[personajeinvalido=3367]
Aun se mantenía en la misma posición, aun angustiado y con dejos de frustración, escuchando debidamente lo que los otros pudieran decir, aun no tenia confianza en ellos, pero por alguna razón eso no tomaba demasiada relevancia estando en una situación como la que estaban, pero nunca podría confiar ciegamente en alguien que acaba de conocer, no sabia si estaban confabulados, si alguno era un chivo expiatorio y solo era también un buen actor, pero entraría a esta obra de teatro y haría lo propio. Dharma podía disimular era inteligente y analítico, la lectura diaria, la introspección, también abría conocimientos muy útiles sobre la mente y el alma, no es como que pudiera ver más allá de lo evidente, pero podía comprender un poco más, sobre el actuar de los demás seres vivos, un actuar que a el le desinteresaba la mayoría de las veces, mientras no le estorbaran o imposibilitaran sus propios objetivos. Y al parecer los ahí presentes, no tenían las intenciones de estorbar o ser unos inútiles, lo cual ya era lo bastante bueno, si algo podía detestar sobre todas las cosas, era la gente débil, no solo en capacidad bélica, también en espíritu y mente.
| Bien... Enji. | Dijo atendiendo a las palabras del otro, Dharma era educado, quizá no refinado, pero si educado a su manera o lo que podía entender y saber. | Hmm bro...|
De un momento a otro sintió como el suelo comenzaba a moverse, por unos segundos el espadachín pensó, que se trataba otra vez de aquella sensación, que sintió horas antes en el mar, donde el despliegue de poder de aquel individuo se había hecho notar de una manera que no comprendía. Su mirada se altero de la calma que había mostrado, quizá nadie le importaría dicho acto, pero Dharma sabia que no era correcto, no estaba bien, no le servía de nada sentirse así, pero aun así no podía evitar dicha sensación de preocupación, temor y algo parecido al estrés, sobre lo que vivió. Sin embargo, al pasar los segundos se pudo ir calmando, mientras daba un par de pasos hacia el frente de donde se encontraba recargado, respirando con más calma, logro enfocarse en el presente. También no había entendido casi nada, de lo que Sanemi había dicho, se sentía confundido al respecto, como si alguno de los dos estuviera ebrio, quizá era parte de los efectos que no solo el pelinegro había vivido en carne propia. Ahora lo que había provocado dichos temblores, tenia que ver con la apertura de la puerta, entre sonidos metálicos y vapores que daban la bienvenida a algo nuevo y esperado.
| Ahre... veamos que traman. | Con su tono de voz habitual, el cual era suficiente para ser escuchado en un radio decente unos 10 metros con facilidad, si bien no tenia la confianza plena en los presentes y mucho menos en el desconocido, que había preguntado por los nombres y el muy imbécil no había dado el propio. Dharma, decidió ignorarlo por el resto del momento, alguien sin la capacidad de razonar adecuadamente, seguramente era un simple, sin nada más que aportar. Pero ese descontento lo dejaría pasar de momento. Pues la enorme puerta que los restringía a esa mediana habitación se mostraba a continuación, una edificación casi idéntica, pero de un tamaño mucho mayor. El capitán de los Rakshasa, terminaba por salir de aquella cárcel e introducirse a la siguiente. Y lo primero que se encontraban además de la grandeza la propia habitación, era un pequeño ser, en lo que parecía ser la mitad de esta y una plataforma. Era un pequeño hombrecillo, la vista del espadachín se enfocaba en unos instantes para poderlo distinguir de manera adecuada. Era un hombre arreglado y al mismo tiempo un tanto zarrapastroso con un porte extraño y una sombrilla, parecía un pingüino y no de los bonitos, sin contar que portaba el uniforme oficial de la marina, de alto rango, algo que él podía distinguir, aunque en ese momento los rangos no importaban, lo interesante era buscar con quien desquitar todo el descontento.
- No tenéis nada que temer de mi. pasad, pasad, poneros cómodos ¡¡PINGUGUGU!!-
Escucho lo que tenia que decir, sin embargo, el oriundo de Wano, no estaba contento con la situación. Sostenía las empuñaduras de sus espadas gemelas y en cuanto el hombre pingüino con risa de lo mas excéntrica parecía terminar de hablar, el pelinegro capitán de los piratas Rakshasa daba un potente salto con toda su capacidad física, un salto recto que se dirigía en dirección a la plataforma de en medio, la altura no había sido mayor a 1 metro, parecía mas un impulso, pero le iba servir para recortar distancias. Al tiempo que iba dando su salto el cual tomaría un par de segundos en recorrer su máxima capacidad, la cual era de 10 metros por parte de Dharma. Podía notar como su compañero de celda Enji, había hecho igual un movimiento ofensivo, no sin antes advertirle unas cuantas cosas a aquel que yacía sobre la plataforma, la cual parecía tener un aproximado de la altura de Dharma (2m.) o eso podía distinguir. | No me agradas hombre pingüino... | Decía mientras al caer con sus piernas se impulsaba de nuevo para recorrer la distancia faltante corriendo a toda velocidad zancada tras zancada, todo esto era en línea recta, sin embargo, por leves y últimos momentos del recorrido, Dharma dio un pequeño cambio de su ruta al final, pues noto que el enanito estaba situado a una orilla de la plataforma, algo que había que aprovechar. El espadachín tomo dirección diagonal derecha estando a un par de metros de la plataforma, notando que él era mas alto que ella, quedando entonces su rostro a media altura del pingüino.
