21-03-2026, 06:14 AM
(Última modificación: 21-03-2026, 06:46 AM por Tezca Norova.)
[personajeinvalido=3367]
¿Es verdad? ¿Si miras a la oscuridad la oscuridad te regresa la mirada? ¿Qué hay en su mirada si no es más que oscuridad? Desde que podía percibir la oscuridad del momento, significaba que aquel profundo fin llegaba a su fin. En la desesperación del cuerpo recuperé consciencia, abriendo los ojos como quien de un mal sueño despierta y mi mano fue directamente a tocar el gran colgante que yacía contra mi pecho: Frío, más frio de lo que esperaba de aquel metal ¿O era yo el del problema? Todo se hundía en un frio sepulcral ¿Es que realmente era frio? Mi corazón latía tan rápido y la duda me carcomía por dentro: Sentimientos tan extraños, sentimientos que no experimentaba desde hace tanto tiempo que parecía otra existencia. Era miedo ¿miedo? Como es que yo, aquel que derrocará al gobierno, aquel que acabará con sus enemigos y aquel que sin chistar logra lo más extraordinario pudiera sentir miedo. Miedo, de todos los sentimientos que el hombre tiene.
Pero la verdad era ciertamente innegable, un sentido de supervivencia más que anda, una reminiscencia de mi propia naturaleza como humano y me iba a imponer a esta mierda. Me levanté observando tal lúgubre escenario entre la oscuridad y la tenue luz que expiaba por una ligera rendija. Aún así, lo primero que hice fue reconocer a mi compañero: Barald. Mirando al espadachín intentando disimular mi… nervioso estado. —¿Dónde están los demás? ¿Qué ha pasado? ¿Qué mierda es esto? Nos jodieron ¿me entiendes? Habrá que- El mundo se volvió más claro, solo un poco más y mi mente registró a los otros dos hombres… La situación siempre podía ser más lamentable.
Marines. Aquel traje les delataba.
Marines con algo en el cuello ¿un collar de esclavitud? Sentí el peso en mi cuello. carajo, la situación podía ser más lamentable.
Ni siquiera pude sonreír ante el comentario del peliblanco, sin duda era una situación completamente desfavorable. Recogí mi lanza del suelo, bajando el filo para no escalar la situación, con esta maldita cosa en el cuello prefería no moverme demasiado. —Marines... ¿Nos han encerrado con los perros del gobierno? ¿Hemos caído tan bajo, amigo? — Eso si me hizo sonreír con la espesa amargura que el momento nos brindaba, claramente me estaba provocando y no pretendía demostrarle que eso había funcionado para encabronarme así que me limite a rodar los ojos y comentar por lo bajo, pero esperando que lo escuchara. —Pronto lo sabrás…— ¿Era una amenaza? Más bien una advertencia, mirándolo por el costado con una sonrisa encantadora que no duró lo suficiente. Las paredes parecían oscurecerse, la puerta parecía burlarse, ni siquiera deseaba probar suerte en abrirla pero mi vista subió hasta el techo y los lados en un vano intento de calmar mi alterado estado y encontrar una salida, hasta que escuché al marine otra vez hablar: Al menos ahora podía decir que el uniformado tenía nombre y como olvidaba el nombre del que parecía ser su segundo al mando.
No podía ser verdad.
Caminé a la pared frente a la puerta, apoyándome contra esta, soportando parte de mi peso contra el tridente. No podía ser que estaba considerando el ladrar del peliblanco ¿Cooperar con marines? Prefería morderme la mano, pero ¿Y si no lo hacía? Teníamos que buscar la forma de salir antes de que el que fuera que nos hubiera secuestrado llegara. Llegué a considerar por un segundo que fuera obra del mismo gobierno, pero la descarté ¿Por qué mierda encerrarían a dos marines en el mismo espacio? ¿Para vigilarnos? No, todos portábamos los mismos collares de esclavitud.
A regañadientes suspiré, mirando a los hombres desde mi posición, cerrando los ojos en un intento de intentar calmar el latir de mi corazón, maldita sea ¿Por qué no podía controlarme? —…Apréndanselo bien, perros del gobierno ¡Soy Tezca Norova! Capitán y dios supremo de los Hanu Mahana, comerciante experto del south blue y el legendario amante del mar ¿me entiendes? Y no voy a lastimarlos si son buenos y buscamos una salida. — Ja. Eso me había subido el animo ¿Qué mentira? De mis labios solo salía la verdad. —Si nos quieren para esclavitud no nos dejarán morir, podríamos esperar a que alguien venga a alimentarnos y emboscarlo… La puerta no parece tener cerradura así que forzarla podría solo cansarlo… A menos que empujemos todos… No, el espacio no es suficiente. — Pensé en voz alta, observando a los marines antes de regresar a mi compañero —¿No es que los marines deben ayudar a la población o algo así? ¿Te sientes ayudado? Yo me siento poco ayudado. —
Metí la mano izquierda en el bolsillo y mis dedos rozaron el caracol que aún llevaba conmigo. Lo saqué con cuidado, observándolo como quien acaba de redescubrir un pequeño tesoro. —Jackpot… Espera, llamaré al ca- navegante — Llevé el caracol cerca, indicándole que contactara a Ryota. Pero la línea nunca llegó. En lugar de la voz del capitán, solo un ruido blanco se filtró, constante, vacío. Chasqueé la lengua, maldiciendo por lo bajo antes de guardar el caracol.
Resumen
Karmas
Posicionamiento
Estados
Inventario

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