[personajeinvalido=3367]
Mientras estaba fuera de sí, recordaba aquella pelea en ese bar contra esa tripulación de piratas estafadores que se habían llevado una reliquia familiar muy importante... y donde también su hermano menor perdería la vida. El recuerdo era aún bastante claro como para recordar con detalle cada momento, incluso cuando recogió las pequeñas plumas negras que ahora llevaba consigo en aquél pequeño camafeo que se colgaba del cuello. Escuchaba la voz de su hermano menor llamándola a gritos y gritándole que se levantara, que aún no había encontrado el lugar que le había prometido, donde podrían ser realmente libres. Y en medio de esos gritos también podía escucharse a sí misma, como si estuviera llamándose para recuperar el control de sí misma y darlo todo por su sueño.
Recuperando la consciencia, lo primero que sentiría es el olor desagradable y asqueroso. Olía a todo lo malo que se pudiera imaginar y sus ojos finalmente pudieron ver la luz. Y desearía no haberlo hecho. ¿Qué estaba pasando allí? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era estar en la cubierta del ferry compartiendo el rato con Tocho Morocho y con Wyatt, quien le había ofrecido una chamarra para el frío justo antes de... eso. Y entonces se incorporó de golpe.
—¡Wyatt! ¡Tocho Morocho! ¿...D-dónde están..? ¿Donde... estoy?
La cabeza le dolió de inmediato. Se sentía que volvía a caer bajo el efecto de antes, el corazón le latía tan rápido que hasta parecía que se le iba a salir del pecho. Pero no tenía tiempo para ello. No podía dejarse atrapar de esa sensación. Había despertado. Y tenía consigo todas sus pertenencias. La mochila pesaba aún igual que antes, por lo que cargaba allí sus pistolas. Y el camafeo aún le colgaba del pecho. No sentía ningún dolor en el cuerpo y podía mover los brazos, las piernas y hasta las alas con tranquilidad... aunque iba a necesitar limpiar las plumas. Vaya asco que daba. Ahora quería saber quién la había dejado en ese lugar tan asqueroso. ¿Era un basurero?
Fue entonces cuando escuchó una voz, la de alguien más que había quedado allí con ella. Y luego de mirar y escuchar, pudo notar que estaba allí Wyatt. Ignoraría a los marines por el momento, aunque al que había hablado le lanzó una mirada de desprecio que no había soltado nunca antes, casi rompiendo la apariencia de la niña bonita que llevaba con ella.
—¡Wyatt! ¡Wyatt...! Despierta, mi niño... ¿Estás bien? Mírate, todo sucio...ciertamente. —Vadeó entre la basura, aprovechando su ligero peso y luego levantando a su compañero en un abrazo maternal.
¿Qué habría pasado con el resto de sus amigos? ¿Dónde estarían? Tenía que encontrarlos. Pero primero se aseguraría de que el rubiecito hermoso estuviera bien. Lo revisó rápidamente y trató de incorporarlo. Y de paso buscarle si había algo que pudiera "cuidar por él"... unos berries sueltos o lo que fuera. y que sí, que no estaba del todo bien que le sacara cosas a sus amigos. Pero así era Yuuki. Y si la descubrían, simplemente se reiría y dejaría de andar de manos largas.
Abrió la mochila y sacó sus pistolas luego de ver que nada le había pasado a Wyatt. Y entonces le hablaría al chico y también a los tres marines que estaban con ella.
—No voy a recibir órdenes de la Marina. Mi amigo aquí y yo nos sabemos cuidar solos y bastante bien. —Suspiró y miró a su revólver, Quicksilver—. Pero estoy de acuerdo en que es una situación extraña. Imagino que ninguno sabe nada tampoco, ¿Verdad?
Las puntas de sus dedos rebotaban en un tamborileo incesante sobre el mango del revólver y se cubrió la boca y la nariz con el codo del brazo izquierdo. Reducía un poco el olor nauseabundo. Pero no podían quedarse allí mucho tiempo tampoco. Era asqueroso.
Había una persona con alas más allí, portando uniforme de la marina, además. Yuuki miró entonces de forma directa al que había hablado y que llevaba a otra marine contra su pecho. Y volvería a hablarle después de la pregunta que hizo antes.
—Estoy de acuerdo en que hay que salir de aquí. Imagino que tanto ustedes tres, como nosotros dos, tenemos amigos y personas importantes que pueden estar en algo similar. Aún así, sólo me importan mis amigos, no esperen nada más de mi, marines. Y te puedo apostar cien berries a que tu harás lo mismo.
Y dicho aquello, se movió a un punto alto entre las montañas de basura y echó una mirada a los alrededores. No había ventanas ni entradas o salidas distintas de aire... tan solo la puerta sencilla que estaba en la pared a la derecha de ella.
—Wyatt. Encontraremos a nuestros amigos. Saldremos de aquí y luego te prometo que vamos a tomar el mejor té de todos los Blues. Tendremos que colaborar con los marines un rato... pero eso será solo porque no podemos morirnos aquí sin saber qué le pasó a nuestros amigos. ¿De acuerdo? —Dijo finalmente girándose hacia el rubio y sonriéndole de la mejor forma que pudo, queriendo inspirarle confianza a su compañero.
