28-03-2026, 02:52 PM
(Última modificación: 28-03-2026, 11:52 PM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3367]
El abrumador calor de la sala acompañó al desarrollo del combate, aquellos en búsqueda de libertad se alzaron contra su captora y el resultado… fue la abrupta sensación del dolor.
Sintió entonces como sus ojos chocaron contra cristales diminutos, el intolerable ardor invadió su vista, sin embargo, continuó viendo apenas lo suficiente. No tenía tiempo de dudar, su deber era escapar de allí con vida para ir a por los suyos. “Un poco más, un poco más, un… ”
Su pensamiento se nubló en el acto, una sensación familiar lo atravesó recordándole la amarga sensación que tantas veces experimentó en el pasado.
“¡Gkh..!”
Un sinfín de estalactitas habían rodeado a la marine e impactado en todos los presentes, las formas puntiagudas atravesaron sus cuerpos con brutalidad y detuvieron cualquier ofensiva que se planteara. “Kug…” La sangre emergió al instante de sus labios, su cuerpo, ahora adornado por varias estalactitas clavadas en su torso, había regresado a su forma humana, manteniéndose de pie con esfuerzo sin poder entender aún lo ocurrido.
Tan solo diecinueve metros consiguió avanzar antes de ser presa del ataque enemigo… su cuerpo gritaba en dolor, su mente nublada buscaba entender el cómo y su oponente… ella ya preparaba su siguiente embestida.
Ryota no pudo percibir ningún movimiento; sus maltratados ojos tan solo le mostraron el resultado. El sonido de un objeto cayendo a su costado derecho le hizo desviar sus pupilas irritadas a un costado, y allí lo vio entre sábanas difuminadas.
Presenció cómo la mujer tomó a lo que parecía Heras del cabello. Deseo intervenir, pero su cuerpo no pudo siquiera moverse; cuando se dio cuenta, el gran puño de la marine impactó violentamente contra la masa borrosa que era el rostro del moreno liberando la sangre como único testigo.
Entonces su visión pareció aclararse. Vio en el difuminado rostro de Heras a su tripulación; en ese golpe, cada uno de ellos parecía recibir el impacto. Quizá era el dolor, la confusión, su mirada agrietada o el pánico, arremolinándose en su interior. Pero, fuera cual fuera la razón, la expresión doliente de todos ellos cruzó su mente, haciéndolo sentirse culpable… tal como ya se sentía por quien había decidido apoyarlo.
Siempre sonriendo, sin tomarse nada realmente en serio, actuando como si la vida solo estuviera hecha de momentos felices… y ahora, de nuevo, tal como tantas veces le había pasado antes, la propia vida le demostraba que no tenía la fuerza para actuar de esa manera.
La voz de la marine, ya a la distancia, resonó, culpándolo por lo sucedido, con todos a su merced y sin atisbo alguno de victoria.
“Yo… lo, lo la…men…” Balbuceo, sintiendo el sabor metalizado en su paladar. Sus palabras indicaban derrota, no deseaba sentirse culpable, ni tener más miedo, ni calor, ni confusión, solo quería… tan solo quería…
Los recuerdos de esos momentos atravesaron su mente, lo que antes se sentía espeso y difícil, ahora volvía a su máxima velocidad recordándole cada instante.
¿Miedo?, ¿Terror?, ¿Dolor?, ¿Confusión?, ¿Dudas?, ¿Culpa?
¿En serio esas eran malditas razones para doblegarse? ¿Para rendirse y retractarse ante alguien?
Era difícil, sus emociones lo mermaban por dentro y se mostraba en su respiración agitada, cuerpo tembloroso e incluso mirada exhausta.
Los ojos muertos del castaño cobraron un brillo latente de vida y antes de terminar de pronunciar sus disculpas iniciadas por el pánico, vio con dificultad a su oponente. Su cuerpo volvió a transformarse de manera inmediata para dispararse en una carrera de 21M contra su oponente.
En su lugar, apenas quedaron las estalactitas que previamente tenía enterradas.
Solo necesitaba saber dónde estaba, aunque sus ojos ardieran y no fueran tan agudos como solian serlo, solo debía llegar a ella a como dé lugar.
Primero 12M de forma diagonal hacia su izquierda y luego 9M en diagonal a la derecha, para rodear a su oponente, a esa figura borrosa con los colores apropiados.
