08-04-2026, 08:18 PM
La explosión me ha pillado fuera de lugar, como si algo no encajara. Los pensamientos van y vienen sobre la causa de dicha falla en el sistema, que no es poca cosa. Una brecha de seguridad en la sala de control compromete por completo la estabilidad de la base y de nuestro plan. Pero algo así es imposible... ¿No? ¿Y si alguno de la Squad está en peligro? ¿Y si Landon está en apuros? Y si... Y si... Y si...
Los pensamientos intrusivos paralizan mi cuerpo y me roban toda la atención por unos segundos. Tiempo suficiente para que ambas espadachines recuperen la iniciativa y le den un giro al combate de 180 grados. Es demasiado tarde para mí. Cuando me quiero dar cuenta la mujer medusa se ha dejado de parloteo y la tengo encima clavándome sus dagas y la therian me está cortado con su katana. Sus aceros rasgan mi piel como unas tijeras cortan el papel y el dolor es insoportable. La cosa no acaba ahí, pues la gyojin aprovecha el momento de vulnerabilidad y empieza a segregar un fluido viscoso desde su cuerpo que me cubre por completo. No sé qué es, aunque huele a lácteo... ¿Desde cuándo las medudas sueltan moco para defenderse? Caemos irremediablemente contra el suelo, pero mientras ellas lo hacen con gracilidad, yo me desplomo con torpeza y poca gracia, en un charco mezclado de sangre púrpura y la pringue resbaladiza que baña mi cuerpo. Es asqueroso.
Las mujeres se alejan rápidamente de mi posición, consiguiendo posiciones ventajosas de vuelta. Sin embargo, hay una razón más escondida en sus acciones. El titán prueba suerte una vez más, aunque no se calla y lo grita todo, intentando aplastar mi cuerpo con su enorme puñetazo. Estoy confuso y desorientado, completamente dolorido y con una sensación a la que no estoy acostumbrado, uns fastidioso sentimiento de pérdida de control. Aún así, su golpe es lento. El tamaño le juega en contra y soy capaz de anteponerme con una maniobra defensiva. Esta vez, tan ligero y liviano como hoja de papel de fumar, mi cuerpo se dobla en una especie de media luna que rodea la muñeca del monstruo por un lateral y evade el golpe.
Pero este no se rinde. Es torpe, lento y hablador, pero su espíritu es indoblegable... Sin duda es hijo del mar. Agarrando su gigantesco garrote, me lanza un ataque demoledor, capaz de barrer todo lo que se encuentra a su paso. El golpe abarca todo lo que se encuentra, arrasando con todo... Sé que las chicas me han cogido la espalda. Si salto ahora, me pasaría lo mismo que hace un momento, acabaría en otra situación vulnerable. ¡Haga lo que haga estoy en una situación vulnerable joder! Así que la mejor de mis opciones es...
El arma de Wotan arrasa con todo... Y conmigo también. ¡¡Lo que no se esperan es como!! Antes de ser arrollado, mi cuerpo completo se convierte en una delgada tela de bandera y cuando soy golpeado, mi cuerpo es arrastrado, sin daños, como quien batea una camisa o un jersey. Todo mi ser se amolda al perímetro del kanabo mientras es conducido en el movimiento curvo que ejecuta el coloso. No duele, aunque marea bastante. Termino tendido como una prenda sobre el arma, como cuando los terrestres quieren secar su ropa al sol. ¿Que tontería, verdad? Con lo bien que se está con la ropa húmeda y fría. Aunque en este caso estoy lleno de pringue...
Los pensamientos intrusivos paralizan mi cuerpo y me roban toda la atención por unos segundos. Tiempo suficiente para que ambas espadachines recuperen la iniciativa y le den un giro al combate de 180 grados. Es demasiado tarde para mí. Cuando me quiero dar cuenta la mujer medusa se ha dejado de parloteo y la tengo encima clavándome sus dagas y la therian me está cortado con su katana. Sus aceros rasgan mi piel como unas tijeras cortan el papel y el dolor es insoportable. La cosa no acaba ahí, pues la gyojin aprovecha el momento de vulnerabilidad y empieza a segregar un fluido viscoso desde su cuerpo que me cubre por completo. No sé qué es, aunque huele a lácteo... ¿Desde cuándo las medudas sueltan moco para defenderse? Caemos irremediablemente contra el suelo, pero mientras ellas lo hacen con gracilidad, yo me desplomo con torpeza y poca gracia, en un charco mezclado de sangre púrpura y la pringue resbaladiza que baña mi cuerpo. Es asqueroso.
Las mujeres se alejan rápidamente de mi posición, consiguiendo posiciones ventajosas de vuelta. Sin embargo, hay una razón más escondida en sus acciones. El titán prueba suerte una vez más, aunque no se calla y lo grita todo, intentando aplastar mi cuerpo con su enorme puñetazo. Estoy confuso y desorientado, completamente dolorido y con una sensación a la que no estoy acostumbrado, uns fastidioso sentimiento de pérdida de control. Aún así, su golpe es lento. El tamaño le juega en contra y soy capaz de anteponerme con una maniobra defensiva. Esta vez, tan ligero y liviano como hoja de papel de fumar, mi cuerpo se dobla en una especie de media luna que rodea la muñeca del monstruo por un lateral y evade el golpe.
Pero este no se rinde. Es torpe, lento y hablador, pero su espíritu es indoblegable... Sin duda es hijo del mar. Agarrando su gigantesco garrote, me lanza un ataque demoledor, capaz de barrer todo lo que se encuentra a su paso. El golpe abarca todo lo que se encuentra, arrasando con todo... Sé que las chicas me han cogido la espalda. Si salto ahora, me pasaría lo mismo que hace un momento, acabaría en otra situación vulnerable. ¡Haga lo que haga estoy en una situación vulnerable joder! Así que la mejor de mis opciones es...
El arma de Wotan arrasa con todo... Y conmigo también. ¡¡Lo que no se esperan es como!! Antes de ser arrollado, mi cuerpo completo se convierte en una delgada tela de bandera y cuando soy golpeado, mi cuerpo es arrastrado, sin daños, como quien batea una camisa o un jersey. Todo mi ser se amolda al perímetro del kanabo mientras es conducido en el movimiento curvo que ejecuta el coloso. No duele, aunque marea bastante. Termino tendido como una prenda sobre el arma, como cuando los terrestres quieren secar su ropa al sol. ¿Que tontería, verdad? Con lo bien que se está con la ropa húmeda y fría. Aunque en este caso estoy lleno de pringue...
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