04-04-2026, 01:03 PM
El cambio fue tan repentino que apenas me dio margen para pensar. Lo que un segundo antes era un combate convirtió en una trampa mortal cuando el agua comenzó a caer desde todas direcciones, golpeando con una fuerza brutal. No había forma de mantenerse firme si no reaccionaba al instante, así que me moví por puro instinto, siguiendo la trayectoria que había marcado Enji en su avance anterior, intentando ganar terreno antes de que la corriente me arrastrara por completo.
Cuando el agua me alcanzó, ya estaba lo suficientemente cerca. Extendí el brazo y logré aferrarme a uno de los pinchos de la trampa. El impacto sacudió todo mi cuerpo, y la fuerza del agua tiró de mí con violencia, intentando arrancarme de ahí. Apreté los dientes y resistí, sujetándome con todo lo que tenía mientras la presión no dejaba de aumentar.
En medio del caos, algo chocó contra los pinchos cerca de mí. Giré la cabeza y lo vi. Don Ald había sido arrastrado directamente contra su propia trampa. El impacto lo dejó mal posicionado, con una pierna atrapada entre dos pinchos, impidiendo que la corriente lo siguiera desplazando. Aquello no era solo suerte, era una oportunidad.
Poco a poco, la fuerza del agua fue disminuyendo. El nivel seguía subiendo, pero ya no nos arrastraba con la misma violencia. Cuando alcanzó unos tres metros, todo quedó en una calma extraña, pesada. Intenté moverme con normalidad, pero algo no encajaba. Mi cuerpo no respondía como debía. No era simple cansancio, era una debilidad más profunda. Miré alrededor y lo entendí, los demás tampoco podían moverse. Eran usuarios de akuma no mi.
Volví la mirada al frente. Don Ald estaba ahí, inmovilizado, indefenso. No lo dudé. Solté el pincho y me impulsé con cuidado, nadando entre los obstáculos para no herirme. Cada movimiento era medido hasta que estuve lo suficientemente cerca. Desenvainé mi espada sin decir una palabra.
—Ōkami Kiba Kudari.—
El tajo descendió con precisión. El agua frenó ligeramente el movimiento, pero no lo suficiente. El corte fue limpio.
Sin perder tiempo, guardé el arma y comencé a registrar su cuerpo. Revisé primero los bolsillos, luego los pantalones, sin encontrar nada. De paso, no dejé pasar la oportunidad y recogí cualquier objeto de valor que llevaba encima; en una situación como aquella, todo podía marcar la diferencia más adelante. Finalmente, al inspeccionar el abrigo, las encontré: cuatro llaves, cada una numerada. Las tomé de inmediato.
Primero me liberé a mí mismo, manipulando el collar con dificultad bajo el agua. Después fui hacia Enji y lo liberé también, aunque su cuerpo siguiera sin responder. Al menos ya no estaba atado a ese destino.Aunque liberar a Enji pudiera jugar en mi contra más adelante, el nombre que había escuchado antes volvió a mi mente, Landon. Si alguien más estaba detrás de todo esto, y tenía un poder similar, la situación seguía siendo peligrosa, así que necesitaría la mayor ayuda posible. Miré alrededor una vez más. El otro había desaparecido, arrastrado demasiado lejos como para alcanzarlo ahora.
Apreté la mandíbula, manteniéndome alerta incluso dentro del agua. Esto no había terminado. Ni de lejos.
Cuando el agua me alcanzó, ya estaba lo suficientemente cerca. Extendí el brazo y logré aferrarme a uno de los pinchos de la trampa. El impacto sacudió todo mi cuerpo, y la fuerza del agua tiró de mí con violencia, intentando arrancarme de ahí. Apreté los dientes y resistí, sujetándome con todo lo que tenía mientras la presión no dejaba de aumentar.
En medio del caos, algo chocó contra los pinchos cerca de mí. Giré la cabeza y lo vi. Don Ald había sido arrastrado directamente contra su propia trampa. El impacto lo dejó mal posicionado, con una pierna atrapada entre dos pinchos, impidiendo que la corriente lo siguiera desplazando. Aquello no era solo suerte, era una oportunidad.
Poco a poco, la fuerza del agua fue disminuyendo. El nivel seguía subiendo, pero ya no nos arrastraba con la misma violencia. Cuando alcanzó unos tres metros, todo quedó en una calma extraña, pesada. Intenté moverme con normalidad, pero algo no encajaba. Mi cuerpo no respondía como debía. No era simple cansancio, era una debilidad más profunda. Miré alrededor y lo entendí, los demás tampoco podían moverse. Eran usuarios de akuma no mi.
Volví la mirada al frente. Don Ald estaba ahí, inmovilizado, indefenso. No lo dudé. Solté el pincho y me impulsé con cuidado, nadando entre los obstáculos para no herirme. Cada movimiento era medido hasta que estuve lo suficientemente cerca. Desenvainé mi espada sin decir una palabra.
—Ōkami Kiba Kudari.—
El tajo descendió con precisión. El agua frenó ligeramente el movimiento, pero no lo suficiente. El corte fue limpio.
Sin perder tiempo, guardé el arma y comencé a registrar su cuerpo. Revisé primero los bolsillos, luego los pantalones, sin encontrar nada. De paso, no dejé pasar la oportunidad y recogí cualquier objeto de valor que llevaba encima; en una situación como aquella, todo podía marcar la diferencia más adelante. Finalmente, al inspeccionar el abrigo, las encontré: cuatro llaves, cada una numerada. Las tomé de inmediato.
Primero me liberé a mí mismo, manipulando el collar con dificultad bajo el agua. Después fui hacia Enji y lo liberé también, aunque su cuerpo siguiera sin responder. Al menos ya no estaba atado a ese destino.Aunque liberar a Enji pudiera jugar en mi contra más adelante, el nombre que había escuchado antes volvió a mi mente, Landon. Si alguien más estaba detrás de todo esto, y tenía un poder similar, la situación seguía siendo peligrosa, así que necesitaría la mayor ayuda posible. Miré alrededor una vez más. El otro había desaparecido, arrastrado demasiado lejos como para alcanzarlo ahora.
Apreté la mandíbula, manteniéndome alerta incluso dentro del agua. Esto no había terminado. Ni de lejos.
OFF