“¡Lamento estar por destruir una cara de super modelo! ¡Ultimo trago!” Asevero cerca al final de su recorrido. Hablando al mismo tiempo en el que se movía a tal velocidad que, aun cuando ella lo escuchara, no haría ninguna diferencia.
Los colmillos de la araña se clavaron en su pantorrilla desde la espalda segregando un fuerte somnífero. Así es, Ryota había conseguido ganar la retaguardia de la Jari con su velocidad, atacándola desde un flanco desprotegido y aun muerto del miedo, volvió a transformarse de manera instantánea en su forma híbrida para realizar un segundo ataque que superó por mucho la velocidad de reacción de la mujer.
“¡A DARLE ATOMOSSSSSS!” Tras girar sobre su propio eje a tal velocidad que pareció un pequeño remolino, emergió el gancho derecho de un Ryota dominado por el pánico, impactando de lleno contra la cabeza de la marine desde su espalda y generando pequeñas ondas que atravesaron sus defensas. El daño fue tal que ahora sería la mujer quien sufriría el dolor que acababa de infligirles a todos ellos.
De inmediato, la criatura humanoide buscaría alejarse con un rápido salto sabiendo de lo que era capaz la mujer de capa. El combate recién iniciaba y un tembloroso ente de 2,7M de altura, cuatro ojos, colmillos pronunciados, seis brazos, gran abdomen arácnido en la zona del trasero y una espalda erguida que reflejaba su aumento de fuerza se situaba al costado izquierdo de la mujer 10M.

“Y aquí entre nos, tus galletas saben horrible.”
Quizás en otra vida se habrían llevado bien, pero en esta, La Jari cometió el gran error de interponerse en el camino de alguien que en esta ocasión, tan solo no podía darse el lujo de perder.
El abrumador calor de la sala acompañó al desarrollo del combate, aquellos en búsqueda de libertad se alzaron contra su captora y el resultado… fue la abrupta sensación del dolor.
Sintió entonces como sus ojos chocaron contra cristales diminutos, el intolerable ardor invadió su vista, sin embargo, continuó viendo apenas lo suficiente. No tenía tiempo de dudar, su deber era escapar de allí con vida para ir a por los suyos. “Un poco más, un poco más, un… ”
Su pensamiento se nubló en el acto, una sensación familiar lo atravesó recordándole la amarga sensación que tantas veces experimentó en el pasado.
“¡Gkh..!”
Un sinfín de estalactitas habían rodeado a la marine e impactado en todos los presentes, las formas puntiagudas atravesaron sus cuerpos con brutalidad y detuvieron cualquier ofensiva que se planteara. “Kug…” La sangre emergió al instante de sus labios, su cuerpo, ahora adornado por varias estalactitas clavadas en su torso, había regresado a su forma humana, manteniéndose de pie con esfuerzo sin poder entender aún lo ocurrido.
Tan solo diecinueve metros consiguió avanzar antes de ser presa del ataque enemigo… su cuerpo gritaba en dolor, su mente nublada buscaba entender el cómo y su oponente… ella ya preparaba su siguiente embestida.
Ryota no pudo percibir ningún movimiento; sus maltratados ojos tan solo le mostraron el resultado. El sonido de un objeto cayendo a su costado derecho le hizo desviar sus pupilas irritadas a un costado, y allí lo vio entre sábanas difuminadas.
Presenció cómo la mujer tomó a lo que parecía Heras del cabello. Deseo intervenir, pero su cuerpo no pudo siquiera moverse; cuando se dio cuenta, el gran puño de la marine impactó violentamente contra la masa borrosa que era el rostro del moreno liberando la sangre como único testigo.
Entonces su visión pareció aclararse. Vio en el difuminado rostro de Heras a su tripulación; en ese golpe, cada uno de ellos parecía recibir el impacto. Quizá era el dolor, la confusión, su mirada agrietada o el pánico, arremolinándose en su interior. Pero, fuera cual fuera la razón, la expresión doliente de todos ellos cruzó su mente, haciéndolo sentirse culpable… tal como ya se sentía por quien había decidido apoyarlo.
“Mierda…Bro…”
Siempre sonriendo, sin tomarse nada realmente en serio, actuando como si la vida solo estuviera hecha de momentos felices… y ahora, de nuevo, tal como tantas veces le había pasado antes, la propia vida le demostraba que no tenía la fuerza para actuar de esa manera.
