81 de Primavera. Año 11.
Barraca profunda, Isla Toko, Corriente Daiya ~ 15:31 a.m
Aventura T3
La barraca profunda era un sitio peligroso de por sí. Los oscilantes caminos que cruzaban de un lado a otro era un peligro para todo aquel que quería adentrarse por allí, lo cual, era lo normal, no adentrarse. Tan solo gente con la suficiente valentía lo hacía, como puede ser el caso de los mineros. Hombres que madrugaban pronto para ir del pueblo a la barraca, trabajar todo el día, solamente parar para almorzar y llevarse un trago a la boca, proseguir el trabajo, terminar, volver para dormir y vuelta a empezar. Un trabajo agotador que muy pocos pueden aguantar.
Pero luego, aparte de los bravos mineros, parece ser que hay cierta clase de personas las cuales la barraca profunda no supone un problema para ellos. Como un gyojin silencioso, relajado, pero con una voluntad y determinación inquebrantable. O una niña, digamos algo grandullona, con un kanabo y la fuerza arrolladora de un camión, los cuales, parece ser, no les importaba lo más mínimo andar por aquellos paisajes rocosos y llenos de peligro.
En plena tarde y recién comidos, los piratas decidieron dar una vuelta por estos lugares con el fin y de despejarse, y quién sabe, incluso conocerse mejor. Quizás no son de sangre, pero sí se sienten como un padre y una hija. Con el sol encima de sus cabezas, en aquel sitio el calor se almacenaba dentro como si fuera un recipiente de cocina metido en un horno, pero por suerte de vez en cuando, dado a la inestabilidad de toda la formación rocosa que los rodeaba, podía llegarles un ápice de sombra para poder descansar y respirar. El camino por el que iban era inestable, pero aun así parecía ser el más seguro de todos. Por él, pequeñas rocas, pequeña vegetación seca y típica de una zona árida como esa, lagartijas correteando, plumas, metales, casquillos aún calientes... Incluso pisadas. Unas pisadas normales, nada fuera de lo común, de una persona estándar, las cuales, si se seguía su paso, más adelante, se encontraba lo que parece ser una entrada a una de las minas de la zona.
Un cartel grande de madera resquebrajado con el texto "MINA" con carbón - aunque estaba algo borrado - se había caído. Las pisadas que se encontraban en el exterior entraban por la entrada y a medida que se avanzaba, desaparecían totalmente del suelo. Según entrabas por el agujero, un pasillo, no muy largo, de unos 5 metros, que daba a una habitación rocosa mucho más grande - De unos 10 metros de altura y unos 15 de ancho - Allí, se encontraban muchas jaulas que, a simple vista, parecían que fueran de animales, del tamaño de un gato común. Jaulas y jaulas apiladas unas con otras, tanto a la derecha, como a la izquierda, y en ambos lados, en el medio, dos jaulas más grandes, del tamaño en el que un elefante podría entrar. Pero al final de todo, en dos de estas jaulas, se encontraban una iguana de color verde oscuro, la cual parecía que no le importaba nada la vida, y en otra un guacamayo de color azul, el cual el pobre no podía ni moverse debido a que apenas cabía en la jaula. Tan solo el sonido del ave gritando - o llorando - era lo que se podía escuchar una vez estabas dentro de aquella mina.
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