Pero esto que mencionamos del buen Dharma, no era lo único que sucedía, pues para cuando él, se encontraba en esa posición, podía ver gracias a sus buenos reflejos que Enji el peliblanco en bóxer, ya había hecho su parte ante esta situación tan inverosímil, se habían coordinado de manera fortuita, de buena manera, ambos seres sabían, que no había mejor momento para atacar que al inicio. Dharma habría aprendido dicha lección años atrás y/o meses atrás, pasando un flashazo por su mente, de la pelea que tuvo contra un gigantesco oni rojizo, vaya que le pegaron duro esa vez, por titubear en la ofensiva. A la vez el pelinegro de gran porte, comprendía que su velocidad era menor a la de su por ahora compañero de batalla. | Bien Enji... me agradas. | Conciso y directo expresaba sus palabras, el pirata espadachín, mientras lo veía hacer una buena ofensiva, bastante veloz y notaba como se terminaba colocando, tras la pequeña plataforma, a Dharma le agradaba la gente que demostraba su fuerza y su poder, esos eran los que le hacían sentir, que no estaba solo en este mundo, donde muchos solo pueden mirar y sufrir las consecuencias de su debilidad.
Tenia que dar lo mejor de si mismo, así que su cuerpo daba todo su poder, como desde el principio y de esa determinación que lo caracteriza, ahora que se encontraba cerca de su enemigo, aprovechando que este tendría o debería enfocarse en el marine semidesnudo, Dharma realizaría un ataque bastante dominado| Anjali Mudra... | Dijo con vehemencia el espadachín, que desenfundaba sus armas con singular movimiento, raudo y lleno de violencia. Tomadas de ambas empuñaduras y cada una por la mano contraria, es decir la izquierda tomando la espada derecha y viceversa. Dharma desenvaino y buscaba herir a su rival en la zona del abdomen bajo, con un corte estilo en X y de ahí también si el impacto era viable, seguir su curso expandiendo el corte, hasta dañarle por completo el área del estomago. No podía confiarse si realmente seria posible realizar dicho ataque, pero de lograrlo estaría preparando de forma inmediata otra embestida, por ahora cada segundo, era importante, si alguien se había animado a atacar de primeras, el no podía pasar desapercibido ante tal acto de fortaleza y valentía. Era casi inspirador poder estar en esta situación, tanto así que la situación sobre el collar pasaba a segunda en su mente, si iba a morir o iba ser herido, al menos comprobaría hasta donde le seria permitido existir.
Solo queda saber, si sería su enemigo extravagante o el destino, quienes dictarían la sentencia y si es que existía sentencia alguna, que pudiera contra Dharma.
| Bien... Enji. | Dijo atendiendo a las palabras del otro, Dharma era educado, quizá no refinado, pero si educado a su manera o lo que podía entender y saber. | Hmm bro...|
De un momento a otro sintió como el suelo comenzaba a moverse, por unos segundos el espadachín pensó, que se trataba otra vez de aquella sensación, que sintió horas antes en el mar, donde el despliegue de poder de aquel individuo se había hecho notar de una manera que no comprendía. Su mirada se altero de la calma que había mostrado, quizá nadie le importaría dicho acto, pero Dharma sabia que no era correcto, no estaba bien, no le servía de nada sentirse así, pero aun así no podía evitar dicha sensación de preocupación, temor y algo parecido al estrés, sobre lo que vivió. Sin embargo, al pasar los segundos se pudo ir calmando, mientras daba un par de pasos hacia el frente de donde se encontraba recargado, respirando con más calma, logro enfocarse en el presente. También no había entendido casi nada, de lo que Sanemi había dicho, se sentía confundido al respecto, como si alguno de los dos estuviera ebrio, quizá era parte de los efectos que no solo el pelinegro había vivido en carne propia. Ahora lo que había provocado dichos temblores, tenia que ver con la apertura de la puerta, entre sonidos metálicos y vapores que daban la bienvenida a algo nuevo y esperado.