La voz de la marine, ya a la distancia, resonó, culpándolo por lo sucedido, con todos a su merced y sin atisbo alguno de victoria.
“Yo… lo, lo la…men…” Balbuceo, sintiendo el sabor metalizado en su paladar. Sus palabras indicaban derrota, no deseaba sentirse culpable, ni tener más miedo, ni calor, ni confusión, solo quería… tan solo quería…
- Ost -
—Incluso la libertad demanda esfuerzo, cariño.-
- Si puedo contar con tus puños tu podrás contar con mi espada amigo mío, si no, es mejor que busques a otro compañero.-
—Incluso la libertad demanda esfuerzo, cariño.-
- Si puedo contar con tus puños tu podrás contar con mi espada amigo mío, si no, es mejor que busques a otro compañero.-
Los recuerdos de esos momentos atravesaron su mente, lo que antes se sentía espeso y difícil, ahora volvía a su máxima velocidad recordándole cada instante.
¿Miedo?, ¿Terror?, ¿Dolor?, ¿Confusión?, ¿Dudas?, ¿Culpa?
¿En serio esas eran malditas razones para doblegarse? ¿Para rendirse y retractarse ante alguien?
Era difícil, sus emociones lo mermaban por dentro y se mostraba en su respiración agitada, cuerpo tembloroso e incluso mirada exhausta.
¡Mas nunca!
¡jamás!
¡Bajo ningún concepto!
¡Eran razones suficientes para rendirse o dejar de ir por aquello que prometió alcanzar junto a sus compañeros!
¡jamás!
¡Bajo ningún concepto!
¡Eran razones suficientes para rendirse o dejar de ir por aquello que prometió alcanzar junto a sus compañeros!
Los ojos muertos del castaño cobraron un brillo latente de vida y antes de terminar de pronunciar sus disculpas iniciadas por el pánico, vio con dificultad a su oponente. Su cuerpo volvió a transformarse de manera inmediata para dispararse en una carrera de 21M contra su oponente.
En su lugar, apenas quedaron las estalactitas que previamente tenía enterradas.
Solo necesitaba saber dónde estaba, aunque sus ojos ardieran y no fueran tan agudos como solian serlo, solo debía llegar a ella a como dé lugar.

Primero 12M de forma diagonal hacia su izquierda y luego 9M en diagonal a la derecha, para rodear a su oponente, a esa figura borrosa con los colores apropiados.
“¡Lamento estar por destruir una cara de super modelo! ¡Ultimo trago!” Asevero cerca al final de su recorrido. Hablando al mismo tiempo en el que se movía a tal velocidad que, aun cuando ella lo escuchara, no haría ninguna diferencia.
Los colmillos de la araña se clavaron en su pantorrilla desde la espalda segregando un fuerte somnífero. Así es, Ryota había conseguido ganar la retaguardia de la Jari con su velocidad, atacándola desde un flanco desprotegido y aun muerto del miedo, volvió a transformarse de manera instantánea en su forma híbrida para realizar un segundo ataque que superó por mucho la velocidad de reacción de la mujer.
“¡A DARLE ATOMOSSSSSS!” Tras girar sobre su propio eje a tal velocidad que pareció un pequeño remolino, emergió el gancho derecho de un Ryota dominado por el pánico, impactando de lleno contra la cabeza de la marine desde su espalda y generando pequeñas ondas que atravesaron sus defensas. El daño fue tal que ahora sería la mujer quien sufriría el dolor que acababa de infligirles a todos ellos.
De inmediato, la criatura humanoide buscaría alejarse con un rápido salto sabiendo de lo que era capaz la mujer de capa. El combate recién iniciaba y un tembloroso ente de 2,7M de altura, cuatro ojos, colmillos pronunciados, seis brazos, gran abdomen arácnido en la zona del trasero y una espalda erguida que reflejaba su aumento de fuerza se situaba al costado izquierdo de la mujer 10M.

“Y aquí entre nos, tus galletas saben horrible.”
Quizás en otra vida se habrían llevado bien, pero en esta, La Jari cometió el gran error de interponerse en el camino de alguien que en esta ocasión, tan solo no podía darse el lujo de perder.
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