22-03-2026, 09:14 PM
[personajeinvalido=3367]
Desorientado era poco. La sensación de despertarse en un lugar que uno no reconoce como familiar es tremendamente desesperante, pero peor aún es para la gente como el rubio, que lejos de tener el sueño ligero, para peor que sus compañeros, no había recobrado la consciencia ni aún ante el ambiente tóxico y nocivo para las fauces de los humanos.
Recién al ser tocado de nueva cuenta por su compañera, Yuuki, Wyatt abrió sus ojos de a poco. Despersonalizado por completo, no pudo entender siquiera sus palabras cuando le habló y le comentó lo sucio que estaba. Se apoyó en ella de todos modos para incorporarse, pero su mirada estaba en otro lugar, por completo —. Yo... ¿Qué sucedió? Tsk. — chasqueó la lengua molesto, agarrándose la cabeza con ambas manos. Sentía que le pesaba más de lo normal, y la jaqueca que sintió justo antes de desmayarse volvió, a la vez que un nudo en el pecho volvió a hacérsele — No puedo...-- — ni siquiera podía completar una frase. Elevó la mirada hacia la pelirrosa e hizo una seña en su cuello, indicando muerte, o que mínimamente no estaba muy bien... Y el gesto de morirse fue lo más cercano a poder expresar cómo se sentía.
La apartó de un manotazo luego de que esta, con éxito, logró quitarle algo de su dinero, aunque entre otras cosas, logró tomar el papel de entre sus ropajes. El papel que el Goldstar había atesorado tanto desde que lo encontró en Baterilla. Pero no la apartó por querer quitarle sus cosas, sino porque el putrefacto hedor se impregnó tanto en él, que las náuseas no pudieron evitar hacer estragos en su sistema. Hizo su cabeza hacia un lado y... bueno, dejó su humanidad allí, tras un par de arcadas. Avergonzado, sin recordar siquiera cómo se llamaba Yuuki, supo de todos modos, ahora con un poco de mayor claridad, que era una compañera.
— Tú... Perdón, trae eso aquí. — se incorporó un momento y le arrebató el papel de las manos. Abrió su hoja de periódico con los wanted de los Hanu Mahana, y allí, al final, la anotación marginal que rezaba "Rosada ---> Yuuki". Sonrió, aún entre tanta desgracia y humillación. Por fin se orientó un poco, y la miró, con su rostro lleno de basura y mierda que había por allí tirada, y sus mechones rubios totalmente desastrozos, impregnados de un líquido viscoso y marrón que goteaba sobre su mismísima frente —. ¡Bingo! ¡Yuuki! Me alegra estar contigo, ¿qué demonios pasó? Yo... Estábamos con... ¡TOCHO MOROCHO! — gritó desesperado. Pero el esfuerzo de elevar la voz le dio una nueva puntada en la sien —. Tskkk. ¡Mierda! — desefundó su revólver S&W y lo martilló. No entendía qué estaba pasando, el pulso le tembabla, el pecho le presionaba y sentía un miedo infundado que parecía que iba a hacerlo desmayar de nuevo en cualquier momento, pero...
Recuperó las fuerzas por sus compañeros, al oír las palabras de la birkiniana, y sobre todo por su amigo equino. La prioridad número uno era encontrarlo.
— Confío en Ryota y los demás, así que sé que pueden estar bien. Pero él... No lo sé, Yuuki. ¡El no puede pensar como nosotros! ¡¿Y si no sobrevivió?! — silbó en llamado a su caballo, poniéndose de rodillas —. ¡TOCHO MOROCHOOOOOOO! — gritó. Esperaba que su caballo, si estaba en el lugar, lo oyera e hiciese algún sonido para ubicarlo. Pronto un poco de basura se desprendió y él cayó un par de metros, rodando entre bolserío y residuos apestosos. El derrumbe no fue lo suficientemente grande como para dañarlo, pero sí lo hizo sobresaltar aún más.
Ahora, prestó atención a las palabras de Dimitri y de los... ¿marines? Lo que faltaba. Suspiró, harto de su vida, y deseó que algo horrible acabase con ella en ese preciso instante —. Está bien... Saldremos de aquí, sí. — escupió a un lado un pedazo de metal que se le había metido en la boca, y arrugó los ojos. La vista le ardía, y comenzaba a escocerle la nariz por el aire putrefacto.
— Yuuki, hay que avanzar hacia la puerta. Salgamos de aquí a como dé lugar. No me importa quienes sean estos tipos. Sus uniformes están tan impregnados de mierda como nuestra ropa. Creo que estamos de acuerdo que... todos somos iguales aquí, ¿no es verdad? — inquirió hacia los uniformados que pudo observar con la escasa luz. Sabía que, además, ellos eran simplemente empleados del gobierno y cumplían órdenes, por muy cuestionable que fuera para él alistarse a servir a una causa tan de mierda como la del gobierno. Pero bueno, no eran su enemigo principal, sino otras víctimas de éste, así que se aguantaría sus ganas de escupirlos y cooperaría por el bien de su tripulación y sus amigos, además de su caballo. Además, no podía evitar querer ayudar a los demás, sean del grupo que sean, y ahí estaban todos igual de jodidos.
Y así, comenzó a reptar lentamente, de rodillas, hacia la gran puerta de la sala, a ver si podían escapar de ese basural.