| Ahre... veamos que traman. | Con su tono de voz habitual, el cual era suficiente para ser escuchado en un radio decente unos 10 metros con facilidad, si bien no tenia la confianza plena en los presentes y mucho menos en el desconocido, que había preguntado por los nombres y el muy imbécil no había dado el propio. Dharma, decidió ignorarlo por el resto del momento, alguien sin la capacidad de razonar adecuadamente, seguramente era un simple, sin nada más que aportar. Pero ese descontento lo dejaría pasar de momento. Pues la enorme puerta que los restringía a esa mediana habitación se mostraba a continuación, una edificación casi idéntica, pero de un tamaño mucho mayor. El capitán de los Rakshasa, terminaba por salir de aquella cárcel e introducirse a la siguiente. Y lo primero que se encontraban además de la grandeza la propia habitación, era un pequeño ser, en lo que parecía ser la mitad de esta y una plataforma. Era un pequeño hombrecillo, la vista del espadachín se enfocaba en unos instantes para poderlo distinguir de manera adecuada. Era un hombre arreglado y al mismo tiempo un tanto zarrapastroso con un porte extraño y una sombrilla, parecía un pingüino y no de los bonitos, sin contar que portaba el uniforme oficial de la marina, de alto rango, algo que él podía distinguir, aunque en ese momento los rangos no importaban, lo interesante era buscar con quien desquitar todo el descontento.
- No tenéis nada que temer de mi. pasad, pasad, poneros cómodos ¡¡PINGUGUGU!!-
Escucho lo que tenia que decir, sin embargo, el oriundo de Wano, no estaba contento con la situación. Sostenía las empuñaduras de sus espadas gemelas y en cuanto el hombre pingüino con risa de lo mas excéntrica parecía terminar de hablar, el pelinegro capitán de los piratas Rakshasa daba un potente salto con toda su capacidad física, un salto recto que se dirigía en dirección a la plataforma de en medio, la altura no había sido mayor a 1 metro, parecía mas un impulso, pero le iba servir para recortar distancias. Al tiempo que iba dando su salto el cual tomaría un par de segundos en recorrer su máxima capacidad, la cual era de 10 metros por parte de Dharma. Podía notar como su compañero de celda Enji, había hecho igual un movimiento ofensivo, no sin antes advertirle unas cuantas cosas a aquel que yacía sobre la plataforma, la cual parecía tener un aproximado de la altura de Dharma (2m.) o eso podía distinguir. | No me agradas hombre pingüino... | Decía mientras al caer con sus piernas se impulsaba de nuevo para recorrer la distancia faltante corriendo a toda velocidad zancada tras zancada, todo esto era en línea recta, sin embargo, por leves y últimos momentos del recorrido, Dharma dio un pequeño cambio de su ruta al final, pues noto que el enanito estaba situado a una orilla de la plataforma, algo que había que aprovechar. El espadachín tomo dirección diagonal derecha estando a un par de metros de la plataforma, notando que él era mas alto que ella, quedando entonces su rostro a media altura del pingüino.
Pero esto que mencionamos del buen Dharma, no era lo único que sucedía, pues para cuando él, se encontraba en esa posición, podía ver gracias a sus buenos reflejos que Enji el peliblanco en bóxer, ya había hecho su parte ante esta situación tan inverosímil, se habían coordinado de manera fortuita, de buena manera, ambos seres sabían, que no había mejor momento para atacar que al inicio. Dharma habría aprendido dicha lección años atrás y/o meses atrás, pasando un flashazo por su mente, de la pelea que tuvo contra un gigantesco oni rojizo, vaya que le pegaron duro esa vez, por titubear en la ofensiva. A la vez el pelinegro de gran porte, comprendía que su velocidad era menor a la de su por ahora compañero de batalla. | Bien Enji... me agradas. | Conciso y directo expresaba sus palabras, el pirata espadachín, mientras lo veía hacer una buena ofensiva, bastante veloz y notaba como se terminaba colocando, tras la pequeña plataforma, a Dharma le agradaba la gente que demostraba su fuerza y su poder, esos eran los que le hacían sentir, que no estaba solo en este mundo, donde muchos solo pueden mirar y sufrir las consecuencias de su debilidad.
Tenia que dar lo mejor de si mismo, así que su cuerpo daba todo su poder, como desde el principio y de esa determinación que lo caracteriza, ahora que se encontraba cerca de su enemigo, aprovechando que este tendría o debería enfocarse en el marine semidesnudo, Dharma realizaría un ataque bastante dominado| Anjali Mudra... | Dijo con vehemencia el espadachín, que desenfundaba sus armas con singular movimiento, raudo y lleno de violencia. Tomadas de ambas empuñaduras y cada una por la mano contraria, es decir la izquierda tomando la espada derecha y viceversa. Dharma desenvaino y buscaba herir a su rival en la zona del abdomen bajo, con un corte estilo en X y de ahí también si el impacto era viable, seguir su curso expandiendo el corte, hasta dañarle por completo el área del estomago. No podía confiarse si realmente seria posible realizar dicho ataque, pero de lograrlo estaría preparando de forma inmediata otra embestida, por ahora cada segundo, era importante, si alguien se había animado a atacar de primeras, el no podía pasar desapercibido ante tal acto de fortaleza y valentía. Era casi inspirador poder estar en esta situación, tanto así que la situación sobre el collar pasaba a segunda en su mente, si iba a morir o iba ser herido, al menos comprobaría hasta donde le seria permitido existir.
Solo queda saber, si sería su enemigo extravagante o el destino, quienes dictarían la sentencia y si es que existía sentencia alguna, que pudiera contra Dharma.
OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |

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