21-03-2026, 11:25 PM
[personajeinvalido=3367]
No lo recuerda… Sanemi, no recuerda que su cuerpo hay sentido una sensación tan abrumadora, terrorífica y capaz de distender su cuerpo como si fuera una hoja de papel, incluso menos que eso. Aún sin despertar, en el inconsciente luchaba contra ese sentimiento, sus ojos se movían rápidos, de un lado al otro, en estado REM. Nunca se vio tan vulnerable en un sueño, mejor dicho, una pesadilla. Si pudiera describirla es como si su cuerpo estuviera a merced de la misma muerte, solo que esta no lo mataba, sino que disfrutaba jugar con él, una y otra vez. En un círculo vicioso, tic… tac… 1... 2... 3... 4...
De pronto su corazón lo trajo a tierra, golpeando fuertemente su pecho y haciendo que tal presión lo obligue a inhalar una gran cantidad de aire hasta que sus ojos se abrieran de golpe, aterrados ¿Seguía en la pesadilla? No lograba diferenciar nada, solo oscuridad. Las cicatrices de su cuerpo comenzaban a arder, como si se las hubiese hecho recientemente, en especial la de su rostro. Con el cuerpo boca abajo y su cabeza a un costado respiraba con dificultad, seguía tratando de llenar sus pulmones para que se regularan. Su nariz se ensanchaba de vez en cuando, era sobre lo único que, de momento, tenía autonomía, esperando que su olfato lo ayude a distinguir algo, nada, sin respuesta.
-¡Mierda! -Dijo, dándose cuenta que recuperó la capacidad para articular palabras. Se sentía mermado, era hasta humillante la forma en la que se encontraba. Indefenso y, ahora ya notaba, en un cuarto totalmente oscuro, pero diferenciando la figura de otras personas, una de ellos era Dharma ¿Melly? ¿Tensui? Todo indicaba que no estaban con ellos ¿Escaparon? ¿Murieron? Infinidad de supuestos atravesaron su mente, inútilmente, no llegaría la respuesta. Su instinto de supervivencia lo obligó a centrarse en si mismo, en recuperarse.
Se incorporó con sus brazos aún en estado gelatinoso, igual sus piernas, torpe. Volvió la mirada hacia quien lideraba Rakshasa, esperando que también estuviera ya consciente. Se recostó en una de las paredes de 10 metros, la lateral derecha mirando a la puerta de frente -Oe… Tsk… -Tragó saliva para poder afinar su garganta y usó su lengua para humedecer sus labios. Un nuevo suspiro, leve, menos intenso -Haoshoku Haki… La voluntad del rey -Conocía la sensación, disminuida en muchos sentidos, sin embargo, es la misma sensación que tuvo cuando conoció a Maki solo que con una potencia multiplicada quien sabe por cuanto, era difícil hasta poder dar una cifra respecto a ello -Eso fue lo que “nos redujo” a esto
Se sacudió su ropa, aún recostado, pero con la sensación de miedo a flor de piel. Podría vomitar en cualquier momento. Al girar su cabeza para diferenciar a las otras personas, fue otra cosa lo que captó su atención. Un pesado collar de metal oscuro colgaba de su cuello, bastante ceñido. Leyó sobre esto en algún momento, es la forma que tienen algunos de marcar a los esclavos. Lo supo de inmediato, estaban en algo bastante cruento. Con su mano izquierda agarró el metal, frío que solo remarcaba lo vulnerable que quedó – Gajajaja, fuimos sometidos sin poder poner ápice de resistencia -Dibujó una sonrisa temerosa. Su percepción de que existe gente con ese nivel simplemente aumentó, eso le emocionaba, extrañamente. El pensamiento de tener que hacerse más fuerte aumentó, apretó el puño derecho.
Sanemi se limitó a observar al otro personaje que ya se comenzaba a mover, quien aparentemente buscaba una salida y con ropa, bueno… con poca parte de ella. No intentó acercarse a la que, deduciblemente, era la puerta. Si alguien los puso ahí tan fácilmente, ese cuarto estaría pensado para dejarlos salir cuando a ellos les plazca, se abrirá cuando lo vean necesario, seguramente. Se quedó recostado al muro, tratando de limpiarse la sensación del Haoshoku. Lo único positivo es que en esa pieza tan reducida y de color oscuro se encontraba con alguien conocido. Tenía su arma, los peacemakers aún consigo, amarrado a su cintura, como los dejó ¿Por qué lo dejarían armado? Las dudas y preguntabas comenzaba a surgir, sin respuesta, con el tiempo fluyendo.
