26-03-2026, 12:32 PM
La coletilla llega con un timbre diferente esta vez. Lo deja pasar -Artesano.- Lo repite en voz baja, con el mismo método de siempre, sopesando el peso específico antes de guardarlo donde corresponde. Las manos que construyen y las manos que destruyen no son tan distintas en la mecánica. Lo que cambia es la dirección del movimiento y la intención detrás. Kazan lleva años intentando redirigir las suyas y todavía algunos días no está seguro de en qué proporción lo logra. -Un artesano en la división no es un lujo. Es una columna. Corriente Libre necesita gente que sepa crear tanto como golpear. Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa del chico llega antes de que la suya termine, y los dos sonidos rebotan juntos contra las paredes de madera del callejón. -Por las profundidades. Recados que no podías hacer tú solo. Leer en tamaño humano.- Pausa. La pipa ya está guardada en el fajón y los dedos de la mano izquierda no tienen dónde ir, así que tocan el collar brevemente, las cuentas de madera cálidas de la tarde. -Los gestos simples que alguien hace cuando no está obligado a hacerlos dicen más del carácter que cualquier prueba que uno pueda diseñar. Tráelo.- El kanaboo sigue vertical en la mano derecha, el remate hundido en los tablones que han cargado este peso toda la tarde sin quejarse más de lo que la madera puede. Las marcas circulares que sus pies dejaron en el suelo seguirán mañana. Seguirán la semana que viene. El barrio recordará que algo estuvo aquí aunque no sepa exactamente qué.
Mira al chico. Veinte metros de gigante y las rodillas ligeramente flexionadas, descansando por primera vez desde que apareció por la calle del río. -Un mito.- La palabra resuena en algún lugar entre la garganta y el pecho. -Escucha bien. Los que abusan duermen mal cuando no saben de dónde viene el golpe. Cuando no tienen cara que ponerle al miedo. Eso es más efectivo que cualquier ejército que puedan contar y medir.- El último bailarín del patio entra al edificio. El ritmo de los pies descalzos se apaga despacior. El patio queda en silencio relativo, solo el río lejano y la madera crujiendo bajo el peso de dos colosos que han decidido mover el agua en la misma dirección.
-Corriente Libre. Imperceptible hasta que ya llegó.-No extiende la mano. No hace falta. Ya está hecho.
Mira al chico. Veinte metros de gigante y las rodillas ligeramente flexionadas, descansando por primera vez desde que apareció por la calle del río. -Un mito.- La palabra resuena en algún lugar entre la garganta y el pecho. -Escucha bien. Los que abusan duermen mal cuando no saben de dónde viene el golpe. Cuando no tienen cara que ponerle al miedo. Eso es más efectivo que cualquier ejército que puedan contar y medir.- El último bailarín del patio entra al edificio. El ritmo de los pies descalzos se apaga despacior. El patio queda en silencio relativo, solo el río lejano y la madera crujiendo bajo el peso de dos colosos que han decidido mover el agua en la misma dirección.
-Corriente Libre. Imperceptible hasta que ya llegó.-No extiende la mano. No hace falta. Ya está hecho.
