De la discoteque a la cama. [Bones] [Pasado]
#12
Podía ver claramente el gesto de felicidad en el rostro de Maki, la cual parecía estar completamente encantada con aquellos vítores y sonidos que hacían que la expectación por la pelea se elevara aún más. El rugido del público llenaba la arena con una energía casi palpable, vibrando en el aire como si cada grito alimentara la intensidad del combate que estaba por comenzar. Cierto era que verla tan animada resultaba contagioso; aquella actitud agresiva y altiva parecía cobrar vida propia en la sonrisa que se dibujaba en sus labios, una sonrisa cargada de confianza y desafío.

Aquello hacía que, inevitablemente, en la mente de Bones surgieran recuerdos borrosos, impregnados de una extraña nostalgia. Aquella mirada… esos ojos que observaban al mundo con un fuego tan particular. Por alguna razón le resultaban inquietantemente familiares. Era como si aquella mirada perteneciera tanto a Maki como a otra persona al mismo tiempo, alguien perdido entre los pliegues difusos de su memoria.

Era una sensación extraña, una que no había experimentado antes. Algo incómodo, casi inquietante, pero también curiosamente fascinante. Aunque, a decir verdad, no sabía si se encontraba frente a una simple coincidencia o si realmente tenía alguna conexión con aquella chica corpulenta y aún no se había hecho la idea de ello.

Sea como fuere, ahora Maki se encontraba en medio de aquella gran arena esperando a que su contrincante se presentase. La enorme estructura circular estaba rodeada de gradas repletas de espectadores ansiosos por sangre y espectáculo. Bones la observaba desde la altura del palco, en donde la vista privilegiada permitía ver con claridad tanto a Maki como a todo el escenario del combate.

Desde allí pudo apreciar claramente la expresión de furia que cruzó el rostro de la chica cuando escuchó las risotadas del público a causa de su broma. Había sido gracioso, sí, al menos desde su perspectiva, pero cuando ella levantó la mirada con aquella expresión asesina y comenzó a agitar su puño en su dirección como una clara amenaza, Bones no pudo evitar tragar saliva con cierta incomodidad.

A su lado, sin embargo, Don Montana parecía encontrar la situación infinitamente divertida.



—.¡HAHAHAHAHA!

La carcajada del hombre resonó con fuerza mientras golpeaba el apoyabrazos de su asiento.

—.Debo admitirlo, querido Bones, esa chica tiene más agallas que un tejón y el humor de un demonio con muy mal genio. Será interesante ver cómo se desenvuelve en el ring.

Bones respondió únicamente con una leve risa, más cercana a un bufido que a una carcajada real. En el fondo sabía perfectamente que Maki probablemente estaría tan a gusto en aquel escenario como un pez en el agua. Después de todo, aquella arena no era muy distinta de los entornos violentos a los que parecía estar acostumbrada.
Fue entonces cuando el anunciador volvió a tomar el micrófono. Su voz resonó por toda la arena mientras esperaba que las risas del público se calmaran antes de continuar con la presentación.


— Y en el otro lado del octágono, con 1.85 de altura y 88 kilos de peso… uno de los pandilleros más peligrosos de la isla Kutsukku, criado por el combate y las batallas… ¡El monje de la guerra… BIFF CANNON!

El nombre apenas terminó de ser pronunciado cuando un estallido de fuegos artificiales iluminó uno de los costados de la arena. Chispas de colores explotaron en el aire acompañadas por una ola de vítores del público, como si se tratara de la entrada triunfal de un luchador profesional.

Entre el humo y las luces apareció finalmente la figura del hombre.

Biff Cannon avanzaba hacia el ring con paso pesado pero seguro. Su cuerpo robusto y musculoso se movía con la seguridad de alguien acostumbrado a la violencia. Alrededor de su cuello colgaba un pesado “Juzo”, un enorme rosario japonés cuyas cuentas eran del tamaño de pequeñas rocas. En cada una de sus manos sostenía precisamente eso: dos enormes trozos de piedra maciza que utilizaba como una grotesca demostración de su fuerza.

