21-03-2026, 03:27 PM
(Última modificación: 21-03-2026, 03:42 PM por Sigrid Birkisson.)
[personajeinvalido=3367]
El mundo regresó de golpe, como si alguien la hubiera arrojado otra vez dentro de su propio cuerpo sin previo aviso. El aire entró a sus pulmones de manera brusca, desordenada, y su pecho se elevó con violencia mientras su corazón golpeaba contra sus costillas con una fuerza descontrolada, demasiado rápido, demasiado fuerte, como si intentara escapar. Sigrid abrió los ojos poco a poco, pero no encontró claridad inmediata, solo una sensación densa, pesada, un miedo que no entendía. No era miedo a un enemigo visible, ni a una herida, ni siquiera a la muerte. Era algo más profundo, más primitivo, algo que le decía, sin palabras, que había algo por encima de ella algo que no podía enfrentar.
Apretó los dientes, intentando forzarse a respirar con normalidad. —Nnh— un sonido bajo escapó de su garganta, más por frustración que por dolor. Aquello se sentía como despertar después de una noche bebiendo lo peor que existía, con la cabeza latiendo y el cuerpo pesado pero multiplicado por diez. Sus manos buscaron apoyo y logró incorporarse a medias, temblorosa, torpe, como si su propio cuerpo no respondiera del todo a sus órdenes.
La oscuridad la envolvía, así que parpadeó varias veces hasta que sus ojos comenzaron a adaptarse, captando formas difusas, sombras, líneas que poco a poco se definían. No estaba en cubierta, eso lo supo de inmediato, el aire era más cerrado, más denso, y el espacio, el espacio era demasiado bajo. Sigrid intentó ponerse completamente de pie, pero su cabeza chocó con algo sólido. —Tch, por el martillo de thor— frunció el ceño, llevándose una mano al casco. No podía erguirse del todo. El techo estaba demasiado cerca, obligándola a encorvarse ligeramente, algo que para alguien de su tamaño resultaba incómodo, casi antinatural.
Respiró hondo otra vez, aunque el corazón seguía acelerado, negándose a calmarse. —¿Qué fue eso? — murmuró en voz baja, más para sí misma que para nadie más. Sus piernas dudaron un segundo antes de sostenerla con firmeza. No quería moverse, no todavía. Ese segundo antes ahí, pegado a sus huesos como una sombra que no se iba, pero Sigrid apretó los puños y obligó a su cuerpo a responder. La voz de Juan rompió aquella presión invisible que aún le oprimía el pecho, como si alguien hubiera abierto una pequeña grieta en medio de un peso insoportable. Sigrid alzó la cabeza de inmediato, buscando el origen de ese sonido familiar, y por primera vez desde que despertó, el aire pareció entrarle un poco mejor, no era calma, pero sí un alivio real.
—¿Estamos en el Valhalla?— soltó casi sin pensarlo, la voz aún áspera, descolocada, con esa mezcla extraña entre confusión y esperanza que no encajaba del todo con su tamaño ni con su carácter, pero no hubo respuesta para ella. Sus ojos terminaron de ajustarse a la penumbra justo a tiempo para ver a Juan hablando con civiles y entonces negó levemente con la cabeza, soltando el aire por la nariz. —No— murmuró para sí misma, más centrada ahora. —Si fuera el Valhalla, ya habría bebida y pelea.— Se apoyó contra una de las paredes, aún ligeramente encorvada por el techo bajo, pasando una mano por su rostro mientras el corazón comenzaba, poco a poco, a desacelerar. El miedo seguía ahí, clavado en el fondo, como una espina que no podía sacarse, pero al menos ya no la paralizaba.
Miró de reojo a los civiles, luego a Juan, y finalmente al entorno en el que se encontraban y sobre todo pese a su torpeza se dio cuenta que todos tenían un collar, por lo que palpó su cuello y allí también se encontraba uno, de metal, pesado, incomodo, —¿Ahora somos esclavos, Juan? — dijo en voz baja, esta vez ya no para sí misma, sino dejando que sus palabras flotaran lo suficiente como para que alguien cercano pudiera oírlas. —Ni siquiera en el North Blue sentí algo así. — Sus manos se cerraron lentamente en puños otra vez, no por agresividad, sino por necesidad de afirmarse.
Sigrid escuchó el plan sin interrumpir, todavía con el eco de aquel miedo extraño recorriéndole el cuerpo como un recuerdo que no terminaba de irse. No le gustaba del todo, era directo, simple pero efectivo y en situaciones como esa, encerrados, sin saber exactamente dónde estaban ni quién tenía el control, no había mucho espacio para estrategias complicadas. Se movió entonces, pesada pero silenciosa dentro de lo posible para alguien de su tamaño, colocándose en el lado opuesto de la puerta respecto a Juan. Su espalda rozó la pared, obligada a encorvarse un poco por el techo bajo, pero su postura se ajustó rápido, pies firmes, rodillas ligeramente flexionadas, hombros listos para descargar fuerza en cualquier dirección.
Sus dedos se abrieron y cerraron lentamente, como probando la tensión en sus propios músculos. —Si entra alguien— murmuró en voz baja, apenas un hilo de voz que no rompía el silencio del cuarto, —no lo dejaremos hablar demasiado.— Sus ojos se fijaron en la puerta, sin parpadear más de lo necesario. El recuerdo de aquella presencia seguía ahí, clavado en lo profundo, pero ahora estaba contenido, transformado en una alerta constante que la hacía aún más consciente de todo.
