24-03-2026, 07:02 PM
La puerta se abrió con un chirrido seco y Juan fue el primero en moverse, cruzando el umbral sin dudar. Sigrid lo siguió al instante, asomándose apenas un segundo antes de entrar por completo, y en ese preciso momento la luz la golpeó de frente como una pedrada. —Carallo— cerró un ojo por reflejo, llevando una mano al rostro mientras su vista se ajustaba poco a poco. El cambio fue brusco, de la penumbra cerrada a una iluminación blanca, casi enfermiza, parpadeó varias veces hasta que las formas comenzaron a tomar sentido y lo que vio no le gustó en lo más mínimo.
Era una sala amplia, pero extraña, demasiado extraña. Mesas que parecían de cirugía, algunas manchadas, otras cubiertas con telas mal colocadas. Estanterías repletas de libros que no parecían precisamente ordenados, más bien acumulados con prisa o descuido, tubos recorriendo paredes, suelo y techo, transportando algo que Sigrid no alcanzaba a identificar, pero que no le inspiraba nada bueno. El aire mismo tenía un olor raro, mezcla de metal, medicina y algo más algo que no quería reconocer. —Esto no huele a nada bueno, quédense detrás de mí— comentó a los civiles detrás de ella.
Y entonces lo vio, al fondo de la sala, separado de ellos por el espacio lleno de ese equipo extraño, había un hombre que vestía uniforme de la Marina, pero algo no encajaba. Su postura, su cuerpo, su apariencia, sus palabras. Había algo en él que rompía con la normalidad, algo que no cuadraba con lo que Sigrid entendía como un marine, entonces entrecerró los ojos, y lo analizó un segundo más y entonces habló, con esa naturalidad suya que rompía cualquier tensión. —Juanchi— empezó, inclinando ligeramente la cabeza mientras avanzaba un paso dentro de la sala, ahora sí pudiendo estirarse por completo gracias a la altura del lugar. —¿Acaso ese es el hermano con esteroides del monito aquel, junior, o gigi o Garfield?— Hizo un gesto vago con la mano, restándole importancia al nombre. —Bueno, el de la selva pues.— Terminó de acomodarse, tronando el cuello hacia un lado, completamente erguida ahora, su sombra alargándose bajo la luz artificial, sus manos volvieron a abrirse y cerrarse lentamente, preparándose sin necesidad de adoptar una postura exagerada.
La sonrisa regresó a su rostro, pero no era del todo alegre esta vez, era expectante. —Oye— añadió, esta vez alzando un poco más la voz, dirigiéndose directamente al sujeto del fondo. —Ese no es el vocabulario que utilizaría un marine hacia sus compañeros y civiles. — Sus ojos azules se clavaron en él, firmes. —Así que más te vale explicarte antes de que piense que Juanchi y yo tengamos que arreglar esto a golpes. — Y aunque su tono no era un grito, había algo claro en su postura, en su presencia. Si el mono ese estaba lejos, pero no iba a dudar en golpearlo si era necesario.
Sigrid no dudó ni un segundo cuando la orden salió de boca de Juan. Su cuerpo reaccionó antes que cualquier pensamiento, dando dos pasos firmes hacia el frente hasta colocarse justo entre los civiles y el resto de la sala. —Adelante, Juanchi. — respondió con naturalidad, sin apartar la mirada del tipo al fondo y entonces se plantó, abrió su postura por completo, los pies bien separados, las rodillas ligeramente flexionadas y los brazos extendiéndose lo justo para cubrir más espacio, como si su propio cuerpo fuera un muro vivo. Desde fuera podía parecer incluso exagerado, casi teatral, pero no lo era. Era instinto puro, protección directa, sin matices, es lo que hace un marine.
La vikinga se convirtió en una barrera, una enorme, su sombra se expandía bajo la luz artificial, cubriendo parcialmente a los civiles detrás de ella, dejándolos fuera de la línea directa de cualquier posible ataque. No miró hacia atrás ni una sola vez, no lo necesitaba, sabía que estaban ahí, sabía cuál era su papel. —Nadie pasa.— murmuró, más para sí misma que para los demás, apretando ligeramente los puños. Sus ojos no se despegaron del supuesto marine. Lo analizaba ahora con más cuidado, no solo por su apariencia extraña, sino por el entorno en el que estaba, todo en esa sala gritaba problema, y ese hombre era el centro de todo, el recuerdo de aquella presión abrumadora seguía en el fondo de su mente, como una advertencia silenciosa.
