25-03-2026, 04:07 AM
Reptando, logró abrirse paso hasta la puerta, entre la repugnante cantidad de basura y mierda tóxica desperdigada. Logró reincorporarse para, a la par que Masato, oír una voz del otro lado. Se volteó de inmediato, y chasqueó la lengua molesto, retrocediendo un par de pasos —. ¡Mierda! Hay que esconderse. ¡Rápido! — expresó con apuro, mientras se tambaleaba y se echaba atrás, cayendo involuntariamente. Se sostuvo con sus palmas entre la basura, y levantó la mirada buscando a Yuuki, aunque permaneció allí unos instantes, como si estuviese un tanto desorientado o bloqueado.
Y se reincorporó, volteándose y alejándose de un salto de la zona de la puerta metálica, hacia un lado, allí donde Yuuki se encontraba (a la derecha de la pared de la puerta), y luego corrió un poco más, intentando acercarse. Pero de camino, su silbido anterior fue respondido por un relinche —. ¡Bingo! ¡Tocho Morocho! — exclamó emocionado, aunque todavía tembloroso. Pese a su malestar, le alivió el corazón saber que su corcel estaba cerca suya. Oyendo de dónde venía, le bastó con mirar para abajo para, tras un montoncito de basura, observar al caballo medio atrapado entre trozos de chatarra y demás residuos.
Wyatt se puso manos a la obra y, en un instante, comenzó a escarbar entre la mugre para sacar a su corcel de ahí y que no se siguiese quedando aplastado por la basura que caía de los montones más elevados. Así, logró ponerlo un poco más a salvo. Le dio una caricia y se quedó junto a él, cuerpo a tierra, tras una pila de basura que cubría la visual que desde la puerta metálica tendría cualquiera sobre él. A sus espaldas: Yuuki, su rosada compañera, podía verlo junto al equino, tirados a resguardo.
El Goldstar aprovechó y, aunque con su pulso temblando, echó mano a los equipamientos que su caballo tenía, rebuscando entre la bolsa y haciéndose de una munición especial que cargó en su revólver, el S&W que mantenía en la zurda, martillándolo nuevamente y dejándolo listo para la acción, mientras sentía y observaba, intentando permanecer más o menos oculto, al igual que su caballo al que obligó a tumbarse y serenó acariciándolo y apaciguándolo con un rechistar de labios, cómo la sala apestosa y tóxica comenzaba a llenarse de quienes serían sus enemigos, o eso creía —. Tranquilo, amigo, todo estará bien. — intentó serenar a su compañero en voz baja mientras le hacia una seña con la derecha a su compañera de tripulación para que esté tranquila y no avance. Seguramente todo ese batallón tendría que ver con la razón por la que terminaron en esa sala de mala muerte, y debían averiguarlo si querían salir con vida de ahí.
Contenido Oculto
Y se reincorporó, volteándose y alejándose de un salto de la zona de la puerta metálica, hacia un lado, allí donde Yuuki se encontraba (a la derecha de la pared de la puerta), y luego corrió un poco más, intentando acercarse. Pero de camino, su silbido anterior fue respondido por un relinche —. ¡Bingo! ¡Tocho Morocho! — exclamó emocionado, aunque todavía tembloroso. Pese a su malestar, le alivió el corazón saber que su corcel estaba cerca suya. Oyendo de dónde venía, le bastó con mirar para abajo para, tras un montoncito de basura, observar al caballo medio atrapado entre trozos de chatarra y demás residuos.
Wyatt se puso manos a la obra y, en un instante, comenzó a escarbar entre la mugre para sacar a su corcel de ahí y que no se siguiese quedando aplastado por la basura que caía de los montones más elevados. Así, logró ponerlo un poco más a salvo. Le dio una caricia y se quedó junto a él, cuerpo a tierra, tras una pila de basura que cubría la visual que desde la puerta metálica tendría cualquiera sobre él. A sus espaldas: Yuuki, su rosada compañera, podía verlo junto al equino, tirados a resguardo.
El Goldstar aprovechó y, aunque con su pulso temblando, echó mano a los equipamientos que su caballo tenía, rebuscando entre la bolsa y haciéndose de una munición especial que cargó en su revólver, el S&W que mantenía en la zurda, martillándolo nuevamente y dejándolo listo para la acción, mientras sentía y observaba, intentando permanecer más o menos oculto, al igual que su caballo al que obligó a tumbarse y serenó acariciándolo y apaciguándolo con un rechistar de labios, cómo la sala apestosa y tóxica comenzaba a llenarse de quienes serían sus enemigos, o eso creía —. Tranquilo, amigo, todo estará bien. — intentó serenar a su compañero en voz baja mientras le hacia una seña con la derecha a su compañera de tripulación para que esté tranquila y no avance. Seguramente todo ese batallón tendría que ver con la razón por la que terminaron en esa sala de mala muerte, y debían averiguarlo si querían salir con vida de ahí.
BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
