06-04-2026, 12:04 AM
Primavera (76).
Año 16.
12:17 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.
Tan solo unos días atrás Dean tomó una decisión que le llevó varios años de meditación y dudas: Unirse al ejercito revolucionario. Desde la adolescencia tuvo claro que tenía que hacer algo, pero cada vez que pensaba en la muerte y en los peligros venideros, el rostro y las últimas palabras que pudo obtener de su madre aparecía en su subconsciente — Vive....—esa palabra era un constante recordatorio de que podría estar tranquilo, en una cabaña, trabajando como cualquier otra persona de este caótico mundo. Sin embargo, la decisión ya estaba tomada, desde que escapó de aquel pueblo de Sorbet, desde esos días donde veía más sangre que agua.
Algo..., tenía que hacer algo para evitar que otra persona tenga que vivir el mismo infierno que él, pero aún le carcomía la cabeza el hecho de pensar en sacrificar su propia vida para conseguir ese objetivo. Desde que se unió a la revolución, esos pensamientos eran más recurrentes, sobre todo cuando el sol iluminaba la otra parte del mundo.
Mientras Dean aprendía a lidiar con su nueva responsabilidad, una "misión" le fue asignada. Debía recorrer varias de las islas del South Blue para ampliar sus conocimientos de su flora y fauna. Como explorador que era, debía de ayudar en la comprensión de la naturaleza del mar, ya que toda información puede ser provechosa para la revolución, cada pequeño detalle cuenta, cada paso puede ser significativo.
Su primera parada fue la isla Karate, era la que más cerca tenía, por lo que no perdió tiempo y aterrizó. Dean sabía que una de las principales características de este lugar eran sus arrozales. Su objetivo era saber todo sobre el cultivo de arroz de este lugar. Condiciones ideales, posibles depredadores, todos los detalles eran importantes y el peliblanco no se iba a ir de este lugar con alguna duda sobre este cereal tan común.
Tras llegar al puerto entrecerró los ojos como suele hacer y con su típica sonrisa se adentró en el pueblo en busca de información. Al principio se detuvo en las primeras tiendas, donde supuso que la gente sabría como guiarlo hasta los arrozales; y así fue, aunque antes de empezar su investigación se detuvo a comer algo.
Algunos de los mercaderes lo miraron con cierto rechazo ante su expresión, algo a lo que a su edad ya estaba acostumbrado y que de hecho le gustaba, pues él tampoco confía en la gente, así que estaba bien si el sentimiento era recíproco.
Primavera (76).
Año 16.
15:51 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.
Tras consultar a cerca de cinco personas, pudo llegar a lo que parecía una tienda especializada en arroz, que según todos, era atendida por la persona que más sabía de este cereal en la isla y que podría resolver todas las dudas que Dean se venía recordando en su cabeza desde que puso un pie en la isla.
De a poco se fue adentrando en la isla, hasta que sus ojos rasgados le permitieron ver un pequeño local que estaba cerca de un paisaje verde, que a todas luces era el arrozal que estaba buscando.
Mientras iba caminando una figura se hizo cada vez más notoria. Una chica de pelo azul con traje color amarillo, la cual parecía estar alegre ingiriendo algo desde un vaso común y corriente, parecía bastante contenta con lo que sea que hubiera dentro del recipiente y no se podía negar su encanto.
Ahora venía la parte difícil... Socializar. A pesar de estar ya adentrado en su tercera década de vida a Dean le costaba entablar conversaciones normales con personas que no conocía. Primero, por la desconfianza que tiene ante cualquier extraño, segundo por sus expresiones que no ayudaban a mantener una conversación agradable, tercero y no menos importante por una evidente timidez, la cual fue heredada de su progenitora.
Cuando la distancia ya fue suficientemente corta para poder distinguir los rasgos de la chica se detuvo. Con sus ojos rasgados y su amplia sonrisa se acercó a la chica, la que supuso que era dueña del local o al menos era una lugareña de la zona, por lo relajada que se veía.
— Disculpa... ¿tienes un minuto? tengo algunas preguntas con las que creo que me puedes ayudar. —
Ir directo al grano fue siempre una , pero ahora estaba cumpliendo una misión y tenía que asegurarse de poder cumplirla a la perfección, más sabiendo que era el primer encargo que tenía que cumplir.
Por este motivo, por esta vez tuvo reparo a la hora de relacionarse con otra persona.
— Perdona fui demasiado directo... Mi nombre es Dean y estoy investigando los arrozales, espero que no sea mucha molestia y puedas responderme algunas dudas que tengo. —
Mientras esperaba la respuesta de la otra persona, estaba conforme con su primer acercamiento, incluso reveló su nombre con amabilidad, era algo inaudito... aunque luego cayó en cuenta que no le preguntó su nombre y ni siquiera esperó a que la otra persona confirmara que era capaz de responder todas sus dudas, pero bueno, un paso a la vez.
Las interacciones sociales nunca fueron lo suyo, pero Dean sabía que a esto se refería su madre cuando le encargó la misión de vivir, alejado de cualquier peligro futuro, que por ahora intentará alejar de su mente, aunque sea por un momento.