El mundo regresó de golpe, como si alguien la hubiera arrojado otra vez dentro de su propio cuerpo sin previo aviso. El aire entró a sus pulmones de manera brusca, desordenada, y su pecho se elevó con violencia mientras su corazón golpeaba contra sus costillas con una fuerza descontrolada, demasiado rápido, demasiado fuerte, como si intentara escapar. Sigrid abrió los ojos poco a poco, pero no encontró claridad inmediata, solo una sensación densa, pesada, un miedo que no entendía. No era miedo a un enemigo visible, ni a una herida, ni siquiera a la muerte. Era algo más profundo, más primitivo, algo que le decía, sin palabras, que había algo por encima de ella algo que no podía enfrentar.
Apretó los dientes, intentando forzarse a respirar con normalidad. —Nnh— un sonido bajo escapó de su garganta, más por frustración que por dolor. Aquello se sentía como despertar después de una noche bebiendo lo peor que existía, con la cabeza latiendo y el cuerpo pesado pero multiplicado por diez. Sus manos buscaron apoyo y logró incorporarse a medias, temblorosa, torpe, como si su propio cuerpo no respondiera del todo a sus órdenes.
La oscuridad la envolvía, así que parpadeó varias veces hasta que sus ojos comenzaron a adaptarse, captando formas difusas, sombras, líneas que poco a poco se definían. No estaba en cubierta, eso lo supo de inmediato, el aire era más cerrado, más denso, y el espacio, el espacio era demasiado bajo. Sigrid intentó ponerse completamente de pie, pero su cabeza chocó con algo sólido. —Tch, por el martillo de thor— frunció el ceño, llevándose una mano al casco. No podía erguirse del todo. El techo estaba demasiado cerca, obligándola a encorvarse ligeramente, algo que para alguien de su tamaño resultaba incómodo, casi antinatural.
Respiró hondo otra vez, aunque el corazón seguía acelerado, negándose a calmarse. —¿Qué fue eso? — murmuró en voz baja, más para sí misma que para nadie más. Sus piernas dudaron un segundo antes de sostenerla con firmeza. No quería moverse, no todavía. Ese segundo antes ahí, pegado a sus huesos como una sombra que no se iba, pero Sigrid apretó los puños y obligó a su cuerpo a responder. La voz de Juan rompió aquella presión invisible que aún le oprimía el pecho, como si alguien hubiera abierto una pequeña grieta en medio de un peso insoportable. Sigrid alzó la cabeza de inmediato, buscando el origen de ese sonido familiar, y por primera vez desde que despertó, el aire pareció entrarle un poco mejor, no era calma, pero sí un alivio real.
—¿Estamos en el Valhalla?— soltó casi sin pensarlo, la voz aún áspera, descolocada, con esa mezcla extraña entre confusión y esperanza que no encajaba del todo con su tamaño ni con su carácter, pero no hubo respuesta para ella. Sus ojos terminaron de ajustarse a la penumbra justo a tiempo para ver a Juan hablando con civiles y entonces negó levemente con la cabeza, soltando el aire por la nariz. —No— murmuró para sí misma, más centrada ahora. —Si fuera el Valhalla, ya habría bebida y pelea.— Se apoyó contra una de las paredes, aún ligeramente encorvada por el techo bajo, pasando una mano por su rostro mientras el corazón comenzaba, poco a poco, a desacelerar. El miedo seguía ahí, clavado en el fondo, como una espina que no podía sacarse, pero al menos ya no la paralizaba.
Miró de reojo a los civiles, luego a Juan, y finalmente al entorno en el que se encontraban y sobre todo pese a su torpeza se dio cuenta que todos tenían un collar, por lo que palpó su cuello y allí también se encontraba uno, de metal, pesado, incomodo, —¿Ahora somos esclavos, Juan? — dijo en voz baja, esta vez ya no para sí misma, sino dejando que sus palabras flotaran lo suficiente como para que alguien cercano pudiera oírlas. —Ni siquiera en el North Blue sentí algo así. — Sus manos se cerraron lentamente en puños otra vez, no por agresividad, sino por necesidad de afirmarse.
Sigrid escuchó el plan sin interrumpir, todavía con el eco de aquel miedo extraño recorriéndole el cuerpo como un recuerdo que no terminaba de irse. No le gustaba del todo, era directo, simple pero efectivo y en situaciones como esa, encerrados, sin saber exactamente dónde estaban ni quién tenía el control, no había mucho espacio para estrategias complicadas. Se movió entonces, pesada pero silenciosa dentro de lo posible para alguien de su tamaño, colocándose en el lado opuesto de la puerta respecto a Juan. Su espalda rozó la pared, obligada a encorvarse un poco por el techo bajo, pero su postura se ajustó rápido, pies firmes, rodillas ligeramente flexionadas, hombros listos para descargar fuerza en cualquier dirección.
Sus dedos se abrieron y cerraron lentamente, como probando la tensión en sus propios músculos. —Si entra alguien— murmuró en voz baja, apenas un hilo de voz que no rompía el silencio del cuarto, —no lo dejaremos hablar demasiado.— Sus ojos se fijaron en la puerta, sin parpadear más de lo necesario. El recuerdo de aquella presencia seguía ahí, clavado en lo profundo, pero ahora estaba contenido, transformado en una alerta constante que la hacía aún más consciente de todo.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
