[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2)
#4
[personajeinvalido=3367]

Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Poco a poco, lentamente, voy percatándome del único suave sonido que altera el silencio. Apenas soy consciente del movimiento de mis pestañas al abrirse. Espera, ¿las abrí? Parpadeo un par de veces, pero solo cuando abro por completo muy conscientemente los ojos me doy cuenta de que estoy en una habitación oscura que no reconozco.

Trato de incorporarme de inmediato, alarmada por todos los recuerdos que me trae de repente el corazón acelerado, pero apenas lo consigo. El brusco movimiento me hace darme cuenta de que todo el cuerpo me pesa como una losa al tiempo que un fuerte dolor de cabeza me nubla por un segundo los sentidos. Sin querer perder un instante en averiguar de si se trataba por el golpe de la caída o por otra cuestión, trato de apoyarme en los brazos para incorporarme con la espalda contra la fría pared, y es entonces cuando me doy cuenta de que estoy temblando.

Miro a mi alrededor, esperando ver en las otras figuras a los miembros de mi tripulación, pero la sangre se me hiela al reconocer los rostros de varios piratas. Un pensamiento se me viene de inmediato: el temor de que los piratas estuvieran aliados con los criminales de la isla Kutsukku. «¡¿Nos han atrapado?!».

Comienzo a hiperventilar, y es entonces cuando una fuerza metálica en el cuello no me permite hacerlo con normalidad. Mi mano viaja sola por instinto y toca un collar que inmediatamente me hace recordar a los que tanto me impactaron cuando los vi por primera vez en el cuello de un esclavo. «¡¿Nos han esclavizado?!».

Mil pensamientos me invaden a la vez, impidiéndome pensar con claridad. «Dimitri, Dimitri necesita las mentas, no puede estar en un lugar tan frío, eso no le hace bien». «Choi, ¿estará también sola? No tiene a Dravenia, no puedo dejar que se quede sola». «Shin y Kael discutieron en su última conversación importante, ¿y si no vuelven a verse? Y si… ¿no volvemos a vernos ninguno de nosotros?». Pero hay alguien más a quien temo no volver a ver.

«Ritsu». Mi maestro estuvo pagando hasta mis diez años una deuda que adquirió por recuperar los colgantes de mis padres tras su ejecución. Los mismos que tengo ahora mismo en el cuello, aferrándolos con los dedos. Eso es lo que siempre me contó, que la deuda se debía a los colgantes, pero no soy tonta. Eso sería caro, pero tal deuda no se adquiere solo por eso, y menos siendo que hasta entonces él había tenido bastante dinero. Jamás me lo confirmó, pero sé perfectamente que yo soy parte de esa deuda. Seguramente me compró porque quisieran venderme como esclava. ¿Qué otra cosa se iba a hacer con la hija de una pirata y un traidor de la Marina? Ritsu se moriría de la pena y la impotencia si pudiera verme ahora. Todos esos años de sacrificio, todos sus esfuerzos, para que la vida terminara colocándome en el lugar que debería de haber sido mi destino desde el principio.

«A ellos no, por favor...», se repite en mi mente como un mantra. «No importa si soy yo, pero ellos no, por favor...».

Mis músculos se tensan aún más al escuchar la primera voz, devolviéndome al presente.

Miyori… ¿está preguntando a los otros piratas si están bien? ¿También los han atacado? Solo entonces me fijo en que no soy la única que tiene el collar. ¡¿También ellos están atrapados?! Entonces, ¿quién…?

La voz de Kazan retumba en la sala. Dos piratas acaban de despertar y, en un momento de lucidez, me apresuro a desatarme el pañuelo que llevaba atado al cuello para intentar retrasar que me reconozcan como un miembro de la Marina, rezando para que ninguno de ellos lo haya notado antes en la oscuridad. Me lo meto rápidamente en el bolsillo derecho de la chaqueta, donde noto… ¡Carlos!

Saco alarmada mi Den Den Mushi, temiendo que pudiera haberse llevado algún golpe fatal, pero en cuanto lo veo y lo toco por todas partes suelto un inmenso suspiro de alivio. ¡Gracias a Dios! ¡Carlos está bien! ¡¿Eso significa que puedo contactar con los otros?!

¡Pero hay algo muy importante que debo hacer antes!

―No intentéis quitaros los collares ―advierto con el terror vibrando en la voz. Una voz que suena también algo ronca debido a todo el tiempo que había pasado en silencio. Toso un poco para tratar de arreglarlo, aunque lo primero sería imposible por el momento… Aún sigo temblando―. Parece que son collares de esclavos… Se utilizan para que no se escapen, así que no deberíamos intentar quitárnoslos a la fuerza o alejarnos demasiado. He oído que algunos han llegado a matar a gente… a veces incluso solamente porque al amo se le antojó. ―La voz se agravó al final de aquella frase al tiempo que mis puños se cerraron. Pocas cosas detestaba tanto como la esclavitud. ¿Cuántas personas no habrán sido torturadas, o peor, por culpa de instrumentos así y gente egoísta y cruel?

