[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2)
#15
Tres segundos.

En la arena del Circo de Sangre aprendió que tres segundos son una eternidad o una muerte, dependiendo de qué haces con ellos y dependiendo si eres tu el que sufre esos tres segundos o por el contrario son los que dispones a tu uso para hacer lo que quieras con el rival. El suelo de metal sabía a sangre y frío, la sensación que tiene uno cuando lame su propia sangre, una sensación familiar para Kazan que la había probado tantas veces. Es por eso que no era una sensación nueva. El suelo de las arenas donde el había crecido también sabía así, aunque allí era tierra apisonada en lugar de metal con una capa de nieve, y el frío venía del miedo del público en lugar de ventiladores industriales, al parecer tanta similitud había nublado su mente y le había hecho pensar que tendría alguna oportunidad de que su plan saliera bien, iluso. Esos tres segundos en que el cerebro tardó en volver en que la desorientación lo redujo a peso puro sin conciencia no fueron vacíos, fueron otra cosa.

Fueron el Circo de Sangre. "Levántate. Escucha al público. El amo quiere ver más. Mata Kazan, mata." Tenía doce años la primera vez que lo dijeron. Veinte la segunda. Treinta y dos la última. Y ahora, con cuarenta y cinco y un collar de metal frío en el cuello y el sabor del suelo en la mejilla y algo pequeño y ligero posado sobre su cabeza como si fuera un trono conquistado, el tiempo colapsó sobre sí mismo y todos los lugares en los que había escuchado eso, todas las voces que lo habían nombrado ahora mismo se fusionaban en un solo lugar y una sola voz, el foso, el circulo y la habitación eran todos una y a la vez ninguna. "El collar." Fue el primer pensamiento racional que vino. "Las tres." Fue el segundo de sus pensamientos, mas ligero que el primero"Kurogane. Desarmado. Seré estúpido."

El dolor era real y estaba por todas partes el cuello, las cervicales, el eco del impacto todavía reverberando entre los huesos del cráneo. Cada umbral que se había cruzado con el golpe dejaba su rastro como marcas de quemadura sobre la voluntad. Pero el dolor en el Circo también había sido real, y de ahí también había salido. La diferencia era que entonces no tenía elección de a quién proteger.

Y entonces los tres segundos terminaron.

No hubo aviso. No hubo grito, no hubo tensión muscular visible que anunciara lo que venía en lo que venia. El cuerpo de Kazan simplemente... giró. Quince toneladas de wotan que llevaban décadas aprendiendo a convertir el impulso en violencia se volcaron hacia la derecha con la misma inevitabilidad con que una roca cae hacia el fondo del océano, ganando masa con cada centímetro, el hombro derecho aplastando la nieve y el torso siguiendo en arco hasta que su peso completo rodó sobre el lado derecho en dirección a Kurogane. No fue una técnica. No fue una decisión de combate calculada. Fue el instinto de cuarenta y cinco años diciéndole que nadie que permanezca quieto en el suelo sale de una arena por sus propios pies. Por suerte el golpe lo había tirado al suelo en la posición en la que estaba, donde había situación a Kurogane, por lo que debido al tamaño de sus brazos era fácil dar con ella. Lo que había encima de su cabeza tendría que elegir saltar o quedarse. Quince toneladas no preguntan. La mano derecha cerró los dedos alrededor del mango de Kurogane en el momento en que el hombro completó el giro, el kanaboo levantado del suelo con el mismo movimiento continuo, sin pausa, sin interrupción, la inercia del giro convirtiéndose en el inicio de la incorporación. Se apoyó en la rodilla derecha. La izquierda encontró el suelo. Y empezó a subir. Si aquel marina habia permanecido en su cabeza habia resultado aplastado por quince toneladas de peso en movimiento.

-Por las profundidades...- La voz salió más grave que de costumbre, raspada por el impacto, pero no rota. Nunca rota. -...nadie con collar en el cuello se queda en el suelo.- Mientras se incorporaba sus músculos se tensaban para incorporarse como una torre de esperanza a sus aliadas.
Contenido Oculto

-¡Por las profundidades, menudo golpe! No me dejaste ni decirte lo que queria decirte- Lo dijo orgulloso, como si antaño ya había sido golpeado mil veces de esa forma; cosa que era real. Siempre expectante. No había urgencia en el tono. -Queria decir que Landon Coates es un cobarde. Un hombre que construye neveras con ventiladores y manda a otros a poner collares. Un hombre que no firma su propio trabajo sucio. Eso es lo que sirves, Arnold Redflag el Tercero de una familia que es desconocida al mundo. Eso es el todopoderoso al que dedicas tu lealtad. Un cobarde que se esconde detrás del rango y del frío artificial porque no tiene suficiente sustancia para pararse frente a nadie él solo.- Kurogane, vertical, como un árbol plantado. -Escucha bien, cosa pequeña. Puedes golpearme otra vez. Puedes saltar otra vez, moverte otra vez, usar lo que tengas otra vez. El suelo ya lo conozco.- Una pausa. Sus ojos pequeños no parpadearon. -Pero estas tres no van a llevar tu collar al fondo del mar. Eso no ocurre mientras yo respire. Y llevo cuarenta y cinco años respirando en sitios bastante peores que esta nevera.- Seria otra vez el pilar que defienda a las tres que venían con el.

Marea Azul
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1790 - 457 = 1333
Energia: 1370 + 0 = 1370
Espiritu: 198 + 0 = 198


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2) - por Kazan - 28-03-2026, 11:55 AM

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