28-03-2026, 03:24 AM
Un único salto del enemigo es suficiente para caer con una agilidad sorprendente sobre el honorable gigante azul que iba a ofrecernos una oportunidad para avanzar. El par de pasos que llegué a dar se detienen de golpe debido a la sorpresa al tiempo que desenvaino y dirijo hacia el gyojin la temblorosa punta de mi espada, temiendo que por acercarme más fuera a dar un segundo y mortal golpe a Kazan.
Mi mirada se afila ante su estúpida broma, pero el agarre se vuelve aún más fuerte en mi arma ante la sugerencia de arrodillarnos. «¡¿Para qué?! ¡¿Para que te sea más fácil matarnos?!». Rabia, terror y frío hacen temblar cada centímetro de mi cuerpo, porque una vez demostrada su fuerza, quedaba claro que solo quería jugar con nosotros. «No aceptes jamás un trato en el que tu beneficio dependa exclusivamente de la otra parte», me había dicho Ritsu una vez. «Es prácticamente seguro que sólo puedes perder». Incluso si obedeciéramos, ¿qué le impediría faltar a su palabra después?
Pero es la voz de Miyori quien interrumpe mis pensamientos. Cada una de sus palabras me pone aún más en alerta. ¡Le está creyendo! ¡Se está planteando obedecer! ¡Se está ofreciendo a sí misma para intentar salvarnos a los demás! Cuando empieza a enumerar sus virtudes para aumentar su valor como objeto, no puedo soportarlo más.
―¡Nadie será esclavo por mí!
La adrenalina mueve mi cuerpo sin pensarlo, pues si hay algo que me aterra más que estar en un lugar desconocido sin saber qué le ha pasado a mis amigos es la simple idea de que alguien pueda entregar su libertad, sus sueños, su vida, por salvar la mía.
Yo entré en la Marina para cambiarla desde dentro y salvar inocentes de la esclavitud, no para condenarlos a ella.
Mientras yo corro, Melly salta desde cerca de mí. Yo lo hago poco después, colocándose ella ante el enemigo; yo, detrás, tratando de cortarle cualquier posible retirada con mi katana alzada.
Mis ojos no se separan un instante de Redflag.
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