[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4)
#21
Lo atrapó.

Los dedos, como tenazas, se cerraron en torno de la mandíbula de Don Ald. Por un instante pudo sentir su aliento en la palma de la mano, calentando el caucho de los Jarngreiper. Un instante de victoria que, lastimosamente, llegó y se fue con la liviandad de la arena que se escurre entre los dedos.

—¡Gah!

La punta del paraguas, en un movimiento demasiado rápido como para verlo, se incrustó en su muñeca y el agarre se rompió en ese preciso instante, comprometidos los músculos que cerraban la mano. Apretó los dientes con frustración. Don Ald estaba libre.

Pero no se iría ileso.

En el momento que el paraguas golpeó su carne y se incrustó en ella, una reacción en cadena se desató. Desde sus dedos, expuestos por el propio diseño de los Jarngripr, una pequeña cantidad de veneno salió disparada en represalia contra el traidor de la marina. Don Ald acababa de pisar la mina que Enji plantó para él. El veneno estaba esperando un disparador y el puñal del Don cumplía las condiciones.

Don Ald fue rociado con una pequeña explosión de veneno morado, similar a la explosión resultante de presionar el gatillo de un atomizador. Una sustancia viscosa, pegajosa y corrosiva que haría estragos en su ropa y dañaría su carne al atravesar la tela.

Enji sonrió, satisfecho, mientras el mundo a su alrededor se ralentizaba. El dolor de la puñalada procuró una nueva oleada de adrenalina en su cuerpo. Los sentidos afilados, empujados por la urgencia y la necesidad, siguieron a Don Ald, avocados a la cacería del pingüino. Ese era el objetivo, la barrera a superar para seguir adelante, quitarse los collares y salir de la prisión. Tan concentrado estaba en él que ni siquiera sintió pasar al espadachín, al infame pirata, Dharma, frente a él. Lo único que percibió fue un segundo impactó en los guantes y como su brazo, a causa del empuje, se disparaba hacia la izquierda, como si alguien le hubiera dado un fortísimo manotazo.

Los Járngreipr, sus confiables guantes, dieron la cara por él, y salieron destrozados. El filo de un puñal disfrazado de paraguas y una afilada katana consiguieron desmembrar el arma que lo acompañó durante su larga travesía por el South Blue. Los restos cayeron al suelo.

—Apunta mejor… —musitó a Dharma en el instante que sus piernas reaccionaron y, un momento después, estaba en el aire.

En el aire, surcando el terreno tras la huella del Don. La desventaja en la salida la compensa con velocidad, impulso puro. El cabello blanco remolineando a su espalda. Las piernas encogidas después de ejecutar el salto. La mirada de ojos bien abiertos y pupilas encogidas, adaptadas a la poca iluminación del lugar, que reflejaba locura, emoción, y determinación pura en esos iris rojizos.

—Fauces —masculló en pleno vuelo, y las manos se le llenaron de veneno.

La música volvió a sonar en su cabeza cuando Don Ald articuló un nuevo comando a su poder. El efecto llegó a él y sus piernas, por un instante, quisieron cambiar la trayectoria de su vuelo, cosa que era imposible al encontrarse en el aire. Poco después, sin embargo, algo cambio, y la nueva voluntad que dirigía sus pasos volteó en la dirección del Don. Una voluntad violenta, rencorosa y agresiva.

Por primera vez, los dos Enjis —el controlado y el libre—. estaban de acuerdo.



Don Ald se giró y lo primero que vio fue a un marine semi desnudo —ahora más desnudo al haber perdido los guantes—, plantando un pie en el suelo frente a él.

—¡Aguijón!

El ritmo violento de guitarras eléctricas y baterías hacía bombo en su cabeza. Lo único que pudo hacer, mientras su pierna izquierda se flexionaba para amortiguar el impacto, fue proyectar el puño derecho, envuelto en una masa de veneno con forma de punta, hacia abajo, mientras la rodilla derecha hacía lo mismo hacia arriba y se encontraban en el medio con la cabeza del elegante Don. Como las fauces de una bestia que se cierran sobre el cuello de su presa.

Poder y veneno, veneno y poder. Impulso, agresividad.

—¡SHIHAHAHAHA! ¡Me gusta esta canción, Don! ¡Tiene buen ritmo! ¡Bailemos un poco más! Vamos, vamos, vamos… ¡Vamos, Don! —vociferaba, como loco, totalmente desbocado. Se movía alrededor del traidor sacudiendo la cabeza, dejándose llevar por la música nueva  que tronaba dentro de su cabeza. Una música de guerra.

—¡SHIHAHAHAHA!

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2062 - 444 = 1618
Energia: 2257 - 524 = 1733
Espiritu: 300 + 0 = 300


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4) - por Enji - 31-03-2026, 05:12 PM

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