impacto frenó la caída de Ryota, quien después de inocular su potente somnífero, cambió a su forma híbrida para caer a espaldas de su oponente usando su cabeza como soporte para desatar un segundo ataque aún más destructivo que el primero. “¡Buto Kaiten!” El cuerpo del híbrido giró a gran velocidad impactando de lleno contra la espalda de la mujer que salió disparada 9M en dirección a donde se encontraba Heras.
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