Mientras estaba fuera de sí, recordaba aquella pelea en ese bar contra esa tripulación de piratas estafadores que se habían llevado una reliquia familiar muy importante... y donde también su hermano menor perdería la vida. El recuerdo era aún bastante claro como para recordar con detalle cada momento, incluso cuando recogió las pequeñas plumas negras que ahora llevaba consigo en aquél pequeño camafeo que se colgaba del cuello. Escuchaba la voz de su hermano menor llamándola a gritos y gritándole que se levantara, que aún no había encontrado el lugar que le había prometido, donde podrían ser realmente libres. Y en medio de esos gritos también podía escucharse a sí misma, como si estuviera llamándose para recuperar el control de sí misma y darlo todo por su sueño.
Recuperando la consciencia, lo primero que sentiría es el olor desagradable y asqueroso. Olía a todo lo malo que se pudiera imaginar y sus ojos finalmente pudieron ver la luz. Y desearía no haberlo hecho. ¿Qué estaba pasando allí? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era estar en la cubierta del ferry compartiendo el rato con Tocho Morocho y con Wyatt, quien le había ofrecido una chamarra para el frío justo antes de... eso. Y entonces se incorporó de golpe.
—¡Wyatt! ¡Tocho Morocho! ¿...D-dónde están..? ¿Donde... estoy?
La cabeza le dolió de inmediato. Se sentía que volvía a caer bajo el efecto de antes, el corazón le latía tan rápido que hasta parecía que se le iba a salir del pecho. Pero no tenía tiempo para ello. No podía dejarse atrapar de esa sensación. Había despertado. Y tenía consigo todas sus pertenencias. La mochila pesaba aún igual que antes, por lo que cargaba allí sus pistolas. Y el camafeo aún le colgaba del pecho. No sentía ningún dolor en el cuerpo y podía mover los brazos, las piernas y hasta las alas con tranquilidad... aunque iba a necesitar limpiar las plumas. Vaya asco que daba. Ahora quería saber quién la había dejado en ese lugar tan asqueroso. ¿Era un basurero?
Fue entonces cuando escuchó una voz, la de alguien más que había quedado allí con ella. Y luego de mirar y escuchar, pudo notar que estaba allí Wyatt. Ignoraría a los marines por el momento, aunque al que había hablado le lanzó una mirada de desprecio que no había soltado nunca antes, casi rompiendo la apariencia de la niña bonita que llevaba con ella.
—¡Wyatt! ¡Wyatt...! Despierta, mi niño... ¿Estás bien? Mírate, todo sucio...ciertamente. —Vadeó entre la basura, aprovechando su ligero peso y luego levantando a su compañero en un abrazo maternal.
¿Qué habría pasado con el resto de sus amigos? ¿Dónde estarían? Tenía que encontrarlos. Pero primero se aseguraría de que el rubiecito hermoso estuviera bien. Lo revisó rápidamente y trató de incorporarlo. Y de paso buscarle si había algo que pudiera "cuidar por él"... unos berries sueltos o lo que fuera. y que sí, que no estaba del todo bien que le sacara cosas a sus amigos. Pero así era Yuuki. Y si la descubrían, simplemente se reiría y dejaría de andar de manos largas.
Abrió la mochila y sacó sus pistolas luego de ver que nada le había pasado a Wyatt. Y entonces le hablaría al chico y también a los tres marines que estaban con ella.
—No voy a recibir órdenes de la Marina. Mi amigo aquí y yo nos sabemos cuidar solos y bastante bien. —Suspiró y miró a su revólver, Quicksilver—. Pero estoy de acuerdo en que es una situación extraña. Imagino que ninguno sabe nada tampoco, ¿Verdad?
Las puntas de sus dedos rebotaban en un tamborileo incesante sobre el mango del revólver y se cubrió la boca y la nariz con el codo del brazo izquierdo. Reducía un poco el olor nauseabundo. Pero no podían quedarse allí mucho tiempo tampoco. Era asqueroso.
Había una persona con alas más allí, portando uniforme de la marina, además. Yuuki miró entonces de forma directa al que había hablado y que llevaba a otra marine contra su pecho. Y volvería a hablarle después de la pregunta que hizo antes.
—Estoy de acuerdo en que hay que salir de aquí. Imagino que tanto ustedes tres, como nosotros dos, tenemos amigos y personas importantes que pueden estar en algo similar. Aún así, sólo me importan mis amigos, no esperen nada más de mi, marines. Y te puedo apostar cien berries a que tu harás lo mismo.
Y dicho aquello, se movió a un punto alto entre las montañas de basura y echó una mirada a los alrededores. No había ventanas ni entradas o salidas distintas de aire... tan solo la puerta sencilla que estaba en la pared a la derecha de ella.
—Wyatt. Encontraremos a nuestros amigos. Saldremos de aquí y luego te prometo que vamos a tomar el mejor té de todos los Blues. Tendremos que colaborar con los marines un rato... pero eso será solo porque no podemos morirnos aquí sin saber qué le pasó a nuestros amigos. ¿De acuerdo? —Dijo finalmente girándose hacia el rubio y sonriéndole de la mejor forma que pudo, queriendo inspirarle confianza a su compañero.
Combo de pollito frito con papas

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