08-04-2026, 11:21 AM
(Última modificación: 08-04-2026, 01:58 PM por Voz Seductora.)
Los acontecimientos se habían precipitado durante los últimos segundos, y la situación en cada una de aquellas salas infernales parecía volverse más complicada, sangrienta y descarnada a cada instante. A través de la proyección de cada una de aquellas dichosas pantallas, era posible ver que la Plataforma Energética parecía haber vuelto a la normalidad, y el Planeta Océano se había llenado de agua nuevamente. La Sala de Torturas ya no era tal (o no tanto), sino que había perdido los pinchos que le daban su nombre, y el agua del lugar se había drenado a través de los extraños mecanismos de aquel lugar tan rápido como lo había inundado. La sala del derramamiento de sangre, sin embargo, era ahora la Cámara Tóxica, donde el enorme Marine había empezado a propinar una brutal paliza a una llamativa mujer alada. Repentinamente, las pantallas volvieron a emitir sonido, de forma que pudieron oír, si bien con cierta distorsión y en calidad comprimida, qué ocurría en cada una.
Si bien pudo deducir que, en efecto, había conexiones entre Planeta Océano y la Sala de Torturas, también pudo intuir que era altamente probable que muchas de las salas estuviesen conectadas entre sí de formas impredecibles, y, de hecho, que posiblemente hubiese combinaciones particulares capaces de poner en los aprietos más espantosos a las víctimas más insospechadas. De poco había servido su intento de encontrar algún mecanismo de emergencia; quien fuera que hubiese sido el responsable de diseñar todo aquel sistema ni siquiera parecía haber contemplado la posibilidad de una emergencia. La idea detrás de aquel lugar era que todo lo que ocurriese, todo, era bienvenido, por lo que no había lugar para el concepto de emergencia. Tal vez no hubiese buscado en el lugar adecuado, o tal vez aquel sistema fuese demasiado complejo, pero no parecía haber una respuesta clara, ni una combinación ganadora que los sacase de allí sanos y salvos, ni un botón mágico que pudiese salvar la situación. Aquel lugar estaba concebido exactamente para el horror que estaban presenciando.
Al mismo tiempo, la pirata, entre la basura del vertedero en que se desangraban docenas de soldados, logró estabilizar al enorme caballo. La bestia, aún convaleciente de sus heridas, fue capaz de ponerse en pie y echar a caminar, con evidentes dificultades, entre los montones de apestosa basura que se agolpaban sobre aquel lugar. El soldado que Yuuki arrastró hasta fuera del vertedero dejó un rastro de sangre sobre el pristino suelo. Se encendió una potente luz naranja intermitente dentro del vertedero.
—¡Blergh...! —gimió, expulsando un notable hilo de sangre pegajosa de su boca al intentar hablar cuando Yuuki le quitó la máscara. Apenas parecía consciente, y, si lo estaba, no sería por mucho tiempo— La... Dicen... La cuarta de la caldera... Y... ¡ugh! Pero la...
Volvió a escupir sangre, esta vez en una cantidad mayor, y quedó en silencio. La sangre dejó de borbotear, y sus ojos se apagaron. Casi al mismo tiempo, el suelo del vertedero comenzó a temblar. Tras la puerta, el suelo del vertedero comenzó a temblar, y algún tipo de maquinaria se activó varios metros por debajo de la enorme capa de basura.
Al mismo tiempo, al otro lado del pasillo, bañado en la luz roja de las sirenas del techo, Dimitri caminaba hacia una de las puertas, pistola en mano, y colocaba su oreja sobre el frío acero acorazado de la superficie. Decir que no pudo oír nada hubiera sido quedarse cortos; una sala vacía hubiera producido más ruido que el que encontró allí. Un silencio antinatural, casi erizante. Más allá de las luces rojas, a muchos metros de distancia, el pasillo se alargaba lo suficiente como para perderse de vista en una inquietante oscuridad.
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