Desorientado era poco. La sensación de despertarse en un lugar que uno no reconoce como familiar es tremendamente desesperante, pero peor aún es para la gente como el rubio, que lejos de tener el sueño ligero, para peor que sus compañeros, no había recobrado la consciencia ni aún ante el ambiente tóxico y nocivo para las fauces de los humanos.
Recién al ser tocado de nueva cuenta por su compañera, Yuuki, Wyatt abrió sus ojos de a poco. Despersonalizado por completo, no pudo entender siquiera sus palabras cuando le habló y le comentó lo sucio que estaba. Se apoyó en ella de todos modos para incorporarse, pero su mirada estaba en otro lugar, por completo —. Yo... ¿Qué sucedió? Tsk. — chasqueó la lengua molesto, agarrándose la cabeza con ambas manos. Sentía que le pesaba más de lo normal, y la jaqueca que sintió justo antes de desmayarse volvió, a la vez que un nudo en el pecho volvió a hacérsele — No puedo...-- — ni siquiera podía completar una frase. Elevó la mirada hacia la pelirrosa e hizo una seña en su cuello, indicando muerte, o que mínimamente no estaba muy bien... Y el gesto de morirse fue lo más cercano a poder expresar cómo se sentía.
La apartó de un manotazo luego de que esta, con éxito, logró quitarle algo de su dinero, aunque entre otras cosas, logró tomar el papel de entre sus ropajes. El papel que el Goldstar había atesorado tanto desde que lo encontró en Baterilla. Pero no la apartó por querer quitarle sus cosas, sino porque el putrefacto hedor se impregnó tanto en él, que las náuseas no pudieron evitar hacer estragos en su sistema. Hizo su cabeza hacia un lado y... bueno, dejó su humanidad allí, tras un par de arcadas. Avergonzado, sin recordar siquiera cómo se llamaba Yuuki, supo de todos modos, ahora con un poco de mayor claridad, que era una compañera.
— Tú... Perdón, trae eso aquí. — se incorporó un momento y le arrebató el papel de las manos. Abrió su hoja de periódico con los wanted de los Hanu Mahana, y allí, al final, la anotación marginal que rezaba "Rosada ---> Yuuki". Sonrió, aún entre tanta desgracia y humillación. Por fin se orientó un poco, y la miró, con su rostro lleno de basura y mierda que había por allí tirada, y sus mechones rubios totalmente desastrozos, impregnados de un líquido viscoso y marrón que goteaba sobre su mismísima frente —. ¡Bingo! ¡Yuuki! Me alegra estar contigo, ¿qué demonios pasó? Yo... Estábamos con... ¡TOCHO MOROCHO! — gritó desesperado. Pero el esfuerzo de elevar la voz le dio una nueva puntada en la sien —. Tskkk. ¡Mierda! — desefundó su revólver S&W y lo martilló. No entendía qué estaba pasando, el pulso le tembabla, el pecho le presionaba y sentía un miedo infundado que parecía que iba a hacerlo desmayar de nuevo en cualquier momento, pero...
Recuperó las fuerzas por sus compañeros, al oír las palabras de la birkiniana, y sobre todo por su amigo equino. La prioridad número uno era encontrarlo.
— Confío en Ryota y los demás, así que sé que pueden estar bien. Pero él... No lo sé, Yuuki. ¡El no puede pensar como nosotros! ¡¿Y si no sobrevivió?! — silbó en llamado a su caballo, poniéndose de rodillas —. ¡TOCHO MOROCHOOOOOOO! — gritó. Esperaba que su caballo, si estaba en el lugar, lo oyera e hiciese algún sonido para ubicarlo. Pronto un poco de basura se desprendió y él cayó un par de metros, rodando entre bolserío y residuos apestosos. El derrumbe no fue lo suficientemente grande como para dañarlo, pero sí lo hizo sobresaltar aún más.
Ahora, prestó atención a las palabras de Dimitri y de los... ¿marines? Lo que faltaba. Suspiró, harto de su vida, y deseó que algo horrible acabase con ella en ese preciso instante —. Está bien... Saldremos de aquí, sí. — escupió a un lado un pedazo de metal que se le había metido en la boca, y arrugó los ojos. La vista le ardía, y comenzaba a escocerle la nariz por el aire putrefacto.
— Yuuki, hay que avanzar hacia la puerta. Salgamos de aquí a como dé lugar. No me importa quienes sean estos tipos. Sus uniformes están tan impregnados de mierda como nuestra ropa. Creo que estamos de acuerdo que... todos somos iguales aquí, ¿no es verdad? — inquirió hacia los uniformados que pudo observar con la escasa luz. Sabía que, además, ellos eran simplemente empleados del gobierno y cumplían órdenes, por muy cuestionable que fuera para él alistarse a servir a una causa tan de mierda como la del gobierno. Pero bueno, no eran su enemigo principal, sino otras víctimas de éste, así que se aguantaría sus ganas de escupirlos y cooperaría por el bien de su tripulación y sus amigos, además de su caballo. Además, no podía evitar querer ayudar a los demás, sean del grupo que sean, y ahí estaban todos igual de jodidos.
Y así, comenzó a reptar lentamente, de rodillas, hacia la gran puerta de la sala, a ver si podían escapar de ese basural.
BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