Era una sala amplia, pero extraña, demasiado extraña. Mesas que parecían de cirugía, algunas manchadas, otras cubiertas con telas mal colocadas. Estanterías repletas de libros que no parecían precisamente ordenados, más bien acumulados con prisa o descuido, tubos recorriendo paredes, suelo y techo, transportando algo que Sigrid no alcanzaba a identificar, pero que no le inspiraba nada bueno. El aire mismo tenía un olor raro, mezcla de metal, medicina y algo más algo que no quería reconocer. —Esto no huele a nada bueno, quédense detrás de mí— comentó a los civiles detrás de ella.
Y entonces lo vio, al fondo de la sala, separado de ellos por el espacio lleno de ese equipo extraño, había un hombre que vestía uniforme de la Marina, pero algo no encajaba. Su postura, su cuerpo, su apariencia, sus palabras. Había algo en él que rompía con la normalidad, algo que no cuadraba con lo que Sigrid entendía como un marine, entonces entrecerró los ojos, y lo analizó un segundo más y entonces habló, con esa naturalidad suya que rompía cualquier tensión. —Juanchi— empezó, inclinando ligeramente la cabeza mientras avanzaba un paso dentro de la sala, ahora sí pudiendo estirarse por completo gracias a la altura del lugar. —¿Acaso ese es el hermano con esteroides del monito aquel, junior, o gigi o Garfield?— Hizo un gesto vago con la mano, restándole importancia al nombre. —Bueno, el de la selva pues.— Terminó de acomodarse, tronando el cuello hacia un lado, completamente erguida ahora, su sombra alargándose bajo la luz artificial, sus manos volvieron a abrirse y cerrarse lentamente, preparándose sin necesidad de adoptar una postura exagerada.
La sonrisa regresó a su rostro, pero no era del todo alegre esta vez, era expectante. —Oye— añadió, esta vez alzando un poco más la voz, dirigiéndose directamente al sujeto del fondo. —Ese no es el vocabulario que utilizaría un marine hacia sus compañeros y civiles. — Sus ojos azules se clavaron en él, firmes. —Así que más te vale explicarte antes de que piense que Juanchi y yo tengamos que arreglar esto a golpes. — Y aunque su tono no era un grito, había algo claro en su postura, en su presencia. Si el mono ese estaba lejos, pero no iba a dudar en golpearlo si era necesario.
Sigrid no dudó ni un segundo cuando la orden salió de boca de Juan. Su cuerpo reaccionó antes que cualquier pensamiento, dando dos pasos firmes hacia el frente hasta colocarse justo entre los civiles y el resto de la sala. —Adelante, Juanchi. — respondió con naturalidad, sin apartar la mirada del tipo al fondo y entonces se plantó, abrió su postura por completo, los pies bien separados, las rodillas ligeramente flexionadas y los brazos extendiéndose lo justo para cubrir más espacio, como si su propio cuerpo fuera un muro vivo. Desde fuera podía parecer incluso exagerado, casi teatral, pero no lo era. Era instinto puro, protección directa, sin matices, es lo que hace un marine.
La vikinga se convirtió en una barrera, una enorme, su sombra se expandía bajo la luz artificial, cubriendo parcialmente a los civiles detrás de ella, dejándolos fuera de la línea directa de cualquier posible ataque. No miró hacia atrás ni una sola vez, no lo necesitaba, sabía que estaban ahí, sabía cuál era su papel. —Nadie pasa.— murmuró, más para sí misma que para los demás, apretando ligeramente los puños. Sus ojos no se despegaron del supuesto marine. Lo analizaba ahora con más cuidado, no solo por su apariencia extraña, sino por el entorno en el que estaba, todo en esa sala gritaba problema, y ese hombre era el centro de todo, el recuerdo de aquella presión abrumadora seguía en el fondo de su mente, como una advertencia silenciosa.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