Su torso estaba cubierto de cicatrices irregulares que cruzaban su piel como marcas de antiguas batallas, recuerdos permanentes de guerras libradas en su país natal.

Cuando llegó frente al ring, dejó caer ambas rocas al suelo.

El impacto produjo un estruendo seco que hizo vibrar ligeramente la plataforma. Luego se quitó el gigantesco rosario y lo dejó caer junto a ellas antes de flexionar ligeramente las piernas.

Con un poderoso impulso saltó dentro del ring de un solo movimiento.

Al incorporarse, levantó la mirada hacia Maki y la observó durante unos largos segundos. Después, su rostro se deformó en una sonrisa burlona antes de soltar una carcajada que retumbó en toda la arena como el rugido de una bestia.



—Gyagagagaga!!!

No sabía que admitían hámsters en esta competencia —dijo de manera despectiva mientras señalaba a la chica—.

—.¿Qué pasa, niña? ¿Tienes miedo? Tranquila… si te quedas quieta y admites tu derrota ahora mismo, prometo que te dejaré salir del ring sin herida alguna.

El público respondió con más gritos y vítores mientras el presentador se acercaba rápidamente para colocarse entre ambos combatientes.

—Muy bien, muy bien, tranquilicen ese ímpetu —anunció levantando ambas manos—. Solo dejaré las reglas claras.
Nada de armas, anillos o accesorios cortopunzantes. Si el contrincante golpea la lona en una llave de sumisión, deberán alejarse inmediatamente. Podrán querer lastimar al otro, pero recuerden que el médico lo paga la casa… así que si no hacen caso, los guardias se encargarán de que se arrepientan de su decisión.

El hombre hizo una breve pausa dramática mientras la arena quedaba en silencio expectante.
Y por último… si alguien muere en el ring…

El público comenzó a murmurar con emoción.

Ya saben… son solo cosas de la arena. Después de todo, sus vidas no son tan importantes como la entretención.
El anunciador inspiró profundamente antes de levantar el micrófono con entusiasmo.

¡Así que cada uno a su lado del ring y como siempre digo…!

El hombre gritó su frase icónica mientras la multitud comenzaba a repetirla con él.

¡SALUDEN… A LOS QUE VIENEN A MORIR!

El eco de miles de voces repitiendo aquellas palabras sacudió la arena entera.

Acto seguido, el presentador abandonó rápidamente el escenario, dejando finalmente a los dos combatientes solos en el centro del ring.

Biff comenzó a caminar lentamente en círculos alrededor de Maki como si fuera una hiena rodeando a su presa. Sus pasos eran pesados y seguros, mientras sus ojos la estudiaban con una mezcla de burla y hambre de pelea.
La diferencia de tamaños entre ambos era evidente. El hombre parecía una pared de músculo frente a la figura mucho más compacta de la chica.

Vaya… veo que has decidido quedarte —comentó con tono burlón mientras continuaba rodeándola—.

Tienes agallas, eso debo decirlo… pero de nada te servirá cuando te aplaste la cabeza entre mis dos manos.
Gyagagagaga!!

El hombre flexionó ligeramente los hombros.

¡AHORA MUERE!

De inmediato lanzó un golpe brutal con su mano derecha. El puño descendió desde arriba hacia abajo con violencia, como si su brazo fuera un gigantesco martillo intentando clavar la cabeza de Maki contra la lona del ring.
Desde el palco, Bones abrió los ojos con sorpresa mientras se inclinaba más hacia el borde de la tarima, observando con total atención lo que estaba a punto de suceder.

Ahora solo quedaba ver cuál sería la reacción de su compañera.
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RE: De la discoteque a la cama. [Bones] [Pasado] - por Dr.Bones - 31-03-2026, 03:11 AM

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