Año 16.
12:17 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.
Tan solo unos días atrás Dean tomó una decisión que le llevó varios años de meditación y dudas: Unirse al ejercito revolucionario. Desde la adolescencia tuvo claro que tenía que hacer algo, pero cada vez que pensaba en la muerte y en los peligros venideros, el rostro y las últimas palabras que pudo obtener de su madre aparecía en su subconsciente — Vive....—esa palabra era un constante recordatorio de que podría estar tranquilo, en una cabaña, trabajando como cualquier otra persona de este caótico mundo. Sin embargo, la decisión ya estaba tomada, desde que escapó de aquel pueblo de Sorbet, desde esos días donde veía más sangre que agua.
Algo..., tenía que hacer algo para evitar que otra persona tenga que vivir el mismo infierno que él, pero aún le carcomía la cabeza el hecho de pensar en sacrificar su propia vida para conseguir ese objetivo. Desde que se unió a la revolución, esos pensamientos eran más recurrentes, sobre todo cuando el sol iluminaba la otra parte del mundo.
Mientras Dean aprendía a lidiar con su nueva responsabilidad, una "misión" le fue asignada. Debía recorrer varias de las islas del South Blue para ampliar sus conocimientos de su flora y fauna. Como explorador que era, debía de ayudar en la comprensión de la naturaleza del mar, ya que toda información puede ser provechosa para la revolución, cada pequeño detalle cuenta, cada paso puede ser significativo.
Su primera parada fue la isla Karate, era la que más cerca tenía, por lo que no perdió tiempo y aterrizó. Dean sabía que una de las principales características de este lugar eran sus arrozales. Su objetivo era saber todo sobre el cultivo de arroz de este lugar. Condiciones ideales, posibles depredadores, todos los detalles eran importantes y el peliblanco no se iba a ir de este lugar con alguna duda sobre este cereal tan común.
Tras llegar al puerto entrecerró los ojos como suele hacer y con su típica sonrisa se adentró en el pueblo en busca de información. Al principio se detuvo en las primeras tiendas, donde supuso que la gente sabría como guiarlo hasta los arrozales; y así fue, aunque antes de empezar su investigación se detuvo a comer algo.
Algunos de los mercaderes lo miraron con cierto rechazo ante su expresión, algo a lo que a su edad ya estaba acostumbrado y que de hecho le gustaba, pues él tampoco confía en la gente, así que estaba bien si el sentimiento era recíproco.
Primavera (76).
Año 16.
15:51 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.
Tras consultar a cerca de cinco personas, pudo llegar a lo que parecía una tienda especializada en arroz, que según todos, era atendida por la persona que más sabía de este cereal en la isla y que podría resolver todas las dudas que Dean se venía recordando en su cabeza desde que puso un pie en la isla.
De a poco se fue adentrando en la isla, hasta que sus ojos rasgados le permitieron ver un pequeño local que estaba cerca de un paisaje verde, que a todas luces era el arrozal que estaba buscando.
Mientras iba caminando una figura se hizo cada vez más notoria. Una chica de pelo azul con traje color amarillo, la cual parecía estar alegre ingiriendo algo desde un vaso común y corriente, parecía bastante contenta con lo que sea que hubiera dentro del recipiente y no se podía negar su encanto.
Ahora venía la parte difícil... Socializar. A pesar de estar ya adentrado en su tercera década de vida a Dean le costaba entablar conversaciones normales con personas que no conocía. Primero, por la desconfianza que tiene ante cualquier extraño, segundo por sus expresiones que no ayudaban a mantener una conversación agradable, tercero y no menos importante por una evidente timidez, la cual fue heredada de su progenitora.
Cuando la distancia ya fue suficientemente corta para poder distinguir los rasgos de la chica se detuvo. Con sus ojos rasgados y su amplia sonrisa se acercó a la chica, la que supuso que era dueña del local o al menos era una lugareña de la zona, por lo relajada que se veía.
— Disculpa... ¿tienes un minuto? tengo algunas preguntas con las que creo que me puedes ayudar. —
Ir directo al grano fue siempre una , pero ahora estaba cumpliendo una misión y tenía que asegurarse de poder cumplirla a la perfección, más sabiendo que era el primer encargo que tenía que cumplir.
Por este motivo, por esta vez tuvo reparo a la hora de relacionarse con otra persona.
— Perdona fui demasiado directo... Mi nombre es Dean y estoy investigando los arrozales, espero que no sea mucha molestia y puedas responderme algunas dudas que tengo. —
Mientras esperaba la respuesta de la otra persona, estaba conforme con su primer acercamiento, incluso reveló su nombre con amabilidad, era algo inaudito... aunque luego cayó en cuenta que no le preguntó su nombre y ni siquiera esperó a que la otra persona confirmara que era capaz de responder todas sus dudas, pero bueno, un paso a la vez.
Las interacciones sociales nunca fueron lo suyo, pero Dean sabía que a esto se refería su madre cuando le encargó la misión de vivir, alejado de cualquier peligro futuro, que por ahora intentará alejar de su mente, aunque sea por un momento.
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