Siempre supe que vivir con algo así al cuello, sabiendo que un error o el capricho de otro podría llegar a matarte, era aterrador…, pero vivirlo es indescriptible. Mi mirada paseó entre la de mis compañeros de infortunio, y un pensamiento se me hizo inevitable: ellos debían de estar tan asustados como yo. Y, aun así, el primer pensamiento de Miyori fue preocuparse por los demás. «Ella también es una buena persona», igual que Kazan lo era, a juzgar por la opinión de Shin. Aún tendría que analizar a la otra gyojin, pero dos de tres ya sería más de lo que habría podido pedir… En cualquier caso, estoy segura de que todos tenemos seres queridos que nos esperan, con los que queremos regresar y a los que queremos averiguar si les ha ocurrido algo malo… Todos tenemos gente a la que queremos proteger.

―Chicos, hay una cosa rara… ―Tengo conmigo a Carlos, pero también la arma en la cintura. También siento la pequeña mochila en la que llevaba un aperitivo. Mientras me coloco trabajosamente en pie, apoyándome en la pared, continúo hablando―. No nos han desarmado ni nos han quitado nuestras cosas ―comento, por si no se hubieran dado cuenta―. Tengo mi katana, y también… ¡mi Den Den Mushi! ―anuncio con voz esperanzada, ignorando que me temblaban las piernas, sacándolo y colocándolo ante mí, sin estar muy segura de si ellos lo verían bien en la oscuridad―. Den Den Mushi, contacta con cualquiera de nuestros compañeros, por favor… ―Espero con el corazón latiéndome a mil por hora y un mantra infinito en mi interior: «por favor, por favor, por favor, por favor, por favor...». Ruido blanco―. ¡Inténtalo otra vez! ¡Inténtalo con otro!

La desesperación fue evidente, pero el caracol se limita a cerrar la boca y volver a abrirla durante varios segundos, una y otra vez. Ruido blanco… Ruido blanco… Ruido blanco… Ruido blanco… Finalmente suspiro, dándome por vencida.

―Está bien… Supongo que no tenía sentido que me lo dejaran si pudiera hacer su trabajo… Perdona por haberte hablado así, no era mi intención… ―me disculpo con mi Mushi Mushi antes de darle un besito en su concha y volver a guardármelo en el bolsillo con cariño y cuidado. Entonces, miro nuevamente a nuestros compañeros de prisión―. Si también nos han dejado las armas, es porque claramente no les importa que las tengamos… Quizás sean inútiles a lo que sea que nos enfrentamos… Aun así, por si se equivocan… ¿os importaría… comentar cuáles tenéis vosotros? ―Después de todo, yo ya había dicho la mía como muestra de buena voluntad, esperando que lo entendieran como un ofrecimiento de trabajo en equipo… En caso de que ya me hubieran reconocido como Marine, lógicamente tendría que ser yo la que diera los primeros pasos si pretendo ganarme su confianza como para que podamos trabajar juntos para salir de aquí…

Es en ese momento cuando, observándolos, me percato de algo en el collar de la pelirroja, que es la que está más cerca de mí.

―Espera… Creo que he visto algo en tu collar ―explico, acercándome un paso, inclinándome un poco hacia ella―. ¿Me permites…? ―Si me daba permiso, me acercaría un poco más, pero procuraría que fuera solamente lo imprescindible―. Parece… un número. Cero, cero, siete, uno, cinco… ¿Tenemos todos uno?

Me acerqué a los otros dos para decirles los suyos: el de Kazan era 00000, y el de Melly 00838. No sabía si podía ser importante, pero por las dudas…

―¿Puede alguien decirme el mío, por favor? ―Después de todo, es imposible que pueda ver mi propio collar...

Tic, tac, tic, tac…

Mientras nos concentrábamos para ver mejor los números, se hizo el silencio que permitió volver a escucharlo. «Entonces, ¡¿no lo he soñado?!».

―Esperad, esperad, ¿oís eso? ―Yo sí. Tic, tac, tic, tac… Muy bajito, pero cerca…―. Creo… Creo que viene… ¿del collar? ―Si la voz ya me vibraba hasta ese momento, ahora lo hace un poco más―. ¿Alguien más lo oye? ¿Me equivoco?

No, no me equivoco, pero me asustaría ser la única que lo escuchara, porque podrían pensar que estoy mintiendo. Sobre todo, por lo que puede implicar. ¡Esto no me gusta! ¡No me gusta nada de nada!

―
Vale, ¡tenemos que salir de aquí! ―insto mientras a paso ligero (todo lo ligero que me permiten unas piernas aún temblorosas) hasta la única entrada y salida que parece haber en la sala. Mientras lo hago, aprovecho para cerrar bien mi chaqueta, con los colgantes de mis padres bien ocultos y seguros debajo. «Qué frío...»―. Voy a ver si puedo ver algo por la rendija o si escucho algo al otro lado…

Y, efectivamente, eso hago. Cuando llego, me arrodillo ante la puerta, quedando paralela a ella, para intentar mirar por la fina rendija que hay debajo. De ese modo, también mi oreja queda casi pegada a la puerta, por lo que intentaría escuchar lo que sea que hubiera al otro lado.

Saldríamos de aquí. Todos juntos. Aunque me fuera la vida en ello.


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2) - por Nyra Kuroshiro - 21-03-2026, 08:24 PM

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