No lo recuerda… Sanemi, no recuerda que su cuerpo hay sentido una sensación tan abrumadora, terrorífica y capaz de distender su cuerpo como si fuera una hoja de papel, incluso menos que eso. Aún sin despertar, en el inconsciente luchaba contra ese sentimiento, sus ojos se movían rápidos, de un lado al otro, en estado REM. Nunca se vio tan vulnerable en un sueño, mejor dicho, una pesadilla. Si pudiera describirla es como si su cuerpo estuviera a merced de la misma muerte, solo que esta no lo mataba, sino que disfrutaba jugar con él, una y otra vez. En un círculo vicioso, tic… tac… 1... 2... 3... 4...
De pronto su corazón lo trajo a tierra, golpeando fuertemente su pecho y haciendo que tal presión lo obligue a inhalar una gran cantidad de aire hasta que sus ojos se abrieran de golpe, aterrados ¿Seguía en la pesadilla? No lograba diferenciar nada, solo oscuridad. Las cicatrices de su cuerpo comenzaban a arder, como si se las hubiese hecho recientemente, en especial la de su rostro. Con el cuerpo boca abajo y su cabeza a un costado respiraba con dificultad, seguía tratando de llenar sus pulmones para que se regularan. Su nariz se ensanchaba de vez en cuando, era sobre lo único que, de momento, tenía autonomía, esperando que su olfato lo ayude a distinguir algo, nada, sin respuesta.
-¡Mierda! -Dijo, dándose cuenta que recuperó la capacidad para articular palabras. Se sentía mermado, era hasta humillante la forma en la que se encontraba. Indefenso y, ahora ya notaba, en un cuarto totalmente oscuro, pero diferenciando la figura de otras personas, una de ellos era Dharma ¿Melly? ¿Tensui? Todo indicaba que no estaban con ellos ¿Escaparon? ¿Murieron? Infinidad de supuestos atravesaron su mente, inútilmente, no llegaría la respuesta. Su instinto de supervivencia lo obligó a centrarse en si mismo, en recuperarse.
Se incorporó con sus brazos aún en estado gelatinoso, igual sus piernas, torpe. Volvió la mirada hacia quien lideraba Rakshasa, esperando que también estuviera ya consciente. Se recostó en una de las paredes de 10 metros, la lateral derecha mirando a la puerta de frente -Oe… Tsk… -Tragó saliva para poder afinar su garganta y usó su lengua para humedecer sus labios. Un nuevo suspiro, leve, menos intenso -Haoshoku Haki… La voluntad del rey -Conocía la sensación, disminuida en muchos sentidos, sin embargo, es la misma sensación que tuvo cuando conoció a Maki solo que con una potencia multiplicada quien sabe por cuanto, era difícil hasta poder dar una cifra respecto a ello -Eso fue lo que “nos redujo” a esto
Se sacudió su ropa, aún recostado, pero con la sensación de miedo a flor de piel. Podría vomitar en cualquier momento. Al girar su cabeza para diferenciar a las otras personas, fue otra cosa lo que captó su atención. Un pesado collar de metal oscuro colgaba de su cuello, bastante ceñido. Leyó sobre esto en algún momento, es la forma que tienen algunos de marcar a los esclavos. Lo supo de inmediato, estaban en algo bastante cruento. Con su mano izquierda agarró el metal, frío que solo remarcaba lo vulnerable que quedó – Gajajaja, fuimos sometidos sin poder poner ápice de resistencia -Dibujó una sonrisa temerosa. Su percepción de que existe gente con ese nivel simplemente aumentó, eso le emocionaba, extrañamente. El pensamiento de tener que hacerse más fuerte aumentó, apretó el puño derecho.
Sanemi se limitó a observar al otro personaje que ya se comenzaba a mover, quien aparentemente buscaba una salida y con ropa, bueno… con poca parte de ella. No intentó acercarse a la que, deduciblemente, era la puerta. Si alguien los puso ahí tan fácilmente, ese cuarto estaría pensado para dejarlos salir cuando a ellos les plazca, se abrirá cuando lo vean necesario, seguramente. Se quedó recostado al muro, tratando de limpiarse la sensación del Haoshoku. Lo único positivo es que en esa pieza tan reducida y de color oscuro se encontraba con alguien conocido. Tenía su arma, los peacemakers aún consigo, amarrado a su cintura, como los dejó ¿Por qué lo dejarían armado? Las dudas y preguntabas comenzaba a surgir, sin respuesta, con el tiempo fluyendo.
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